Un problema inesperado obliga a la tripulación del Artemis II a cambiar sus planes a bordo
¿Cómo enfrentan los astronautas un inconveniente crítico a bordo de la nave Orión? Los detalles de la falla que cambió la rutina de la misión y lo que significa para el futuro espacial.
La NASA ordenó a los cuatro astronautas de la misión Artemis II que suspendieran el uso del inodoro de la nave Orión tras detectar una falla recurrente. La indicación, transmitida desde el Centro Espacial de Houston, los obligó a depender de soluciones alternativas para el manejo de residuos mientras los equipos en Tierra investigaban el origen del malfuncionamiento.
Jenny Gibbons, el nexo con la nave en Houston, comunicó la orden y recomendó “utilizar los urinarios de contingencia plegables”. El problema afecta un área crítica: el baño fue valorado en unos USD 23 millones, subrayando la importancia del saneamiento en misiones de larga duración.
Según el portavoz Gary Jordan, en las primeras horas el ventilador del retrete quedó trabado, requiriendo intervención remota del control terrestre. Los ingenieros pasaron instrucciones detalladas para que Christina Koch realizara una reparación paliativa; aunque el inodoro volvió a funcionar temporalmente, la falla reapareció días después.
¿Qué causó el malfuncionamiento?
Judd Frieling, director de vuelo de Artemis II, explicó que “es un problema con la evacuación de los residuos del inodoro” y planteó que “probablemente tenemos orina congelada en la línea de ventilación”. Este diagnóstico enfatizó los desafíos de operar en condiciones fuera de la órbita baja.
Además del problema del sanitario, la comandante Christina Koch informó sobre “una especie de olor a calentador quemado” en el compartimiento de higiene, percepción que Jeremy Hansen describió como “algún tipo de olor a quemado”. La portavoz Debbie Korth aseguró que, tras revisar registros, “nada parece anómalo” en los calefactores.
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Logros en medio de los contratiempos
En paralelo a estos problemas, la tripulación alcanzó la órbita lunar y superó la distancia marcada por Apolo 13, validando los sistemas automáticos durante una desconexión de unos 40 a 50 minutos. Este tramo permitió a la nave operar sin intervención y a la tripulación observar un eclipse no visible desde la Tierra.
Debbie Korth también resaltó que “los retretes y baños espaciales son algo que todo el mundo puede entender, siempre son un desafío”, mientras los técnicos siguen buscando la causa raíz. La prioridad de la NASA por el saneamiento refleja cómo cualquier problema en el inodoro de Orión impacta directamente en la habitabilidad de futuras misiones. /RadioMitre