Un testamento ignorado: el mandatario que pidió no volver y terminó en un lugar que nunca quiso
Bernardino Rivadavia, primer presidente argentino, pidió en su testamento no ser enterrado en Buenos Aires, pero sus restos fueron repatriados en 1857 y hoy descansan en un mausoleo en Plaza Miserere.
La historia de un presidente que, tras su muerte, fue sepultado en contra de su última voluntad, revela las tensiones políticas que marcaron los primeros años de la nación. Su deseo expreso fue ignorado por las autoridades de la época.
Bernardino Rivadavia, una figura clave en los primeros gobiernos posteriores a la Revolución de Mayo, renunció a la presidencia en junio de 1827 y se exilió en España. Años más tarde, intentó regresar al país, pero el entonces gobernador Juan José Viamonte no le permitió desembarcar en Buenos Aires.
A partir de ese momento, pasó por distintos lugares, como Uruguay y Brasil, hasta volver nuevamente a España. Allí murió el 2 de septiembre de 1845.
La voluntad escrita que nadie respetó
En su testamento dejó una frase clara: pidió que sus restos no regresaran a Buenos Aires ni a Montevideo, en un contexto de fuertes tensiones políticas y cuestionamientos a su figura.
A pesar de su voluntad, sus restos fueron repatriados en 1857 por decisión del gobierno del Estado de Buenos Aires. En un primer momento, fueron enterrados en el Cementerio de la Recoleta, mientras se proyectaba un monumento que nunca llegó a concretarse.
Finalmente, en septiembre de 1932 se inauguró el mausoleo definitivo en la Plaza Miserere, donde se encuentran en la actualidad.

Un monumento que desafía las dimensiones
El mausoleo está ubicado en el centro de Plaza Miserere (Once) y se destaca por sus dimensiones y diseño. Está compuesto por tres cuerpos construidos con 1600 bloques de granito traídos de Alemania.
Mide 15 metros de ancho y 24 de largo, superando los 9 metros de altura. Tiene una figura que representa a la República e incluye el acceso a la cripta donde se encuentra el sarcófago.
Presenta esculturas laterales que simbolizan la Sabiduría y la Acción. La obra fue declarada Monumento Histórico Nacional y forma parte del patrimonio cultural de la Ciudad de Buenos Aires.
