Un veterano pidió descansar en Malvinas: la misión secreta que cumplieron sus camaradas 40 años después
¿Qué misión le encomendaron las hijas de un veterano de Malvinas a un amigo que viajaba a las islas, y por qué temía no poder cumplirla?
Fernando Alturria murió el 26 de julio de 2025 en Río Gallegos, a los 63 años. Veterano de la Guerra de Malvinas, había defendido la zona de Darwin y Pradera del Ganso y participado de los combates entre el 27 y el 29 de mayo de 1982, donde cayó José Honorio Ortega. Su última voluntad era clara: descansar en las islas. El 13 de septiembre, sus cenizas fueron esparcidas en la tumba de Ortega, el único santacruceño caído en combate.
Alturria se había radicado en Río Gallegos en febrero de 1990 y presidió la Asociación Centro de Veteranos de Guerra "Soldado José Honorio Ortega". Tras la guerra volvió a las islas en tres oportunidades: 2011, 2015 y 2025.
El pedido que quedó pendiente
"Siempre nos expresó su deseo de que el día de mañana, cuando él no esté, quería estar en la cancha de Racing y en Malvinas", contó su hija Carolina a La Opinión Austral. La familia barajó varias ideas para cumplir ese deseo sin esperar demasiado: viajar los cinco hermanos con sus nietos era mucha organización y un presupuesto importante.
En febrero, Yanina, la mayor, y Carolina viajaron a Buenos Aires y le entregaron una parte de las cenizas a Darío, hermano de Fernando. Fue él quien se encargó de esparcirlas en la cancha de Racing, la pasión que ambos compartían. "Sabíamos que para mi tío era muy importante, que iba a ser muy emotivo", recordó Carolina.
La señal que apareció en un aniversario
El 11 de septiembre, durante la celebración del 35° aniversario del centro de veteranos, una delegación de La Matanza y Córdoba que estaba de paso en Río Gallegos se preparaba para viajar al día siguiente a las islas. Entre ellos estaba Ramón Robles, un amigo de Alturria a quien las hijas conocían solo por nombre.
"Nos miramos con Silvina como diciendo: 'Bueno, esta es la oportunidad, es la señal'", relató Carolina. En el grupo de WhatsApp familiar propuso darle la misión a Robles y todos aceptaron. En el ágape del evento se animaron a llamarlo y pedirle que llevara las cenizas. Él aceptó sin dudar.
El riesgo de que las cenizas no pasaran
Robles había conocido a Alturria veinte años atrás. "Creamos una amistad, cada vez que he viajado a Río Gallegos siempre tuve el recibimiento y la atención de Fernando", contó. Pero la tarea le pesaba: en la revisión de equipaje, las cenizas son retenidas. Existía la posibilidad real de que la misión no se concretara.
Las cenizas fueron repartidas en varias bolsas. La de mayor tamaño la llevó Robles; las restantes se distribuyeron entre integrantes del contingente que se comprometieron a transportarlas, incluso sin conocer el trasfondo de la historia.
"Las cenizas pasaron, las llevamos y las dejamos en la tumba de Ortega, el héroe de Santa Cruz. Fue muy emotivo, muy emocionante, creo que cumplimos con lo que nos pidieron las hijas", afirmó Robles.
Junto a Ortega
Antes de esparcir las cenizas, la familia le pidió permiso a Sonia, la madre del soldado Ortega. Ella dijo que sí. "Papá está ahí, junto a José Honorio Ortega. Sonia está muy emocionada, para ella los dos eran sus hijos, así que sus hijos están ahí, seguramente, poniéndose al día", cerró Carolina.
"Estamos supertranquilos de que se haya hecho así. Creo que estamos en paz y papi también. Que lo hayan hecho sus camaradas también tiene un significado importante", concluyó.

