Una estudiante denunció una violación en grupo en una fraternidad de élite: lo que revelan los mensajes que nadie vio

Una estudiante de Cornell despertó después de una fiesta de fraternidad sin recordar todo. Durante semanas se rió, se avergonzó y les dijo a sus amigas que no había pasado nada. Los mensajes que intercambió después, revelados ahora, cuentan otra historia.

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Una estudiante denunció una violación en grupo en una fraternidad de élite: lo que revelan los mensajes que nadie vio
Una estudiante denunció una violación en grupo en una fraternidad de élite: lo que revelan los mensajes que nadie vio

Una estudiante de segundo año de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, pasó tres semanas convencida de que debía avergonzarse de lo que había vivido en una fiesta de la fraternidad Chi Phi. Los expedientes internos del caso, revelados ahora, muestran cómo cambió su relato: primero se rió, después lloró, y finalmente denunció una agresión sexual en grupo.

Los documentos fueron recopilados durante el proceso del Título IX, el mecanismo que garantiza el cumplimiento de las leyes federales de derechos civiles en las universidades estadounidenses. Son cientos de páginas de correos, mensajes de texto, fotos y entrevistas con la joven —identificada como Jane Doe—, sus amigas y los hombres a los que acusó. El diario The New York Times accedió a ese material y lo publicó por primera vez.

El caso estalló en octubre de 2024 en Cornell, una de las universidades más prestigiosas del país. La joven denunció que fue agredida sexualmente por varios miembros de Chi Phi y que fue obligada a consumir ketamina. La Justicia penal no avanzó: el fiscal de distrito del condado de Tompkins, Matthew Van Houten, revisó la denuncia y se negó a presentar cargos por falta de pruebas suficientes. El 16 de septiembre, Jane Doe presentó una demanda civil contra siete hombres. Los abogados de al menos tres de los acusados negaron los delitos; el resto no se pronunció públicamente.

La noche que cambió todo

La fiesta en Chi Phi comenzó el 19 de octubre de 2024. A las 3:05 de la madrugada del día siguiente, una de las compañeras de cuarto de Jane Doe le escribió: “¿Vienes a casa esta noche?”. Cuatro minutos después, la respuesta fue que no sabía. La compañera se fue a dormir y, al despertarse a las 11, subió una foto de su habitación vacía a Snapchat: “Solo yo regresé a casa”.

Cerca de las 11:15, Jane Doe llegó al departamento con las mismas “botas grandes y vestido pequeño” de la noche anterior. Les contó a sus dos compañeras que había consumido ketamina y había tenido relaciones con varios hombres. Todavía no usaba las palabras “violación” ni “agresión”, según los registros. Una de ellas la describió a los investigadores como “en estado de shock”, “sin entender realmente la gravedad de lo que decía”.

Al día siguiente, Jane Doe buscó a su mentora —la “hermana mayor” de la hermandad Tri-Delta— y le contó que circulaba el rumor de que era una “zorra”. Según el testimonio de la mentora, lo dijo riéndose y agregó: “Lamentablemente son ciertos”. La mujer declaró que, por experiencias propias, entendió que la chica todavía no había procesado lo ocurrido.

Mensajes que la justicia no usó

El 21 de octubre, Jonathan Newell —uno de los acusados— le escribió: “Solo quería disculparme por cómo sucedieron las cosas la otra noche”. Dijo que él y Matthew Ingalls, también señalado, se sentían mal por haber estado demasiado drogados y borrachos como para “detenerlo y echar a la gente antes de que se saliera de control”. Jane Doe lo tranquilizó: “Al fin y al cabo, nada de lo sexual fue ilegal y, honestamente, me gustó mucho estar contigo y Matt”.

Un abogado de Newell no respondió a los pedidos de comentario. El de Ingalls se negó a hablar.

El 22 de octubre, la joven fue a Cornell Health por una infección urinaria y para hacerse pruebas de enfermedades de transmisión sexual. Le dijo a la médica que la infección la había contraído “de una forma traumática”, según la transcripción de su declaración. “En realidad no le dio seguimiento a eso”, se quejó después. “Solo sugirió que fuera a terapia”.

El 23 de octubre le escribió a Ingalls: “Bro, todo el mundo lo sabe”. Le dijo que el episodio estaba “ARRUINANDO mi vida temporalmente”, que su reputación estaba destruida y que solo podía “dormir y llorar todo el día”. Él le respondió que todo pasaría pronto, que en esa escuela las tonterías se propagaban rápido y que ella no tenía “nada de qué avergonzarse”. “Tienes razón”, contestó Jane Doe. “Mejorará”.

Esa semana, la mentora de la hermandad recibió un mensaje: “¿Has escuchado el rumor sobre tu hermana menor?”. Mientras tanto, Jane Doe le había dado una instrucción estricta a una de sus compañeras: “Si alguien pregunta sobre esto, di que no pasó”. La compañera contó que al principio la joven “medio lo relataba como si fuera una locura que había hecho”, pero que con los días “se dio cuenta de que era algo malo. Y de que realmente no disfrutó su tiempo allí”.

El foro, la fiesta y el cambio de relato

El 25 de octubre, Ingalls le preguntó si estaba bien. Jane Doe le respondió que Newell “definitivamente le había contado a la gente”. Días después le envió la captura de un foro anónimo donde se acusaba a Chi Phi de violación en grupo. “???”, escribió. “Ridículo”, contestó él. “Voy a denunciar eso”.

Esa publicación fue el punto de quiebre. “Esa fue la primera vez que escuché que el relato cambiaba, que yo no era una ramera y que fui agredida”, declaró Jane Doe a los investigadores, según los documentos. Hasta entonces, había contado lo ocurrido sin identificarse como víctima y había intercambiado mensajes amistosos con los acusados.

Hacia fines de octubre, su versión ya era otra. Una compañera de cuarto escuchó a escondidas una llamada entre Jane Doe e Ingalls en la que él se disculpaba. Pero ella ya no le restó importancia: “¿Cómo pudiste dejar que esto pasara?”, le dijo. La amiga declaró que Jane Doe había sufrido una agresión sexual antes, lo que le dificultaba hablar del tema. “Tenía conversaciones y ella describía una parte de lo que pasó y yo le decía que eso es lo que podría clasificarse como violación”, contó.

Para Halloween, Chi Phi organizaba una fiesta y Jane Doe quería ir. Ingalls le escribió que era bienvenida: “Chi Phi es tu casa y eres bienvenida aquí”, le dijo, transmitiendo la postura del presidente de la fraternidad, que no está entre los acusados. “Gracias, realmente lo aprecio. <3 llevaré mis cigarros mañana”, respondió ella. Pero después recibió una llamada del presidente: la invitación quedaba retirada. Era por su propio bien, le dijo.

Jane Doe le escribió a Ingalls con dureza: “Sabía que esto iba a pasar. La mujer siempre se llevará la peor parte. Ustedes no son mis amigos. Se están cubriendo el trasero”.

El 3 de noviembre, le mandó un mensaje a Newell: “Seamos claros: el 90 por ciento de lo que pasó esa noche no fue consensuado. Me dieron más keta de la que puedo recordar y sé que te dije que me sentía incómoda y que no conocía a nadie en la habitación”. Agregó que uno de sus únicos recuerdos era consumir ketamina de su pene “delante de todos como una muñeca sexual/trabajadora sexual”.

Cuatro días después, el 7 de noviembre, fue a una sala de emergencias en Ithaca y pidió un kit de violación.

El caso derivó en al menos una decena de audiencias del comité del Título IX de Cornell. Los expedientes, que hasta ahora no se conocían públicamente, muestran el recorrido íntimo de una estudiante que pasó de la vergüenza al reclamo, en medio de un debate que sigue abierto en las universidades de Estados Unidos: a quién se le cree, a quién se le protege y si algo cambió de verdad.

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