Una frase en un cuaderno escolar desató una intervención urgente que nadie vio venir

Una simple tarea escolar reveló algo que nadie esperaba. ¿Cómo una frase escrita por un niño de siete años movilizó a una familia, una escuela y un equipo médico en una intervención urgente? Los detalles de un caso que expone un problema creciente.

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Una frase en un cuaderno escolar desató una intervención urgente que nadie vio venir

Un cuaderno escolar con una frase desgarradora encendió todas las alarmas y movilizó a una familia, la escuela y un equipo médico en una intervención urgente. La historia de Simón, un niño de siete años, revela cómo señales sutiles pueden esconder un sufrimiento profundo y pone sobre la mesa un problema creciente en la infancia.

Todo comenzó cuando Simón, que recién empezaba a escribir en cursiva, recibió la consigna habitual de contar qué había hecho durante las vacaciones de verano. Mientras sus compañeros relataban juegos, viajes o cumpleaños, él escribió una sola frase: “No quiero vivir más”. La reacción de su maestra fue inmediata. Conmovida por el mensaje, se comunicó con la familia.

¿Qué pasaba con Simón?

Hacía semanas que el niño mostraba cambios preocupantes: lloraba sin motivo aparente, comía poco, dormía mal y se aislaba en el aula. Ya casi no jugaba en los recreos. En su casa, su mamá, Mónica, intuía que algo no estaba bien, pero no imaginaba la gravedad. La familia, que vive en José C. Paz, decidió consultar tras la advertencia escolar.

Al día siguiente, por recomendación de un familiar, acudieron a la guardia de salud mental de un hospital porteño. Allí, los profesionales detectaron un cuadro alarmante: pérdida de peso, angustia persistente y pensamientos de muerte. Simón incluso llegó a contar que tenía un plan suicida.

Un trabajo conjunto que marcó la diferencia

A partir de ese momento, se activó un trabajo conjunto entre el equipo médico, la escuela y su entorno familiar. Con acompañamiento y seguimiento, el niño comenzó a mostrar mejoras: volvió a jugar, recuperó el apetito y logró dormir mejor. “Aprendimos a ver señales”, resumió su madre, Mónica.

¿Es un caso aislado?

La historia de Simón no es un caso aislado. Según datos del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la UCA, el 18,1% de niñas, niños y adolescentes de entre 5 y 17 años presentó en 2025 síntomas frecuentes de tristeza o ansiedad, de acuerdo con la percepción de los adultos responsables. En otras palabras, casi dos de cada diez chicos atraviesan algún tipo de malestar emocional.

El informe también muestra diferencias por edad: afecta al 16,1% de los niños de entre 5 y 12 años, pero asciende al 21,2% en adolescentes. Este indicador refiere a señales persistentes como tristeza, ansiedad o desánimo que impactan en la vida cotidiana.

¿Qué dicen los especialistas?

La investigadora Ianina Tuñón, responsable del estudio, advierte que este tipo de malestar no solo afecta el estado de ánimo, sino también el desarrollo integral: puede generar dificultades de aprendizaje, problemas para establecer vínculos y situaciones de aislamiento.

La psiquiatra infantojuvenil Silvia Ongini, del Hospital de Clínicas, coincide en que uno de los aspectos más preocupantes es la edad en la que comienzan a aparecer estos síntomas. Lejos de ser un fenómeno exclusivo de la adolescencia, cada vez se registran más casos en niños pequeños. Según explica, es frecuente ver chicos de 5 o 6 años que dejan de jugar, se muestran retraídos, lloran sin causa aparente o rechazan asistir a la escuela.

¿Cómo se manifiesta este malestar?

La depresión o la ansiedad en la infancia no siempre aparece como tristeza visible. Ongini detalla que puede expresarse a través de irritabilidad, alteraciones del sueño, falta de apetito, aislamiento y pérdida del interés por jugar. La psiquiatra agrega un dato clave: el retraso en la adquisición del lenguaje puede ser un semáforo rojo, ya que muchas veces está asociado a dificultades emocionales o vinculares tempranas.

¿Qué señales deberían alertar?

Los profesionales recomiendan prestar atención cuando un niño deja de jugar o se aísla, llora con frecuencia sin causa clara, no quiere ir al colegio, presenta cambios en el sueño o la alimentación, pierde interés por actividades habituales o expresa deseos de desaparecer o no existir. Muchas veces, advierte Ongini, estos cambios se interpretan como timidez o problemas de conducta cuando en realidad pueden expresar sufrimiento emocional.

¿Hay diferencias según el contexto social?

El informe muestra una brecha marcada: 20,7% de malestar emocional en estratos muy bajos, frente a un 10,6% en niveles medio altos. En ese sentido, Tuñón, socióloga y doctora en Ciencias Sociales, sostiene que el informe revela “una de las dimensiones más invisibilizadas de la pobreza infantil”.

Aclara que esa desigualdad se ve sobre todo en los chicos de nivel primario. En los adolescentes, en cambio, esos padecimientos son más transversales y afectan de forma similar a los sectores bajos y medios. No existe una causa única detrás de ese fenómeno, pero sí condiciones que incrementan la vulnerabilidad. Los chicos de sectores más vulnerables suelen tener menos oportunidades de integración social: dificultades para participar en actividades recreativas, invitar amigos o sostener vínculos fuera de la escuela.

¿Qué ayuda realmente a un chico en estas situaciones?

Los profesionales coinciden en algo central: la intervención temprana cambia el pronóstico. Las estrategias más efectivas combinan acompañamiento familiar, intervención escolar, espacios terapéuticos y fortalecimiento de vínculos. El caso de Simón, con su mejora tras la detección y acción coordinada, es un ejemplo de ello.

El tema volvió a cobrar relevancia en las últimas horas tras el caso de Maitena, la adolescente de 14 años que fue hallada sin vida luego de una intensa búsqueda. Aunque la investigación sigue en curso, la presencia de cartas de despedida reavivó la preocupación social sobre la salud mental en niños y adolescentes. En ese contexto, la historia de Simón pone el foco en la importancia de detectar señales a tiempo y actuar de manera temprana.

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