Un nene de 9 años pedal a pedal en Sarmiento: lo que hizo en Santiago del Estero dejó a todos hablando
Un nene de 9 años se sube a la bici todos los días en Sarmiento y ya compite contra los mejores del país. Lo que logró en Santiago del Estero lo puso en boca de todos, pero el dato que explica su presente no está en las medallas.
Se llama Amir Di Carlo, tiene 9 años y vive en Sarmiento. Mientras la mayoría de los chicos de su edad recién empieza a elegir un deporte, él ya se armó una rutina de entrenamiento diaria que incluye sesiones de dos horas y unos 20 kilómetros recorridos. Su historia arrancó con una bicicleta que le compró su papá y unas rueditas que dejó atrás a los 2 años.
"Empecé a andar ahí por mi cuadra", contó el pequeño en una charla con Leopoldo Quiroga, periodista sarmientino. Desde entonces, la bici se volvió el centro de sus días: entrena todos los días, o casi, y sale a rodar por distintos puntos del departamento, siempre con la familia cerca.
Los resultados que empezaron a llegar
El esfuerzo tuvo recompensa rápida. El 30 de agosto se quedó con el "Petit Torneo", organizado por la subcomisión del Pedal Club Caucete, una competencia de cuatro fechas en la que representó a Sarmiento y mostró parte de ese talento que viene construyendo desde chico.
Pocos días después llegó un desafío más grande: el Nacional de Ciclismo Infanto-Juvenil en Quimilí, Santiago del Estero. Ahí volvió a subir a lo más alto del podio. Antes había sido segundo en Jáchal, tercero en Catamarca y segundo en Chaco.
En su categoría compiten alrededor de diez u once corredores. Amir ya tiene identificado a uno de sus principales rivales, un ciclista de Catamarca que suele mantenerse cerca en las clasificaciones. Pero el sanjuanino afronta cada fecha con la misma premisa: "Hacer todo para quedar puntero".
Un nene que sigue siendo nene
Detrás de las medallas y las camisetas hay un chico que va todas las tardes a la escuela, cursa cuarto grado y asegura que le gustan todas las materias. La bicicleta ocupa buena parte de sus días, pero no desplazó lo que también forma parte de su crecimiento.
Cuando se le pregunta por qué empezó a correr, la respuesta vuelve a ser sencilla: fue por su papá, por una bicicleta y por aquellas primeras vueltas con rueditas alrededor de su casa. Un puñado de años después, esas vueltas lo llevaron mucho más lejos: desde las calles de Sarmiento hasta lo más alto del ciclismo infantil argentino.