Una cooperativa emblemática pidió su propia quiebra: el desmoronamiento que nadie esperaba

Una de las cooperativas más icónicas del país dio un paso que muchos temían: solicitó su propia quiebra. Con una deuda millonaria y meses sin pagar salarios, ¿cómo llegó a este punto sin retorno? Los detalles del colapso que ha dejado en vilo a toda una industria.

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Una cooperativa emblemática pidió su propia quiebra: el desmoronamiento que nadie esperaba

La cooperativa SanCor, un ícono de la industria láctea nacional, presentó su propia solicitud de quiebra ante la Justicia de Rafaela, confirmando un desenlace que muchos en el sector veían venir pero que aún impacta por su magnitud. La empresa acumula una deuda cercana a los US$120 millones y lleva ocho meses sin pagar salarios a sus trabajadores, en un escenario de insolvencia generalizada que ha dejado al borde del colapso a una de las marcas más reconocidas del país.

El expediente se tramita en el Juzgado de Primera Instancia de Distrito 5 en lo Civil y Comercial de la Cuarta Nominación de Rafaela, donde se documentan indicadores alarmantes: cesación de pagos, falta de información contable clara y una estructura que ya no logra sostenerse. La Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA) emitió un comunicado detallando que la deuda incluye compromisos en moneda extranjera y pesos, con un pasivo que sigue creciendo mes a mes.

¿Cómo llegó SanCor a este punto crítico?

Fundada en 1938 en Sunchales, SanCor llegó a procesar más de 4,6 millones de litros de leche diarios en la década de 1990, liderando el sector con holgura. Sin embargo, para 2009 la producción había caído a 3 millones de litros diarios, y hoy apenas alcanza unos 700.000 litros diarios, sumando producción propia y de terceros. Las plantas, distribuidas entre Santa Fe y Córdoba, funcionan con volúmenes variables y bajo esquemas productivos fragmentados, como acuerdos a fasón y tercerizaciones.

El retroceso no fue lineal y combina factores estructurales y coyunturales: problemas financieros persistentes, decisiones empresariales fallidas, conflictos gremiales que paralizaron la producción y un contexto macroeconómico adverso. A esto se sumó un episodio clave: la deuda de Venezuela, originada en acuerdos bilaterales impulsados durante los gobiernos de Hugo Chávez y Néstor Kirchner.

En ese esquema, la cooperativa exportó productos lácteos bajo un sistema de intercambio que colapsó cuando Venezuela entró en default en 2017. Aunque parte de la deuda fue recuperada, aún quedan unos 18 millones de dólares con escasas probabilidades de cobro, un golpe financiero que terminó de tensionar su equilibrio ya debilitado.

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Los acuerdos comerciales impulsados durante los gobiernos de Hugo Chávez y Néstor Kirchner dejaron una deuda millonaria que agravó la crisis financiera de la cooperativa. (Foto: Télam)

¿Qué pasa con los trabajadores en medio de la crisis?

Los trabajadores son el actor más afectado por esta crisis, con ocho meses de salarios adeudados, aguinaldos impagos y denuncias de irregularidades en la liquidación de haberes. Desde ATILRA sostienen que la empresa se sostuvo, en gran medida, a costa del propio personal, dependiendo del esfuerzo de quienes mantuvieron en funcionamiento las plantas en condiciones adversas.

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Los trabajadores quedaron en el centro de la crisis, con meses de salarios adeudados y la incertidumbre sobre la continuidad de sus fuentes laborales.(Foto: ATILRA).

La eventual declaración de quiebra abre interrogantes inmediatos sobre el futuro de los puestos de trabajo y si la marca SanCor podrá sobrevivir a la caída de su estructura actual. Desde el gremio, plantean una lectura que busca proyectar más allá del colapso: ven la quiebra no como un final, sino como un punto de partida para una reorganización, con la idea de rescatar el valor de la marca y reconstruir sobre la base del capital humano.

El juez Marcelo Germán Gelcich, que intervino judicialmente meses atrás, ya había señalado problemas estructurales como falta de información contable clara, incumplimientos reiterados y una crisis laboral que escalaba sin freno. El pedido de quiebra aparece así como la formalización de un estado de hecho más que como una sorpresa.

El futuro dependerá de decisiones judiciales, eventuales interesados en activos o unidades productivas, y la capacidad de articular un nuevo esquema empresarial. Mientras tanto, la caída de SanCor refleja las dificultades de un modelo cooperativo, las tensiones de una cadena productiva y los costos sociales que emergen cuando las estructuras dejan de sostenerse.

En Rafaela, donde se tramita el expediente, la definición judicial marcará el próximo capítulo. Pero el desenlace, al menos en términos simbólicos, ya está escrito: una de las marcas más emblemáticas de la lechería argentina enfrenta su hora más oscura.

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