Un padre y su hijo se encontraron en el infierno de Malvinas: lo que pasó después nadie lo contó

En medio de los bombardeos y la muerte, dos padres arriesgaron todo para estar junto a sus hijos. ¿Qué pasó cuando la guerra terminó y cómo sobrevivieron al infierno que los marcó para siempre?

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Un padre y su hijo se encontraron en el infierno de Malvinas: lo que pasó después nadie lo contó

Dos historias de padres e hijos que se cruzaron en medio de la guerra de Malvinas revelan encuentros imposibles, pérdidas devastadoras y un legado de dolor que perdura décadas después. Lucio Galarza y su padre, ambos llamados igual, coincidieron en las islas durante el conflicto, mientras que José Daniel Vargas recibió la visita sorpresa de su padre, quien se ofreció como voluntario. Sus relatos muestran el lado humano de una guerra que marcó a generaciones.

Lucio Galarza, el hijo, fue destinado al Batallón de Infantería de Marina 5 de Río Grande como conscripto camillero. Su padre, sargento primero del arma de sanidad del Ejército, tenía 40 años y servía con el regimiento 4 de Monte Caseros en Monte Kent. A pesar de estar en unidades diferentes, el padre decidió buscar a su hijo cuando supo que el BIM 5 también estaba en las islas.

¿Cómo fue el reencuentro en medio de la guerra?

Lucio recuerda que no lo había visto venir, que apareció caminando a sus espaldas. Al verlo, dejó su fusil, corrió hacia él y se abrazaron. Se sentaron en una piedra, no se separaban y lloraron. La conversación giró en torno a la comida, pero se interrumpió por una alerta roja que indicaba un ataque de la aviación británica. Antes de irse, Lucio ubicó dónde estaba su padre, al sur de su posición.

Durante los intensos bombardeos británicos sobre Tumbledown, Lucio le pidió al capitán de fragata Carlos Robacio, comandante del BIM 5, ir a combatir con el regimiento 4 para morir con su padre, pero no lo autorizaron. Cuando el ataque cesó, le permitieron ir a verlo por un par de horas, arreglando un punto de encuentro por radio. Al volver, se dio cuenta de que había cruzado un campo minado, tanto de ida como de vuelta.

¿Qué pasó durante los combates finales?

Lucio fue uno de los que no escuchó la orden de repliegue en el infierno de Tumbledown. En sus brazos murió su compañero, el soldado Diego Ferreira, después de que una bomba le estallara de pleno en el pozo de zorro en el que estaba. Un suboficial le advirtió que el correntino oriundo de Santa Lucía ya había fallecido. Tiempo después, Lucio fue al pueblo a contarle a la familia cómo había muerto, pero no encontró a nadie.

Mientras ayudaba en la evacuación de los heridos y adaptaban un Land Rover como ambulancia, Lucio fue hecho prisionero por los ingleses. Lo obligaron a tirarse boca abajo y lo revisaron, bajo vigilancia de un grupo de gurkas. Ignoraba entonces que su padre había sido herido por fuego de artillería argentino, cuando se barrió una zona para frenar el avance inglés.

¿Cómo terminó la guerra para los Galarza?

Lucio fue embarcado en el Irízar que hizo puerto en Ushuaia y luego llevado al cuartel del BIM 5 en Río Grande. Llamó a una vecina para que avisara a su familia que estaba bien y se reencontró con su padre, quien había sido trasladado al continente en el buque Uganda, operado por los ingleses e internado en el Hospital Militar.

La posguerra fue dura para los Galarza. A los seis meses, su mamá Catalina de Sena falleció luego de dar a luz a una nena. El padre no quería hablar de Malvinas y a los 57 años se quitó la vida en 1996, dejando ocho hijos y muchas preguntas sin respuesta. Lucio, que nació en Monte Caseros, no quiere volver a Malvinas, pero recuerda con amargura su casco con la cruz roja pintada y sus datos escritos en birome por si lo mataban.

¿Y la otra historia de padre e hijo?

José Orlando Vargas era un chileno que trabajaba como estibador en Comodoro Rivadavia cuando su hijo José Daniel fue incorporado al Regimiento de Infantería 25 y enviado a la guerra con el Grupo de Cañones y Morteros de la compañía B. Un día, le avisaron que su padre lo esperaba en el puerto, después de ofrecerse como voluntario para tareas de carga y descarga.

“Papá, ¿por qué viniste?”. “Porque no quería dejarte solo”, respondió el hombre. El padre, que falleció en 2015 a los 84 años, había enseñado a su hijo el camino del trabajo duro desde niño. Justo el 1 de mayo, cuando comenzaron los bombardeos ingleses, era el cumpleaños de José. “Tiran cohetes por mí”, repetía.

La madre, María del Tránsito Ojeda, no sabía que su esposo se había anotado como voluntario y no tenía noticias de su hijo. Mientras duró la guerra, los patrones de José le llevaban el sueldo a la mujer. José volvió con pie de trinchera, formó una familia y tiene cinco hijos y cinco nietos, una de las cuales se llama Malvina.

Estas son solo dos de las historias de padres e hijos que coincidieron en la guerra de Malvinas, reafirmando que el fruto no cae lejos del árbol.

Galarza bim 5 en Moody Brook recién llegados
Galarza es el primero, rodilla a tierra, a la izquierda. Está con sus compañeros del BIM 5 en Moody Brook, recién llegados.

Galarza puesto de sanidad
El puesto de sanidad que ocupaba Galarza con los camilleros del BIM 5.

La batalla de Tumbledown, y el infierno que veía el hijo de Galarza (Cuadro de Steve Noon)
La batalla de Tumbledown, y el infierno que veía el hijo de Galarza.

Vargas con su papá
El soldado Vargas con su papá, quien fue voluntario para colaborar en tareas de carga y descarga en Puerto Argentino.

Vargas con sus compañeros identificados
Un tesoro que guarda Vargas: la foto con sus compañeros cuando juraron a la bandera.

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