Un termómetro se rompió en plena clase y evacuaron todo el colegio: qué pasó con el mercurio
Un termómetro roto parecía un incidente menor dentro del laboratorio. Lo que activó después fue una evacuación completa del Colegio Secundario N° 2 de Puerto San Julián y un operativo que terminó pasadas las 12:30 con el mercurio trasladado al hospital local.
La mañana en el Colegio Secundario N° 2 de Puerto San Julián se cortó de golpe. Un termómetro de laboratorio se rompió y liberó mercurio, el metal líquido y plateado que obliga a actuar rápido por la toxicidad de sus vapores. Eran las 10:15 cuando se activaron los protocolos de prevención del establecimiento.
Según informó La Opinión Austral, la rotura fue accidental. Pero lejos de tomarlo como un detalle menor, las autoridades escolares resolvieron evacuar de forma preventiva todo el edificio para resguardar a alumnos, docentes y personal auxiliar.
La llegada de los bomberos y el mercurio contenido
Pocos minutos después, la División Cuartel 3° de bomberos entró al predio para asegurar el perímetro y evaluar el escenario. Los efectivos constataron que el derrame había quedado acotado al sector del laboratorio y que el mercurio estaba confinado de manera provisoria dentro de un vaso de precipitación. Eso redujo el riesgo de que la sustancia se dispersara en el aire que respiran a diario cientos de jóvenes santacruceños.
El protocolo, sin embargo, pedía un paso más. Se montó un canal de asesoramiento técnico y telefónico directo con la División Riesgos Químicos, Biológicos y Nucleares con asiento en Río Gallegos, a cargo de la Oficial Inspector Belén Cáceres. Desde la capital provincial llegaron los lineamientos precisos para levantar la sustancia de forma segura y evitar cualquier exposición innecesaria.
Del colegio al hospital: el cierre del operativo
Las tareas de contención y saneamiento se extendieron hasta pasado el mediodía. Cerca de las 12:30 el material recolectado fue trasladado al hospital local, donde se le dio disposición final bajo los parámetros de la Ley N° 24.051 de Residuos Peligrosos. Así se garantizó que el residuo no afectara la salud pública ni el ecosistema de la región.
Las actas de rigor cerraron el procedimiento con un saldo sin víctimas: cero lesionados y cero contaminación ambiental. La comunidad educativa pudo respirar tranquila después de una jornada que puso a prueba, en tiempo real, la eficacia de los protocolos de emergencia.