Un solo hijo: la tendencia que se impone en las familias argentinas

La tasa de fecundidad en Argentina cayó a 1,3 hijos por mujer. Cada vez más familias optan por un solo hijo por factores económicos, sociales y culturales.

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Un solo hijo: la tendencia que se impone en las familias argentinas

“La tuve a los 35, y estaba viviendo en México, después me volví para vivir acá… hubo cambios de trabajo, hubo mucho movimiento, y a mí la crianza me costó muchísimo”, cuenta Paula Talento, de 42 años, sentada en un banco de Parque Lezama mientras su hija de siete está en el colegio. Como ella, cada vez más familias argentinas optan por tener un solo hijo.

La tasa de fecundidad en Argentina ya se ubica en torno a 1,3 hijos por mujer, muy por debajo del 2,1 necesario para garantizar el recambio generacional. En 2024 se registraron 413.135 nacidos vivos, lo que implica una baja cercana al 47% respecto de 2014, según el Ministerio de Salud de la Nación.

“La disminución de la fecundidad implica que cada vez más familias optan, o se ven condicionadas, a tener menos hijos. La maternidad se posterga y se concentra en menos nacimientos”, explica a Clarín la investigadora Lorena Bolzón, decana del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral. “Se trata de una transformación estructural en la composición familiar”, apunta.

¿Por qué se achican las familias?

Detrás de esta tendencia se combinan factores económicos, sociales y culturales. El aumento del costo de vida, la inestabilidad laboral y las dificultades para acceder a la vivienda inciden directamente en las decisiones reproductivas. Criar hijos es más caro y más complejo, lo que empuja a muchas familias a reducir su tamaño.

Pero también hay cambios en los proyectos de vida. La mayor participación de las mujeres en el mercado laboral, la extensión de las trayectorias educativas y la consolidación de elecciones más individualizadas modifican las prioridades. Tener hijos dejó de ser un mandato para convertirse en una decisión.

“No hay forma de saber exactamente por qué una pareja decide tener cero, uno o más hijos. Pero sí se pueden ver tendencias. Tener un hijo hoy implica costos enormes, desde los pañales hasta el sostén afectivo, en un contexto donde además faltan redes de cuidado”, resume la doctora en Ciencias Sociales Carolina Duek, investigadora del Conicet.

Según los últimos microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC de 2024, un 22% de los hogares en los principales aglomerados urbanos del país solo tienen un hijo. Ese mismo dato, en 2016, fue del 19%.

Román Figueiras, de 31 años, come la mitad del sanguche que a Emma Figueiras le cuesta sostener con una sola manito mientras muerde. La nena, de 2, tiene los ojos grandes y verdes de su padre. “Es mi única hija y no está planificado tener otro más. Pero queremos disfrutarla a ella”, dice.

¿Hay menos sexo o más control?

La médica sexóloga Silvina Valente, coordinadora del Programa de Sexología del Hospital de Clínicas de la UBA, cuestiona la idea de que haya menos nacimientos porque hay menos sexo. “En mi opinión hoy las personas toman decisiones sobre su fecundidad por uso y elección de métodos anticonceptivos y decisiones reproductivas más allá de la frecuencia sexual”, sostiene.

Valente también introduce un matiz en relación con la vida sexual después del primer hijo. “Hay estudios que dicen que el deseo sexual baja después del primer hijo en los primeros dos años, pero también hay otros que refieren que en personas con un sólo hijo no baja la frecuencia sexual. La experiencia de la crianza incide más en la decisión de tener otro hijo que en la vida íntima de la pareja”, explica.

En ese sentido, la especialista propone estrategias para sostener el vínculo: “La sugerencia es respetar momentos juntos, aprovechar momentos donde los chicos estén en la guardería. Los encuentros sexuales pueden darse en cualquier momento del día, no solamente a la noche. Si pueden salir solos alguna vez, pueden elegir una cita erótica más que gastronómica”.

Y amplía la mirada sobre la sexualidad: “Las relaciones sexuales no son solamente coito vaginal, se puede incorporar todo el cuerpo: caricias, ternura, conexión”.

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