Una gatita la despertó a las 3 de la mañana y le salvó la vida

Una mujer de Misiones venció el cáncer de mama y hoy volvió a navegar. Su historia cambió la vida de otras mujeres de su entorno: muchas se hicieron estudios después de escucharla. Lo que descubrió en el río, después de todo, es lo que más la sorprende.

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Una gatita la despertó a las 3 de la mañana y le salvó la vida
Una gatita la despertó a las 3 de la mañana y le salvó la vida

Leandra Burtnik es instructora de vela en OptiNic y enseña stand up paddle en la zona náutica de El Brete. El año pasado, un diagnóstico de cáncer de mama le cambió la vida. Pero la detección llegó de una forma inesperada: su gata, al saltar sobre ella mientras dormía, le hizo notar un bulto en el pecho. Ese hecho fortuito fue el punto de partida de una batalla que hoy la encuentra de vuelta en el río, enseñando y compitiendo.

El hallazgo que lo cambió todo

Leandra recuerda que la noche del descubrimiento la gata se subió a su pecho y le provocó dolor. Al tocarse, encontró un bulto. Aunque no le correspondía hacerse controles en ese momento, decidió consultar. Una amiga que trabajaba en un instituto de diagnóstico por imágenes le dijo sin vueltas: “Vení”.

Después llegaron las consultas con la mastóloga, los estudios y la biopsia. “La palabra biopsia me desarmó. Ahí me di cuenta de que ya no era un bulto normal, que no era el quistecito que todos los años te dicen que es normal”, contó.

El tratamiento y la red de afecto

Leandra atravesó una cirugía y sesiones de radioterapia. Los ganglios dieron negativo y no necesitó quimioterapia. Destacó el acompañamiento de su doctora, Laura Ruiz Díaz, y el de su pareja, Nicolás Dasso, que estuvo a su lado todo el tiempo.

Durante el tratamiento tuvo que limitar la exposición al sol. Para alguien que pasaba el día sobre el Paraná, fue un cambio enorme. Igual siguió yendo al club: “Yo estaba todo el día en el club. No me quería ir, prácticamente me iba a mi casa solo a dormir”.

Mientras ella estaba bajo techo, sus compañeros de remada se hicieron cargo de los grupos y sacaron a los alumnos al agua todos los días. “Mucha gente que remaba conmigo se puso el grupo al hombro. Ahí me di cuenta de qué importante es la presencia de alguien en la vida de otra persona”, reflexionó.

Volver a navegar y llorar de felicidad

En agosto, el mismo día en que debía retirar los resultados médicos, recibió la noticia de que su papá había fallecido. Viajó a Apóstoles para despedirlo y buscó los estudios el lunes siguiente. Los resultados confirmaron que los ganglios estaban libres de enfermedad. Leandra encontró un sentido íntimo en esa coincidencia: “Sentí como que mi papá se había llevado lo poquito malo que podía tener yo”, recordó.

A fines de octubre recibió el alta de esa etapa y el 1 de noviembre volvió a competir en el campeonato aniversario de Optinic. Ganó. “Fue pensar que se puede, cuando yo creía que no iba a poder”, señaló.

El regreso al agua también tuvo un costado íntimo. Muchas veces, cuando sale a navegar, llora. “En un momento tomé conciencia de que yo no me iba a morir, de que iba a seguir. Era como comprobar que la vida continúa. Mucho tiempo, cuando salía al agua, iba en el gomón y lloraba. Lloraba sola, obviamente de felicidad”, contó.

Un mensaje para otras mujeres

En el marco del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, que se conmemora el 19 de octubre, Leandra destacó que su experiencia sirvió para que otras mujeres de su entorno se hicieran estudios. “Mucha gente decía: ‘Lea es la más sana de todos nosotros y tiene cáncer’. Y entonces se fueron a hacer los estudios”, relató.

Por eso insistió en la importancia de los controles médicos y de consultar ante cualquier cambio. También alentó a quienes atraviesan un diagnóstico a buscar compañía y sostener las actividades que les hacen bien. “Que se agarren de algo lindo, de lo que más les agrada en la vida. Que no se dejen caer”, recomendó.

Hoy Leandra sigue con controles y un tratamiento previsto por cinco años. Volvió a competir, a enseñar y a navegar. Y aunque todavía siente temor ante algún cambio físico, puede mirar hacia atrás y reconocer lo que la ayudó a seguir: la atención médica, el deporte, el amor de Nico y el afecto de una comunidad que nunca la dejó sola.

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