Un remisero fue condenado por abuso y amenazas, pero su abogado quedó en la mira de la Justicia

La Justicia condenó al remisero por abuso y amenazas, pero la audiencia dejó al descubierto algo que nadie esperaba: más de siete mil mensajes desde la cárcel y un papel que la defensa mostró en pleno juicio. Ahora el propio abogado quedó bajo investigación.

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Un remisero fue condenado por abuso y amenazas, pero su abogado quedó en la mira de la Justicia
Un remisero fue condenado por abuso y amenazas, pero su abogado quedó en la mira de la Justicia

El Tribunal Penal 2 de la Primera Circunscripción Judicial de Posadas condenó a 16 años de prisión a un remisero de 35 años, oriundo de Loma Hermosa (Buenos Aires), por abuso sexual con acceso carnal, amenazas y lesiones contra su expareja. Pero el fallo, leído a las 12.30 de ayer, trajo un coletazo inesperado: la fiscalía de instrucción de turno deberá investigar al abogado defensor por presunta "instigación al falso testimonio" y a la víctima por haber mentido durante la audiencia del miércoles.

El expediente llegó al juicio oral ante los jueces César Antonio Yaya (presidente), Augusto Gregorio Busse y Gustavo Arnaldo Bernie (por subrogación), tras ser elevado por el Juzgado de Instrucción 1 de Posadas. El acusado fue declarado culpable por "lesiones leves calificadas por el vínculo, amenazas y abuso sexual con acceso carnal, un hecho, todo en concurso real".

La calificación y el monto de la pena quedaron cerca de lo que había pedido el fiscal Vladimir Glinka: 18 años de cárcel por "abuso sexual con acceso carnal, al menos dos hechos, amenazas y lesiones calificadas por el vínculo".

El giro que cambió la audiencia

La jornada de definición fue tensa. En la audiencia anterior, cuando la víctima de 34 años declaraba, se le solicitó el teléfono celular al notar que cambiaba su testimonio respecto de lo que había denunciado en julio de 2024. De allí se extrajeron los chats completos de WhatsApp de los últimos días entre la mujer y el acusado.

Los mensajes revelaron que el detenido, desde la unidad penal VI "Procesados" del Servicio Penitenciario Provincial, se comunicaba con un celular y le detallaba lo que debía declarar, siguiendo las indicaciones de su defensor particular. La sospecha de instigación a mentir se encendió cuando el propio abogado, durante la declaración de la víctima ante el tribunal, le mostró una impresión en papel con frases suyas en las que admitía haber mentido y estar arrepentida, e incluso le pedía perdón al detenido.

Las partes se preguntaron de inmediato: "¿Cómo puede comunicarse con celular un imputado con su víctima?". Las medidas tomadas permitieron extraer más de siete mil mensajes entre ambos, lo que dejó al descubierto la necesidad de una investigación penal.

"El consentimiento a golpes"

El fiscal Glinka fue crudo en su alegato. Sostuvo que "la prueba de descargo que intentó presentar el defensor se convirtió en la confesión de la persecución a esta mujer" y describió el sometimiento: "Vivía sometida a la violencia, a cocaína las 24 horas. Cuando pudo denunciarlo fue porque ya estaba preso por otra causa. De todas maneras volvía a contactarla, consiguió un teléfono celular y la atemorizaba con amenazas: 'Yo te saqué de la prostitución', por ejemplo".

"No hay duda ninguna en este caso que él hacía lo que se le cantaba a ella. Le quitó a golpes el consentimiento para abusarla sexualmente, pero incluso cuando ya no podía de tanta cocaína que consumía la volvía a castigar. Es decir, no existió consentimiento alguno, no tenía otra opción la víctima, se lo imponía a palos", agregó.

El fiscal también relató las amenazas para que no escapara: "Le repetía 'te voy a matar, voy a quemarte la casa con tu familia adentro'. Y lo hacía cuando la abusaba delante de la hija de ella, una niña pequeña". Sobre las lesiones, señaló: "Las lesiones que sufrió de las golpizas pueden ser el delito menor acá, pero la revisaron los médicos y estaba literalmente molida a piñas, en la cabeza y el rostro. Ella misma lo describió en el expediente: 'Sentía que mi cabeza rebotaba contra el piso'. Durante seis horas sufrió la última vez en una pieza y enfrente a la hija".

Glinka advirtió que la víctima podría no ser imputada por falso testimonio, ya que el artículo 34, inciso 2 del Código Penal Argentino establece: "No es punible el que obrare violentado por fuerza física irresistible o amenazas de sufrir un mal grave e inminente". Aun así, consideró necesario que se investigue, al igual que al abogado defensor por "instigación" a mentir.

La defensa y el fallo

El alegato de la defensa fue breve pero fuerte. Enmarcó lo investigado como propio de "situaciones de índole doméstica, sin testigos. Es verdad, los documentos médicos alegan violencia pero no más que violencia doméstica". Intentó justificar la rectificación de la víctima: "Está claro que nunca fue consensuado que ella cambiara su declaración". Pidió la absolución por el beneficio de la duda para el delito de "abuso sexual con acceso carnal" y que las acusaciones por "lesiones y amenazas" se saldaran con el tiempo ya transcurrido en prisión (casi dos años y dos meses).

Los jueces Yaya, Busse y Bernie deliberaron menos de cuarenta minutos. Además de la condena, ordenaron remitir copias de las actuaciones a la Fiscalía de Instrucción de turno y conformar cabeza de sumario por falso testimonio e incitación al falso testimonio. También firmaron la prohibición de contacto y cualquier forma de comunicación entre el acusado y la víctima, la inscripción en el registro de condenados por delitos sexuales del Superior Tribunal de Justicia y la extracción de registro de ADN para incorporarlo al banco provincial de huellas genéticas digitalizadas.

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