Una adolescente mbya guaraní se recibió de árbitra en Misiones: el sueño que la impulsa

Celeste Núñez, de 15 años, se convirtió en la única mujer árbitra de su comunidad en Misiones. Su historia, marcada por la pasión y el esfuerzo, deja en claro que los sueños no entienden de barreras.

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Una adolescente mbya guaraní se recibió de árbitra en Misiones: el sueño que la impulsa
Una adolescente mbya guaraní se recibió de árbitra en Misiones: el sueño que la impulsa

Celeste Núñez tiene 15 años, vive en la comunidad mbya guaraní Paí Antonio Martínez, en Misiones, y acaba de cumplir un sueño: se recibió de árbitra de fútbol. La joven, que desde los 11 años siente pasión por este deporte, decidió seguir los pasos de su papá, Marcos, y formarse para dirigir partidos.

“Mis ganas de ser árbitra nacieron por el gran amor que siento por el fútbol y porque quería conocer el deporte desde otro punto de vista”, explicó Celeste a TN.

Delantera, mediocampista y ahora árbitra

Hace cuatro años, Celeste fue seleccionada para integrar uno de los equipos femeninos del Municipio de Fracrán que participa de las Ligas Interculturales, una competencia que reúne a comunidades originarias de Misiones. En ese equipo comenzó como delantera y luego pasó a ocupar otros puestos, entre ellos el de mediocampista.

Su interés por el arbitraje tuvo una influencia muy cercana: su papá, Marcos, había jugado al fútbol a nivel local y, después de retirarse, se convirtió en árbitro. Marcos hizo el curso en San Vicente y comenzó a dirigir los fines de semana. Celeste decidió seguir sus pasos y también se anotó. Con clases dos veces al mes, estudió las reglas del juego y finalmente obtuvo su diploma.

En ese curso había solamente tres mujeres y Celeste era la única integrante de una comunidad originaria.

Un debut con nervios y una nueva oportunidad

El primer partido de Celeste como árbitra fue en San Pedro, donde se desempeñó como asistente en un encuentro de fútbol infantil masculino. La experiencia no salió como esperaba. “Me puse nerviosa y nos terminaron corriendo a todos de la cancha”, recordó. Ella era jueza de línea y su compañero estaba a cargo del arbitraje principal. En medio del partido, no cobró un fuera de juego y decidió tomarse un tiempo para seguir aprendiendo.

Sin embargo, nunca se alejó de las canchas. Continuó acompañando a su papá y observando los partidos que dirigía para ganar experiencia. Hasta que apareció una nueva oportunidad.

Hace algunas semanas, Celeste acompañó a Marcos hasta El Soberbio, a unos 120 kilómetros de su comunidad. Como el juez de línea designado no pudo presentarse, la joven tuvo la posibilidad de entrar a la cancha. “Mi hija es árbitra”, explicó Marcos a uno de los organizadores. La respuesta fue positiva y Celeste pudo volver a ejercer como asistente. “Tuve un poco de nervios, pero ya sabía lo que tenía que hacer y fue una experiencia muy linda”, contó.

Dejó de jugar para poder dirigir

Ahora, Celeste tomó una decisión importante: dejó su equipo de fútbol y no participa de la liga como jugadora. El objetivo es estar disponible para ser designada como árbitra y seguir sumando experiencia. Además de acompañar a su papá, busca presentarse en distintos partidos para continuar formándose y ganar confianza.

En su comunidad, donde viven unas 140 familias y alrededor de mil personas, es actualmente la única mujer que se desempeña como árbitra.

Mientras persigue ese sueño, Celeste también continúa con sus estudios. Está en tercer año del secundario en una escuela ubicada dentro de su comunidad y asegura que le va muy bien. “Hace poco retiramos los boletines y no me llevo ninguna materia hasta ahora”, contó orgullosa.

Un sueño que apunta bien alto

Celeste sabe que el camino no será sencillo. La falta de oportunidades en su comunidad es uno de los principales obstáculos que enfrenta, pero no quiere que eso sea un límite. “En mi comunidad no hay muchas oportunidades para seguir creciendo y yo quiero llegar a lo más alto”, sostiene.

Su papá la acompaña en cada paso. La lleva a las canchas, la ayuda a conseguir oportunidades y también hace un esfuerzo económico para que pueda continuar con su formación. “Queremos que la sociedad vea que los jóvenes de los pueblos originarios también tienen ganas de superarse y de tener un futuro”, afirmó Marcos.

Ahora, Celeste espera conseguir una beca o una invitación que le permita continuar sus estudios en una escuela de árbitros profesional. Su referente es el italiano Pierluigi Collina y cuando le preguntan hasta dónde quiere llegar, no duda. “Me gustaría en unos años ir a dirigir en canchas de mundiales, como por ejemplo el Monumental. Quiero llegar a esos lugares”, asegura.

Con apenas 15 años, Celeste ya dio el primer silbatazo de una carrera que recién comienza.

Celeste Núñez, árbitra mbya guaraní

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