Un salteño ganó un sorteo, viajó a correr los 42 kilómetros de la Maratón de Nueva York y volvió con la camiseta de la Selección. Lo que pasó en el kilómetro 30 y el reencuentro que lo dejó sin palabras: el dato que cuenta él mismo.
Joaquín Toranzos se puso la camiseta de la Selección Argentina, se paró en la largada de la Maratón de Nueva York y, horas después, cruzó la meta con los ojos llenos de lágrimas. El salteño completó los 42 kilómetros de una de las pruebas más exigentes del calendario internacional en 6 horas y 9 minutos.
La posibilidad de viajar a "La Gran Manzana" le llegó por una vía inesperada: ganó un sorteo en una prueba deportiva que organizó la municipalidad. Con ese pasaje en mano, encaró meses de preparación hasta llegar a la línea de partida.
El muro del kilómetro 30 y el empujón de la familia
El tramo más duro no fue el comienzo sino la parte final. Pasado el kilómetro 30 apareció el temido "muro" de los maratonistas, ese momento en el que el cuerpo empieza a reclamar. "Justo estaba mi familia y eso me levantó el ánimo", contó Toranzos sobre ese pasaje crítico.
Había planeado terminar en unas cinco horas, pero en plena carrera cambió de estrategia: dejó de mirar el reloj y se dedicó a disfrutar el recorrido. La prueba reunió a unos 67.000 corredores, de los cuales alrededor de 61.000 llegaron a la meta, y movilizó a cerca de dos millones de personas que alentaron a lo largo de los cinco distritos neoyorquinos.
El reencuentro que lo quebró
El momento más emotivo no fue la meta sino lo que vino después, cuando se reencontró con su familia. "En ese momento iba llorando y todavía no caía de lo que había logrado", relató.
Y agregó: "Cuando pasé la meta no lo podía creer. Fue una felicidad enorme, una satisfacción que sentí en el cuerpo, en la cabeza y en el corazón".
Más que una medalla
Para Toranzos, el running significó un cambio que excede lo deportivo. "Cuando empecé a practicarlo entendí que en tu competencia sos vos mismo. Un lunes salís y hacés 10 kilómetros en una hora y la semana siguiente querés superarte. Esa es la satisfacción que te da", explicó.
También les dejó un mensaje a quienes están pensando en calzarse las zapatillas: "El running, cuando lo arrancás, es un viaje de vida. Realmente es un viaje de vida, te cambia la mente al 100%".
"Es una experiencia única que te queda marcada y que el día de mañana les voy a contar a mis hijos", sumó.
Lo que viene
Joaquín sigue en Nueva York y tiene previsto regresar a Salta el sábado a la madrugada. Ya tiene la cabeza puesta en los próximos objetivos: en diciembre quiere correr la milla y la trepada al cerro, y espera sumarse a una nueva maratón de 42 kilómetros en Salta si se concreta la competencia anunciada para marzo.