Un veterano de Malvinas rompe el silencio: “Rompió el celofán que se interpone entre la realidad y uno”

¿Qué secretos guarda un héroe de Malvinas 38 años después? En una entrevista exclusiva, el teniente coronel (r) Oscar Jaimet revela detalles impactantes de la batalla en Monte Dos Hermanas, su cautiverio y las cicatrices que aún persisten. Descubra cómo un misil cambió todo y por qué habla de “romper el celofán” en medio del combate.

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Un veterano de Malvinas rompe el silencio: “Rompió el celofán que se interpone entre la realidad y uno”

El teniente coronel (r) Oscar Jaimet, héroe de la Guerra de Malvinas, reside en Tucumán y desgrana sus recuerdos más íntimos sobre los combates en Monte Dos Hermanas, donde sobrevivió y fue tomado prisionero tras la rendición de Puerto Argentino. En el 38º aniversario del conflicto, una crónica escrita por la periodista tucumana Solana Colombres rescata testimonios impactantes del militar sobre cómo pelearon y en qué condiciones.

Jaimet recibió la condecoración “La Nación Argentina al valor en combate” y el Congreso nacional le otorgó la medalla “Valor de los combatientes”. La condecoración expresa: “Reconócese la actuación en la Guerra del Atlántico Sur por sus relevantes méritos, valor y heroísmo en defensa de la Patria”.

¿Cómo fue la noche más crítica en Monte Dos Hermanas?

En la madrugada del 11 de junio de 1982, en medio de una ventisca de nieve, Jaimet se encontraba en Monte Dos Hermanas impartiendo órdenes a sus hombres. “Los esperábamos de frente con una defensa antitanque pero el ataque vino de costado y estando en primera línea, nos sorprendió a todos y se generó pánico”, relata. Su misión era evitar que la tropa se dispersase para iniciar el repliegue hacia Tumbledown.

Le ordenó al subteniente Aldo Franco que cubriera la retaguardia de combate. En ese momento, los soldados ya estaban acostumbrados a los silbidos de las granadas, las bengalas, la artillería cruzada y las ametralladoras. La Fuerza inglesa, al mando del teniente coronel Andrew Whitehead y secundada por 600 hombres, atacaba por aire, mar y tierra sin dar tregua.

¿Qué señal cambió el curso de la batalla?

“No había forma de avanzar, desde el mar, en el lado opuesto a Puerto Argentino, una fragata, el Glanmorgan HMS, nos disparaba sin darnos tregua”, cuenta Jaimet. Entonces ocurrió algo inesperado: una gran bola de fuego surcó el cielo malvinense y un resplandor celeste encendió la noche. Un misil Exocet Tierra-Mar, disparado desde una posición argentina, había impactado en el barco inglés.

“Es el manto de la Virgen, me dije, son dos señales, una táctica y otra del cielo. Es lo que esperaba para avanzar”, afirma. Solo entonces organizó a sus hombres para emprender el repliegue rumbo a Tumbledown.

¿Dónde estaba cuando se anunció el desembarco en Malvinas?

El 2 de abril de 1982, Jaimet se encontraba dando instrucción al Regimiento 6 de Mercedes en medio del campo cuando escuchó el anuncio por la radio: “Hemos recuperado Malvinas”. Inmediatamente fue a ver al jefe del Regimiento y empezaron a prepararse para la guerra. “Éramos soldados. Estábamos entusiasmados. Habíamos jurado defender a la Patria hasta morir. Yo estaba dispuesto a morir”, recuerda.

Sin embargo, también reconoce que “pensar que Inglaterra no respondería militarmente fue desconocer absolutamente la historia militar. La soberbia del poder”, se lamenta. Llegó a Malvinas el 13 de abril con 600 soldados, al mando de 170 hombres de la Compañía B Piribebuy.

¿Qué condiciones enfrentaron en las islas?

Malvinas era “una factoría colonial” con medidor de luz con monedas y cocinas económicas. “Vivían en el Siglo XIX. No había árboles. El paisaje era rocoso y las noches muy largas y heladas”, describe. Los soldados tenían misiles antiaéreos portátiles de bajo alcance, equipo de abrigo, borceguíes y fusiles Fal, pero el problema principal eran las fallas del sistema logístico.

“Nosotros teníamos raciones de guerra. Una por día pero también robábamos y faenábamos ovejas para comer. Aún así bajé 15 kilos”, revela. Para asearse, hizo dos agujeros en el hielo: uno para lavarse y otro para tomar agua. Para fumar, usaban la yerba gastada del mate que armaban como cigarrillos.

¿Cómo fue la experiencia como prisionero de guerra?

Tras la rendición, Jaimet fue tomado prisionero y llevado a un barco inglés, el Saint Edmund, en el Puerto de San Carlos. Allí pudo bañarse en una ducha luego de 55 días y comer más de una vez por día. Sin embargo, ni la comida caliente ni el baño regular parecían consuelo para el soldado argentino. Una foto lo muestra con bigotes tupidos y mirada extraviada durante el operativo de retirada.

¿Qué consecuencias psicológicas dejó la guerra?

Diez años después del conflicto, Jaimet cayó en una depresión. “Mi obsesión era si había hecho lo suficiente, sentía culpa”, confiesa. Soñaba con la guerra y se despertaba gritando, especialmente con la granada de fuego que le pasó cerca la noche de Dos Hermanas. Recurrió a la oración, la reflexión y un profesional para salir del mal trance.

“Yo me prodigué en el campo de combate y traté salvar a los soldados a los que mandaba. Hice lo que tenía que hacer”, concluye después de terapia. Incluso planea volver a Malvinas para comprobar si hubiera podido hacer algo diferente.

¿Quién es Oscar Jaimet más allá del soldado?

Nacido en Reconquista, Santa Fe, en 1945 (“el mismo día y año que Rod Stewart”, acota), Jaimet estudió en el Liceo Militar General Manuel Belgrano. Es comando, paracaidista e instructor de Tiro y de tácticas de comando. Fan de Rod Stewart y cultor de la filosofía aristotélico-tomista, afirma: “La carrera militar requiere un 80% de conocimiento de humanidades, sociología, historia y un 20% de técnicas militares”.

Después de retirarse del Ejército, se radicó en Tucumán con su esposa, la monteriza María Victoria Cruz, y sus hijas. Allí montó una empresa de servicios para el sector citrícola. Su canción favorita de Rod Stewart es “The rhythm of my heart”, que comienza con una gaita y tiene ritmo militar.

Jaimet resume su experiencia con una reflexión: “Malvinas fue la última Guerra de Caballeros”. Y sobre el soldado argentino, afirma: “Es el mejor soldado del mundo. Solo pide que lo manden bien y el ciudadano que lo dirijan bien”.

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