Una docente misionera contó qué ve en sus aulas y descolocó a más de uno
Una docente misionera escuchó a sus alumnos decir que dormían apenas tres horas. Lo que ve en el aula sobre la lectura la dejó pensando, y su explicación no apunta a los chicos.
Los resultados de las pruebas PISA reavivaron el debate sobre cuánto leen los adolescentes y por qué les cuesta comprender textos. En ese contexto, la docente misionera Mónica Dos Santos pidió correr el foco de la estadística y mirar lo que pasa dentro del aula y en la casa de cada estudiante.
“No podemos decir tampoco que los chicos no leen nada. Hay que contextualizar, hay que ver la escuela, hay que ver la familia”, explicó en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones.
Libros que todavía circulan
Lejos de rendirse, Dos Santos aseguró que en sus cursos todavía hay pibes que compran libros, descargan textos y hasta le recomiendan lecturas a sus compañeros y a ella misma.
“Rescato que aún tengo alumnos que me traen libros y que me prestan libros de literatura y que me recomiendan también algunas lecturas que me encantan. Entonces no está todo perdido”, destacó.
Para la docente, la clave pasa por qué se les da para leer y, sobre todo, qué se hace después con eso. “Creo que todo está también en el interés de la clase. ¿Qué le damos para leer? ¿Cuánto le damos para leer? ¿Y qué hacemos con lo que leemos?”, planteó.
En esa línea, apeló a una frase conocida de Jorge Luis Borges: “No puedo obligar a nadie a ser feliz”. Y explicó que si un texto no interesa, no tiene sentido para el estudiante o no le encuentra utilidad, la motivación se cae. En cambio, cuando el material conecta con sus experiencias o emociones, la relación con la lectura cambia por completo.
“Cuando busco algo que tenga relación con la vida de ellos, algo quizás más breve, algo que tenga que ver con sus emociones donde ellos se sienten identificados con el personaje, creo que por ahí también cambia un poco la mirada de la lectura”, sostuvo.
Pantallas, todo rápido y poco sueño
Dos Santos también apuntó a la tecnología como un factor que modifica los hábitos. “Ellos están mucho con la tecnología, leen cosas más breves, es todo rápido”, describió.
Según la docente, hoy cualquier dato se resuelve en segundos desde el celular: “Todo lo que quieran saber lo miran en el celular y en dos segundos saben”.
Pero hay otro problema que la preocupa y que, según contó, ve seguido entre sus alumnos: la falta de descanso. “Los chicos casi no duermen”, advirtió. Cuando les preguntó cuántas horas dormían, la respuesta la sorprendió: “Algunos me dijeron tres horas, profe”.
Por eso remarcó la necesidad de que la familia ponga límites al uso de las pantallas. “Falta familia que le diga ‘bueno, a ver cuánto tiempo de uso a la tecnología’. Tienen que dormir por lo menos ocho horas”, afirmó.
Cambiar la metodología, no los chicos
Para Dos Santos, el problema no está en los estudiantes sino en cómo se enseña. “Creo que acá lo que hay que cambiar es la metodología”, dijo, y agregó que “nosotros seguimos con la metodología de mis profesores hace ya varios años atrás”.
Como ejemplo de lo que sí funciona, contó que algunos alumnos crearon videojuegos basados en obras literarias. “El año pasado, por ejemplo, cuentos de Horacio Quiroga, hicieron, participaron en concursos, ganaron”, relató.
También rechazó la idea de que leer sea una actividad pasiva. Recordó el contraste que se da cuando anuncia una lectura en clase: “‘¿Qué vamos a hacer hoy, profe? Vamos a leer’. ‘Ay, no, no vamos a hacer nada’, me dicen. ¿Cómo que nada?”, contó.
A pesar del panorama que dejan los resultados educativos, la docente prefiere mirar el lado positivo. “Yo miro siempre el vaso más lleno que vacío”, expresó.
Y cerró con un desafío para sus colegas: “Creo que nosotros como docentes tenemos que cambiar nuestra metodología, tenemos que innovar y tenemos que adaptarnos a todo esto que se te viene”.