Un viaje familiar que terminó en tragedia: la promesa que un hombre guardó 38 años y hoy conmueve a la Argentina

Una tragedia en la Patagonia marcó para siempre a un inmigrante taiwanés. Lo que vivió en el hospital argentino lo impulsó a guardar un secreto durante casi cuatro décadas. Hoy, regresó para cumplir una promesa que dejó a todos sin palabras.

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Un viaje familiar que terminó en tragedia: la promesa que un hombre guardó 38 años y hoy conmueve a la Argentina

La vida de Andrés Hsu, un inmigrante taiwanés, se partió en dos un 26 de diciembre de 1988 en una ruta patagónica. Lo que siguió fue una historia de dolor, pero también de una bondad humana que lo marcó para siempre y lo impulsó a cumplir una promesa casi cuatro décadas después. Esta es la conmovedora travesía de un hombre que decidió transformar su tragedia en un acto de gratitud eterna hacia el país que lo acogió.

Andrés tenía 27 años y llevaba tres viviendo en Argentina. Se había instalado en Villa Celina, en el oeste del conurbano bonaerense, para trabajar en un emprendimiento familiar de brotes de soja y verduras. Su rutina transcurría entre la distribución en el Mercado Central y su nueva familia: su esposa Analía, también taiwanesa, y su pequeña hija Elisa, de apenas seis meses.

El recorte periodístico del día del accidente.
El recorte periodístico del día del accidente. (Foto: gentileza Andrés Hsu)

El accidente que lo cambió todo

Decidieron realizar su primer viaje familiar a Bariloche. En el camino de regreso a Buenos Aires, quisieron pasar por Península Valdés. Un viento muy fuerte hizo que el auto despistara. “El auto volcó varias veces, recuerdo que fueron al menos cuatro vueltas hasta quedar completamente dado vuelta”, relató Andrés a TN, con la ayuda de su primo Antonio como traductor.

Al salir del vehículo, encontró un panorama desolador. Su hija había salido despedida a tres metros de distancia. Su esposa Analía yacía en el suelo con una herida enorme en el muslo interno, causada por un vidrio. En medio del shock, ella le hizo una pregunta que él nunca olvidaría: “¿La niña está bien?”.

Andrés, Analía y Elisa en sus vacaciones en el sur en 1988.
Andrés, Analía y Elisa en sus vacaciones en el sur en 1988. (Foto: gentileza Andrés Hsu)

Intentó detener la hemorragia con un ovillo de lana comprado en el viaje, pero no fue suficiente. “Ese día cambió mi vida para siempre”, confesó con los ojos vidriosos. Analía falleció esa misma tarde.

El gesto en el hospital que nunca olvidó

Trasladado al Hospital Isola de Puerto Madryn con su hija, Andrés enfrentó una nueva angustia. Elisa, sin la leche de su madre, lloraba de hambre. Una enfermera vio la escena y se llevó a la bebé para alimentarla. “Cuando la vi amamantándola me derrumbé por segunda vez. Lloré profundamente”, recordó.

Como la enfermera no podía continuar, buscó a otra mujer. Encontró a Stella Maris Guridi, quien tenía a su propio hijo, Gabriel, internado en el mismo hospital con síndrome urémico hemolítico. Sin conocerlo, aceptó amamantar a Elisa cinco veces al día, puntualmente.

Cuando Andrés intentó agradecerle con cien dólares, ella le respondió con una frase que lo marcó: “¿por qué tengo que recibir tu dinero?”. Esa actitud desinteresada quedó grabada a fuego en su memoria.

La noticia del día del accidente.
La noticia del día del accidente. (Foto: gentileza Andrés Hsu)

Una promesa silenciosa de 38 años

Tres meses después, Andrés partió a Taiwán. “Subí al avión con mi hija, que tenía casi ocho meses, en un brazo, y en el otro llevaba las cenizas de mi esposa. Fue uno de los momentos más dolorosos de mi vida”, confesó.

Allí reconstruyó su vida. Se interesó por la quiropráctica y, a los 45 años, ingresó a la universidad. Se recibió de médico a los 49. Pero siempre cargó con un pensamiento: “Si en ese momento hubiera habido una ambulancia cerca quizás el resultado habría sido diferente”.

Ese pensamiento se transformó en una promesa silenciosa: algún día donaría una ambulancia a ese lugar. Un anhelo que guardó durante 38 años.

El lugar donde ocurrió el accidente.
El lugar donde ocurrió el accidente. (Foto: gentileza Andrés Hsu)

El emotivo regreso y la entrega

Con el dinero recaudado, y tras sortear obstáculos burocráticos y cambiarios con la ayuda de su primo Antonio y un hombre llamado Alejandro, logró su objetivo. “Después de 38 años regresé a la Argentina con un propósito muy claro”, dijo.

A principios de marzo se realizó la ceremonia de donación en Chubut. Lo que Andrés no sabía era que habían localizado a las personas clave de su historia. Allí estaban los médicos Carlos López y Hung Shil Ku, que lo atendieron en la guardia, y Amalia Hompanera, del voluntariado Damas Rosadas del Hospital de Trelew.

Pero la sorpresa mayor fue ver a los familiares de Stella Maris Guridi, la mujer que amamantó a Elisa. “Cuando vi a las mujeres que ayudaron a alimentar a mi hija ya no pude contener mis emociones”, relató entre lágrimas. El esposo de Stella Maris, fallecida hace unos años, llegó con su hija. “Fue un momento muy difícil de describir, pero lleno de humanidad, de amor y de gratitud”.

El día de la entrega de la ambulancia.
El día de la entrega de la ambulancia. (Foto: gentileza Andrés Hsu)

La ambulancia lleva una placa con la historia de Analía. Para Andrés, este acto era “cerrar una herida que había quedado abierta durante 38 años”.

El círculo de la bondad que no se detiene

“La bondad del pueblo argentino me salvó la vida”, afirmó Andrés. Hoy, a sus 63 años, está convencido de que “la bondad es un círculo”. Su hija Elisa, aquella bebé de seis meses, hoy tiene 38 años, es madre de dos niños y también contribuyó económicamente para la ambulancia, queriendo “ayudar a completar el deseo” de su padre.

Andrés asegura que esta donación no será la última. “Vendrán más, una, dos, tres… no lo sé. Lo que sí sé es que, mientras tenga vida, quiero seguir ayudando a más personas. Ese es el verdadero propósito de mi vida”.

Su regreso al lugar del accidente, donde rezó y lanzó flores al cielo en nombre de Analía, cerró un capítulo de dolor y abrió uno de esperanza. Una historia que comenzó con una tragedia en una ruta patagónica y culminó, casi cuatro décadas después, con un acto de amor que busca salvar otras vidas.

Andrés y la ambulancia que llegó después de 38 años.
Andrés y la ambulancia que llegó después de 38 años. (Foto: gentileza Andrés Hsu)

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