Un niño de 11 años terminó consolando a su madre tras un insulto racista en una cancha de Tucumán

¿Qué pasó en el complejo Natalio Mirkin que dejó a un nene de 11 años al borde de las lágrimas? La madre de un jugador de Atlético denuncia un insulto racista y la reacción de los adultos presentes.

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Un niño de 11 años terminó consolando a su madre tras un insulto racista en una cancha de Tucumán
Un niño de 11 años terminó consolando a su madre tras un insulto racista en una cancha de Tucumán

Lo que prometía ser una tarde de fútbol juvenil en el complejo Natalio Mirkin se convirtió en una escena que ningún chico debería vivir. Un jugador de las inferiores de Atlético Tucumán, Abdul Ndiaye, de apenas 11 años, fue blanco de insultos racistas durante un partido contra San Martín, según denunció su madre, Sofía.

¿Qué pasó en el partido?

El episodio ocurrió cuando el joven delantero falló una oportunidad de gol. En lugar de un reproche deportivo, desde la tribuna comenzaron a llover agravios. Sofía asegura que una mujer profirió “un insulto racista vinculado a su color de piel”.

Cuando la madre reclamó, la respuesta fue, según su relato, una justificación insólita: la agresora habría dicho que usa esa palabra también para referirse a su propio hijo. La discusión escaló y otros adultos se sumaron al conflicto.

La reacción del niño

Abdul escuchó parte de los insultos y quedó visiblemente afectado. Su madre lo describió como “emocionalmente frágil” y contó que estuvo a punto de quebrarse. Sin embargo, en un gesto que conmueve por su madurez, el nene intentó calmarla y le pidió irse del lugar. “Los que me critican son mis fans”, le dijo, comparándose con Vinicius Jr., el futbolista brasileño que también sufrió racismo en Europa.

¿Qué hicieron los clubes?

En medio de la disputa, el coordinador de Atlético Tucumán, Víctor Jiménez, intervino para apaciguar los ánimos y prometió informar a la dirigencia. El personal de seguridad les pidió a Sofía y a Abdul que se retiraran del predio. Más tarde, Carlos Aguirre, representante de San Martín, se comunicó con la madre y le ofreció formalizar la denuncia por escrito.

Hasta ahora, la familia no recibió una disculpa formal por parte de San Martín. Ese silencio, dicen, agrava la sensación de desamparo. No se trata solo de un episodio aislado, sino de la falta de respuestas institucionales ante agresiones que dañan la dignidad de un menor.

Un problema que va más allá de la cancha

El fútbol infantil debería ser un espacio de aprendizaje y formación, no un lugar donde se naturalicen insultos racistas. Que un nene de 11 años reciba semejante agresión en un partido es una derrota ética para todos los que participan de la actividad.

El caso evidencia varias fallas: la permisividad de ciertos entornos, la reacción insuficiente de quienes deben proteger a los chicos y la ausencia de una política clara y contundente contra la discriminación en las canchas. Mientras no haya sanciones visibles y medidas educativas sostenidas, el riesgo de que esto se repita seguirá latente.

Las instituciones involucradas —San Martín, Atlético Tucumán y los organizadores de las competencias de inferiores— tienen la obligación moral y funcional de investigar, sancionar y prevenir estos hechos. No alcanza con gestos retóricos: se necesitan protocolos claros, sanciones efectivas y programas educativos para que el fútbol infantil no se convierta en un escenario de vergüenza.

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