Un pueblo en Jujuy escondido entre montañas: apenas 40 familias y un paisaje que quita el aliento
¿Sabías que existe un pueblo en Jujuy con menos de 50 familias, escondido entre montañas y ríos? Descubrí cómo llegar y qué hace único a El Angosto.
En el extremo norte de Argentina, más allá de La Quiaca, existe un pueblo de apenas 250 habitantes que parece detenido en el tiempo. Rodeado de cerros coloridos y ríos cristalinos, este rincón jujeño es un secreto bien guardado para los viajeros que buscan experiencias auténticas.
Se trata de El Angosto, una localidad del departamento de Santa Catalina, en la provincia de Jujuy, ubicada a unos 400 kilómetros de la capital provincial, San Salvador de Jujuy. Su nombre hace honor a lo que los visitantes encuentran: un angosto valle donde confluyen los ríos Grande de San Juan y Mojinete, y donde la naturaleza se muestra en todo su esplendor.
¿Qué hace especial a El Angosto?
Lo primero que sorprende es su aislamiento. Para llegar hay que sortear un camino de montaña que supera los 4.000 metros de altura y luego desciende abruptamente. Ese esfuerzo tiene su recompensa: un paisaje de tonos rojizos, quebradas profundas y una tranquilidad absoluta, ideal para quienes quieren desconectarse del ruido urbano.
Con menos de 50 familias viviendo allí, la comunidad mantiene vivas sus tradiciones. Los visitantes pueden recorrer los senderos que bordean los precipicios, siempre con la compañía de un guía local que conoce cada rincón y cada historia. La fotografía encuentra aquí un paraíso: cada amanecer y atardecer pintan el valle con colores que parecen irreales.
Sabores y fauna autóctona
La gastronomía es otro de los atractivos. Compartir una mesa con los pobladores es adentrarse en sus costumbres, probar platos típicos de la región y escuchar relatos que se transmiten de generación en generación. Además, el escaso desarrollo urbano permite observar especies autóctonas en su hábitat natural, algo cada vez más difícil de encontrar en el país.
¿Cómo llegar a El Angosto?
El viaje comienza en San Salvador de Jujuy, tomando la Ruta Nacional 9 hacia el norte, en dirección a La Quiaca. Desde allí, se continúa por la Ruta Provincial 5 hasta La Ciénaga, para luego seguir hacia el norte por caminos que exigen experiencia y precaución: arroyos que se cruzan, curvas cerradas y senderos angostos junto a barrancos.
Por eso, los especialistas recomiendan hacer el recorrido con un guía local, que conozca las rutas y las condiciones del terreno. No es un paseo para cualquiera, pero quienes lo logran descubren un lugar único en Argentina, donde el tiempo parece correr más lento y la naturaleza manda.