Un taller en un pueblo de 6.000 habitantes: el diseño que lo metió entre los 24 mejores del mundo
¿Qué vio la revista Dwell en un taller de un pueblo de 6.000 habitantes para elegirlo entre los 24 diseñadores emergentes del mundo? La historia detrás de la colección que nació de las capas geológicas de la estepa.
Aldo Montes de Oca tiene su taller en Dina Huapi, a 15 km de Bariloche, y acaba de ser el único sudamericano seleccionado por la revista Dwell entre los 24 diseñadores emergentes del mundo. "Esto es algo que no esperaba cuando empecé", admite el diseñador, que hace dos semanas recibió la noticia de que su trabajo aparecería en la publicación estadounidense de alcance global.
"Es una revista que sigo hace años. Y que mi trabajo aparezca ahí, compartiendo espacio con diseñadores de varios países, es hermoso. Me emociona que hayan visto y valorado lo que hago en un pueblito de la Patagonia", cuenta Montes de Oca.
De la estepa patagónica a Milán
El reconocimiento llega después de su apuesta más ambiciosa: llevar sus muebles a la Feria de Milán, la meca del diseño. Allí expuso su colección Estratos, inspirada en las capas geológicas que observa cuando camina por los alrededores de su pueblo, de unos seis mil habitantes.
La serie incluye una mesa ratona, otra de arrime, un banco largo y una silla. Mientras tallaba el fenólico con la amoladora, emergían tonos que emparentaban las piezas con el paisaje que lo rodea y con el efecto que provoca el paso de miles de años.
"Siempre intenté hacer diseño desde donde estoy, con los recursos que tengo y con una gran conexión con los materiales y la Patagonia", explica. "Supongo que este reconocimiento también habla de eso: de que no hace falta estar en el centro para empezar a formar parte de la conversación", agrega entusiasmado.
La mirada de Dwell
La revista describió su trabajo con precisión: "La mesa es un paisaje en miniatura, con pequeñas formas elevadas que emergen evocando los cerros de cima plana característicos de la región. Sin recurrir a herramientas informáticas, corta las formas básicas utilizando moldes y luego talla y lija los bordes para resaltar las capas".
El viaje a Italia no solo fue una vidriera: también le dejó contactos y un aprendizaje sobre cómo funciona el circuito de las galerías, las exposiciones y la comercialización, además de la disyuntiva entre apuntar a productos de colección o licenciables.
Los efectos se encadenaron. Primero, la posibilidad de vender sus obras a través de una plataforma con base en Londres. Después, la invitación a Casa FOA, la muestra que se realizará del 1 de octubre al 1 de noviembre en el Palacio Molinas de Barracas, en Buenos Aires, donde ya prepara la obra que presentará. Y finalmente, la publicación en Dwell.
Mientras tanto, su rutina sigue igual: una mañana de septiembre se prepara para ir a Bariloche al estudio de diseño donde trabaja, una actividad que sumó a su propio taller. Irá en su noble Clío del año 2000, que ya encendió para que caliente el motor. No es el deportivo que alquiló en una rentadora low cost para darse el gusto de manejar por las autopistas alemanas sin límite de velocidad, pero es el que lo lleva a todos lados por las rutas de la Patagonia, las asfaltadas y las otras. Aldo está en su camino.