Un telegrama desde Santo Tomé cambió la historia del club más viejo de Posadas
Un telegrama llegado desde Santo Tomé fue el puntapié inicial del club más viejo de Posadas. Décadas después, una deuda de poco más de 1.500 pesos estuvo a punto de dejarlo sin su cancha para siempre. La historia del Decano que se negó a desaparecer.
Todo empezó con un desafío que llegó por telégrafo. Un reto futbolístico enviado desde Santo Tomé terminó dando origen al club más antiguo de la capital misionera: Atlético Posadas, una institución que este año cumple 114 años de vida.
A comienzos del 1900, Sócrates Moglia ocupaba el cargo de agente consular del Territorio Nacional de Misiones. Fue él quien recibió el mensaje correntino que desafiaba al mejor equipo de la ciudad a medirse en un partido de fútbol. Lejos de esquivar la propuesta, Moglia se puso en campaña para armar un plantel a la altura.
Reunió a los pocos que por entonces conocían el fútbol moderno en la tierra colorada: Héctor Gabús (cuyo apellido también aparece escrito como Gasbús), Luis María Garrasino, Alejandro González y Antonio Ortigoza. Con ellos como base, la idea de fundar un club empezó a tomar forma.
Al grupo se sumó León Naboulet, un uruguayo que resultó determinante para la identidad del Decano. Fue él quien aportó los colores que el club lleva hasta hoy, los mismos del Wanderers de Montevideo. Además, quedó como primer presidente de Atlético Posadas, cuya fundación se recuerda el 9 de septiembre de 1912.
Un club que marcó la vida social de la capital
Con el correr de las décadas, el Decano se transformó en una referencia ineludible para la vida social posadeña. Por sus instalaciones pasaron dirigentes y una enorme cantidad de socios que dejaron su huella. En 1943, el club inauguró la primera tribuna techada de toda la provincia.
Llegaron los campeonatos locales y, en los años 70, los intentos por meterse en los torneos Nacionales. Pero el cambio de siglo traería el capítulo más oscuro de toda su trayectoria: en el año 2000, Atlético Posadas sufrió el remate de su cancha.
El juicio que terminó en subasta
Una deuda laboral de monto relativamente bajo derivó, en circunstancias que siempre generaron sospechas, en un remate judicial. La operación se concretó y abrió la etapa más negra del club del barrio Tajamar. En julio de 2000, el Decano perdió su estadio y casi la totalidad de su predio.
La acreencia con Edgardo Cervilla era pagable, aunque la economía de la institución no atravesara su mejor momento. Aun así, el conflicto desembocó en los tribunales, con acusaciones cruzadas y reclamos de un lado y del otro. Lo concreto es que el 5 de julio de 2000, en el Fuero Laboral de la calle Bolívar, se vendió gran parte del terreno y se abrió un camino de disputas políticas que recién concluiría con la expropiación y el regreso del predio a manos del club.
El domingo 2 de julio de ese año, El Territorio publicó el edicto que anunciaba el remate de una superficie de casi 19 mil metros cuadrados en la zona de Tajamar. La sentencia del juicio que Cervilla mantenía contra la institución llegaba así a la instancia de subasta, fijada para el miércoles 5 de julio en el Fuero Laboral.
El detalle del edicto describía un inmueble con muro perimetral de 18.686 metros cuadrados que incluía dos salas de squash, una pileta sin terminar, una cancha de frontón, una cantina, una cancha para vóley o tenis, otra de fútbol 5, cinco canchas de padel, una de básquet, un salón de reuniones y una cancha de fútbol profesional con tribuna de cemento.
Dos remates, un pasillo y una oferta mínima
Aquella mañana había dos subastas programadas en el mismo edificio: una de camiones y otra que definiría el destino de la cancha del Decano. A la sala de los vehículos llegó Carlos Morales, en representación de la empresa Marijú. Al enterarse de que también se remataba el predio del club, llamó a Carlos Carabante, interesado en poner en marcha un proyecto deportivo.
Con el visto bueno del empresario, Morales cruzó el pasillo que separaba ambas salas y se convirtió en el único oferente de las instalaciones de Atlético Posadas. Presentó la oferta mínima: 79.561,35 pesos (o dólares) y se quedó con la subasta. El contador no contaba con el dinero en ese momento, pero dentro de los plazos que fijó la Justicia se presentó con la seña del 20 por ciento y pagó a nombre de Carabante, con lo que el remate quedó firme.
La deuda con Cervilla rondaba apenas los 1.500 pesos. Aunque las arcas del Decano no estaban holgadas, tampoco se trataba de una cifra imposible, y por eso las dudas sobre cómo se llegó a la subasta nunca se disiparon del todo.
Pese a las presentaciones judiciales y las idas y vueltas, Atlético Posadas se quedó sin la mayor parte de su predio. Quedó relegado a una pequeña pieza que, curiosamente, no había sido incluida en el edicto: de no haber sido así, el Deca se habría quedado sin ningún espacio físico a partir de aquel julio de 2000.
Los rumores señalaban que Carabante pretendía vender esos terrenos, ubicados en una zona casi céntrica de Posadas. Sin embargo, el empresario siempre sostuvo que quería la cancha para desarrollar un proyecto deportivo. En 2002 se fundó Atlético Misiones, que compitió en la Liga Posadeña y se consagró campeón en 2005, aunque pocos años después dejó de existir.
La ley que abrió la puerta del regreso
El 23 de diciembre de 2003, el Boletín Oficial de Misiones publicó el decreto que promulgó la ley 4016. La norma declaraba de utilidad pública el predio, habilitando su expropiación, y se sumaba a una declaración previa como Patrimonio Histórico de la provincia. El texto establecía que, una vez que el Ejecutivo pagara al dueño el resarcimiento económico correspondiente, los terrenos volverían a ser administrados por Atlético Posadas.
Sin embargo, desde aquel diciembre de 2003 hasta septiembre de 2012, el gobierno provincial no desembolsó el monto necesario para concretar el retorno. Fueron los allegados al entonces gobernador Maurice Closs quienes lo convencieron de liberar el dinero, aunque la cifra no era la que Carabante pretendía como resarcimiento por la expropiación.
El 9 de septiembre de 2012, Atlético Posadas cumplió 100 años y lo festejó en su predio, en su casa. Se activaron las teclas políticas necesarias y la cancha volvió al club que la había ocupado durante décadas.
El renacer del Decano
Desde entonces, la institución fue recuperándose de a poco. Volvió a disputar un torneo nacional después de más de dos décadas y en la última temporada se destacó como animador y se consagró campeón de la Liga Posadeña.
De ser un referente provincial y dueño de la primera tribuna techada de Posadas a quedarse sin su predio por un remate judicial, Atlético Posadas atravesó todo. Resistió y resurgió.