Una de cada seis mujeres en Argentina descubrió un espía en su celular: la cifra oculta de la violencia digital
Una encuesta revela que el 16% de las mujeres en el país halló software espía en su móvil. ¿Cómo opera esta herramienta de control invisible y qué señales delatan su presencia silenciosa?
Una encuesta reveladora de la firma de ciberseguridad Kaspersky expone una realidad alarmante en el país: una de cada seis mujeres descubrió que alguien instaló una aplicación de monitoreo en su teléfono sin su consentimiento. Esta práctica, que se expande en silencio dentro de las relaciones de pareja, utiliza la tecnología como una herramienta de control invasiva y difícil de detectar.
Los números del informe van más allá del espionaje tecnológico aislado. Casi la mitad, un 47%, de las argentinas encuestadas reportó haber sufrido algún tipo de abuso doméstico, ya sea psicológico, financiero, físico, sexual o mediante grabaciones sin su autorización.
Además, el 45% de las mujeres declaró haberse sentido espiada específicamente a través de dispositivos tecnológicos. Esto incluye teléfonos, laptops, cámaras web, rastreadores GPS o gadgets del hogar inteligente.
La paradoja: lo rechazan, pero no lo detectan
Existe una clara contradicción entre el rechazo a esta vigilancia y la capacidad para identificarla. El 66% de las argentinas considera inaceptable que una pareja monitoree sus actividades digitales.
Sin embargo, muchas no advierten que están siendo vigiladas hasta que aparecen señales indirectas y perturbadoras. La pareja menciona detalles de conversaciones privadas, aparece en lugares que la víctima frecuenta sin haberlo contado, o demuestra conocer información que solo circuló en círculos íntimos.
¿Qué es el “stalkerware” y cómo opera en las sombras?
Esta vigilancia se ejecuta a través del *stalkerware*, un software diseñado para operar de forma completamente oculta. Una vez instalado, algo que puede lograrse con apenas unos minutos de acceso físico al teléfono, concede un control total.
Permite leer mensajes privados, conocer la ubicación en tiempo real, acceder al historial de llamadas, revisar la actividad en redes sociales y, en los casos más invasivos, activar de forma remota el micrófono o la cámara.
Su mayor fortaleza es la discreción. Estas aplicaciones pueden permanecer activas durante meses sin generar ninguna alerta visible en el dispositivo de la víctima.
María Isabel Manjarrez, investigadora de seguridad para América Latina en el Equipo Global de Investigación y Análisis de Kaspersky, destacó la necesidad de un cambio: “Además de generar conciencia sobre este problema, es clave fortalecer los hábitos de seguridad digital en el día a día. La tecnología debe ser una herramienta de protección y autonomía para las personas, no un mecanismo de control sobre su vida privada”.
Señales de alerta y medidas de protección concretas
Técnicamente, algunos indicios pueden orientar la detección. Un consumo de batería inusualmente alto, el dispositivo que se calienta sin causa aparente o un uso excesivo de datos móviles pueden ser la punta del iceberg de una aplicación corriendo en segundo plano.
Los especialistas recomiendan cuatro medidas concretas para dificultar la instalación de este software malicioso. La primera y más básica es mantener el bloqueo de pantalla activo con un PIN, contraseña o patrón robusto, ya que la mayoría se instala tras un acceso físico breve.
El segundo paso es revisar periódicamente los permisos de las aplicaciones instaladas. Si una app solicita acceso a la ubicación, micrófono, cámara, mensajes o contactos sin una razón funcional clara, es una bandera roja.
En tercer lugar, es vital prestar atención al comportamiento general del teléfono: batería que se agota rápido, datos que se consumen misteriosamente o calentamiento anormal son señales de advertencia.
Por último, mantener el sistema operativo y todas las aplicaciones actualizadas cierra vulnerabilidades de seguridad que el *stalkerware* suele explotar para instalarse o mantenerse activo sin ser detectado.