Una docente de Bariloche, entre las cinco maestras más inspiradoras del país

Pasó 28 años en una escuela rural de Bariloche y hoy es una de las cinco docentes más inspiradoras del país. Lo que hizo en ese rincón de la Patagonia puede cambiar tu idea de la educación.

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Una docente de Bariloche, entre las cinco maestras más inspiradoras del país
Una docente de Bariloche, entre las cinco maestras más inspiradoras del país

Una maestra de Bariloche fue elegida entre las cinco docentes más inspiradoras del país en una campaña nacional impulsada por la Fundación Varkey, que reconoce el impacto transformador de la labor educativa. Se trata de María Jorgelina Mazzucco, quien durante 28 años trabajó en la escuela de Villa Los Coihues y hoy dirige el colegio de Ñirihuau.

La iniciativa, que corresponde a la fundación británica Varkey, recibió unas 200 postulaciones de personas que nominaron a aquellos maestros que marcaron sus vidas. Un comité eligió a los cinco finalistas, entre ellos Mazzucco, la única representante de Río Negro. Los otros galardonados son Enzo Meneguini Bernal (CABA), María Laura Riveros (Mendoza), Marisel Karina Argañaraz (Santiago del Estero) y Sandra Pagliaricci (Buenos Aires).

De Otamendi a Bariloche

Jorgelina nació en Otamendi, cerca de Mar del Plata, donde se formó como maestra de nivel inicial y primaria. Su sueño era trabajar en una escuela rural o de frontera. En unas vacaciones en Bariloche se enteró de que buscaban docentes para el jardín del Centro Atómico y se postuló: fue seleccionada en 1997. Poco después obtuvo un cargo en la Escuela 324 de Villa Los Coihues, al oeste de la ciudad, donde permaneció casi tres décadas.

Allí fue maestra jardinera, de grado, secretaria y directora. Vivió la transformación del barrio: cuando llegó, no había colectivos ni gas, y la escuela era muy pequeña. "Era una escuela muy chica, con dos aulas de primaria, una sala de jardín y una cocina donde un mueble la separaba de la dirección. Super rural", recordó. Con el tiempo, el barrio creció y llegó el gas natural: "Empezaron a anotarse alumnos de los kilómetros. Se cerraron las vacantes solo para chicos del barrio. Viví toda esa transformación", contó.

Durante esos años impulsó proyectos como una radio escolar, el Desafío Lector, una orquesta para chicos del barrio, talleres de rock y folclore, arte y biología, y salidas de montaña con pernocte en refugios. También se construyó una casa para una familia que vivía en carpa y se levantó el terreno con gaviones para ampliar el jardín. Así nació la "Asamblea de familias", que cada lunes reunía a docentes y familias para pensar juntos cómo mejorar la escuela. "Una escuela no funciona con un director ni con un maestro. Las escuelas funcionan si son lugares de comunidad", planteó.

Tras concursar como supervisora y permanecer solo un año en ese cargo, decidió volver al aula y asumió como directora de la Escuela Primaria 190 "Modesto Inacayal", en Ñirihuau, de jornada extendida, con 108 estudiantes y 25 docentes. "Lo mío es el trabajo en territorio", justificó.

La vocación y el reconocimiento

Sobre su elección de carrera, Jorgelina contó que siempre supo que le gustaba enseñar. "Tuve una escuela primaria linda en Otamendi que marcó mi vocación. Fue tan linda la experiencia que quise repetirla, desde otro rol", dijo. Hoy, con 55 años, lamentó el contexto actual para los docentes: "Hay una descalificación constante, un maltrato hacia los docentes y uno se pregunta por qué. Frente al intento de querer reemplazarnos por una aplicación o educar a través de las pantallas, hoy todavía prevalecen las historias de la gente que se mira cara a cara", reflexionó.

La distinción la tomó por sorpresa. Fue su hija mayor quien la postuló, sin que ella lo supiera. "Ella fue parte de la escuela de Los Coihues, me vivió como mamá y como maestra", contó. Aunque admitió sentir "cierta vergüenza" por el reconocimiento, ya que hay "muchos otros docentes que hacen cosas significativas", valoró que sea "una caricia al alma".

Consultada sobre qué rescata de su paso por Los Coihues, respondió: "Aportar experiencias para que después los chicos puedan ir un poco más allá. Un pibito quizás no quiera ser esquiador, kayakista, subir a refugios, ser artista o músico, pero lo vivió y podría elegirlo. Son experiencias que marcan y después permiten elegir mejor".

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