Una abuela de Cerrillos desafía a la historia: su puntería la lleva a los Juegos Evita
¿Una abuela con puntería de campeona? Doña Irma Zerpa, de Cerrillos, se consagró en los Juegos Evita y ahora va por más. Conocé su historia.
En un rincón de Salta donde las tradiciones se resisten a morir, doña Irma Zerpa, de Cerrillos, acaba de convertirse en la mejor jugadora de sapo de la provincia. Su destreza la llevó a consagrarse en la categoría Adultos Mayores y ahora representa a Salta en la etapa nacional de los Juegos Evita, que se disputará en San Juan.
El sapo, ese juego que no necesita pantallas ni baterías, sigue intacto en la memoria de los salteños. Solo hacen falta unas fichas, un mueble de madera con agujeros y, sobre todo, una muñeca que sepa calcular distancias. Irma, oriunda de Cerrillos, demostró que esas habilidades no se pierden con los años.
El camino al podio
La cerrillana se destacó primero en el Legado Güemes y después superó todas las instancias clasificatorias de los Juegos Evita. Finalmente, se quedó con el primer puesto en su categoría, un logro que resonó con fuerza en su pueblo, donde el sapo tiene raíces profundas.
No es casualidad que Cerrillos celebre esta clasificación. Los más viejos del lugar recuerdan con nostalgia los campeonatos que se armaban en bares como el Manolo, cerca del Club Municipal, o el El Molino. Allí, figuras como Vicente García, Gringa Peluca o Luis Russo se pasaban horas lanzando fichas, entre charlas, bromas y miradas atentas. Ahora, será Irma quien tome esa posta y la lleve hasta San Juan.
Un juego de precisión y paciencia
A simple vista, el sapo parece sencillo, pero cuando uno se para frente al tablero, la cosa cambia. Hay que controlar los nervios, medir la fuerza y lograr que la ficha entre por uno de los orificios. La boca del sapo, el premio mayor, se ve enorme de cerca y diminuto desde la línea de lanzamiento, que está a tres metros reglamentarios.
Las fichas, tradicionalmente de bronce, deben atravesar los distintos agujeros del tablero, cada uno con su puntaje. El juego exige una coordinación fina entre la vista y la mano, y aunque la competencia es individual, la tradición es colectiva: generaciones de salteños crecieron viendo un sapo en el patio de la casa, en la galería o bajo un árbol, muchas veces hecho a mano, con orgullo artesanal.
Más que un juego: una forma de vida
Detrás de la hazaña de Irma se esconde otra historia: la de los adultos mayores que encontraron en los Juegos Evita un espacio para mantenerse activos, competir y socializar. El sapo se incorporó a esta competencia nacional en 2008, justamente para darles un lugar a las personas mayores. Y no se trata solo de ganar medallas; hay viajes, amistades nuevas, entrenamientos y, sobre todo, razones para seguir participando.
Este tipo de competencias demuestra que el deporte no es exclusivo de los jóvenes. Hombres y mujeres de la tercera edad se ponen la camiseta de su pueblo o su provincia con las mismas ganas de siempre. En el caso de Irma, su éxito también es fruto del acompañamiento de la Dirección de Desarrollo e Inclusión Social y la Dirección de Deportes de Cerrillos, que impulsan estas actividades.
Cuando Irma llegue a San Juan, llevará consigo no solo su puntería, sino también el recuerdo de todos esos jugadores anónimos que alguna vez se pararon frente a un sapo en un bar, en un club o en una fiesta familiar. Y aunque ella buscará los puntos y soñará con embocar en la boca del sapo, su sola presencia ya es un triunfo para una tradición que se niega a quedar en el pasado.