Una enfermera contó por qué marchó en Paraná y el dato que casi nadie menciona
Una enfermera de salud mental marchó en Paraná con una historia personal que estremeció a todos. Lo que dijo sobre los varones y la ayuda que nadie pide.
La tarde del sábado en Paraná tuvo un color distinto. Decenas de vecinos se concentraron en la Plaza de las Colectividades para marchar por la salud mental en el marco de septiembre, el mes de la prevención del suicidio. Con carteles, globos y prendas amarillas, el mensaje central fue claro: "Hablar salva".
La convocatoria, impulsada por el Colegio de Psicólogos de Entre Ríos junto a la Municipalidad, buscó visibilizar una problemática que, según los organizadores, sigue siendo tabú. "Esta es una manera de visibilizar que la vida vale y que podemos ayudar en comunidad", expresó una de las profesionales presentes.
Una historia que marcó la jornada
Entre los participantes, una enfermera de salud mental tomó la palabra con una historia personal que conmovió a todos. "Mi hermano se suicidó cuando tenía 23 años y después de eso nuestra vida no fue la misma", relató. Desde entonces, se dedica a la prevención en escuelas, hablando con los chicos sobre emociones.
Su testimonio puso el foco en una realidad que suele pasarse por alto: "El 80% de los suicidios son de varones", afirmó, y remarcó la necesidad de que los hombres aprendan a pedir ayuda y no guarden sus sentimientos. "No solo marcho por mi hermano. Creo que cuando hacemos esto como sociedad, estamos tendiendo lazos", agregó.
Pedir ayuda y estar presentes
Los psicólogos presentes insistieron en la importancia de entendernos como seres en sociedad y no "como islas individuales". Emanuel Cáceres, de la Secretaría Científica del Colegio de Psicólogos de Entre Ríos, explicó que la iniciativa surgió para "visibilizar la problemática de salud pública" y dejar de pensarnos aislados.
La fe también tuvo su espacio. "Marchamos por la vida. Sabemos que hay muchas personas en su soledad, problemas y depresión que no encuentran una salida, pero siempre hay alguien que escucha y ayuda. Principalmente Dios y siempre hay una oportunidad de vivir", sostuvieron algunos participantes. Otra vecina pidió por "las personas que no pudieron ser escuchadas y por las que hoy quieren ser escuchadas".
El cierre fue con un gesto simbólico: niños plantaron un árbol mientras se leía una carta con un mensaje que quedó flotando en el aire: "No estás solo".