Un portón abierto, una madre a la que frenaron y un nene de 6 años que apareció sin vida: la indignante secuencia en la planta de EPAS
Un nene de 6 años murió en un piletón de la planta de EPAS. Denuncian que el portón estaba abierto y que frenaron a la madre. ¿Qué pasó con la seguridad?
La muerte de Tahiel, el nene de 6 años hallado sin vida en un piletón de la planta Tronador del EPAS, destapó una ola de bronca en el barrio Confluencia. Los vecinos apuntan contra la seguridad del predio y exigen respuestas que hasta ahora no llegan.
Una vecina llamada Paulina contó en declaraciones radiales que el portón principal del complejo habría estado abierto cuando el chico entró. Según los testimonios, Tahiel, que tenía autismo, desapareció cerca de las 18:30 de la casa de su abuelo, sobre calle Monte Hermoso.
El predio de EPAS es una planta operativa con piletas de tratamiento cloacal que, denuncian los residentes, tendrían hasta 4 metros de profundidad. Un detalle que enciende todas las alarmas sobre el resguardo del lugar.
Los minutos que marcaron la diferencia
Apenas se dieron cuenta de que el nene no estaba, familiares, vecinos y allegados armaron un rastrillaje por la zona. La búsqueda se concentró en el complejo después de que circulara el dato de que Tahiel había corrido para ese lado.
Pero acá aparece otra denuncia que duele: la familia asegura que el personal de seguridad privada del predio obstaculizó el ingreso de la madre durante los primeros minutos del rastrillaje, justo cuando cada segundo era clave.
Recién cuando lograron entrar, los propios allegados vieron el calzado del nene flotando en una de las piletas. A partir de ahí, todo fue tensión y desesperación.
El operativo que conmocionó a todo el barrio
Bomberos de la Provincia del Neuquén tuvieron que hacer tareas de desagote para recuperar el cuerpo del menor. La escena dejó a decenas de personas que participaron de la búsqueda en estado de shock.
Ahora, la bronca se transformó en un reclamo concreto: los vecinos quieren saber qué pasó con los portones, si había vigilancia real, cómo eran los protocolos de acceso y si las cámaras del predio funcionaban.
La muerte de Tahiel no es un caso cerrado. Es una herida abierta que obliga a revisar cómo se cuidan estos espacios de alto riesgo, para que una tragedia así no vuelva a pasar.