Una joven de 22 años pelea contra el cáncer y lo que le hicieron con su cobertura médica es indignante

Con solo 22 años, lleva cinco luchando contra un cáncer. Justo cuando más lo necesitaba, su cobertura médica desapareció. ¿Cómo logró seguir adelante y qué es lo que ahora la tiene al borde de un procedimiento crucial?

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Una joven de 22 años pelea contra el cáncer y lo que le hicieron con su cobertura médica es indignante

Erika Ferreyra, de 22 años, enfrenta una batalla de cinco años contra un Linfoma de Hodgkin, pero su lucha se volvió aún más dura cuando perdió su cobertura médica en medio del tratamiento. La joven, residente en Glew, relató a LANOTICIA1.COM cómo una decisión familiar para mantener su atención derivó en lo que ella califica como una “estafa”, dejándola sin seguro en un momento crítico.

Todo comenzó cuando le diagnosticaron la enfermedad a los 17 años. En ese momento, contaba con la prepaga de su padre e inició un tratamiento con quimioterapia. Los médicos le anticiparon desde el principio que el proceso culminaría con un trasplante de médula ósea.

Erika

Sin embargo, cuando llegó el momento del trasplante, empezaron los problemas. “Me daban muchas vueltas con la medicación y con el trasplante. Me ponían trabas para todo”, recuerda Erika. La situación se complicó aún más con un golpe personal devastador: la muerte de su padre durante la pandemia por Covid-19.

¿Cómo quedó sin cobertura médica?

La pérdida de su padre, quien era el principal sostén económico, hizo imposible para la familia afrontar el costo del plan familiar de la prepaga. Evaluaron dar de baja a todos los integrantes y mantener únicamente la cobertura de Erika para que continuara con su tratamiento.

Según su relato, desde la empresa les indicaron que debían dar de baja el plan familiar y que luego ella podría adherirse de manera individual. “Accedimos porque no podíamos pagar todo”, cuenta. Pero eso no ocurrió. Erika asegura que no le dieron la posibilidad de volver a incorporarse y quedó sin cobertura en pleno tratamiento. “Fue como una estafa”, afirma.

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Durante más de un año dejó de tratarse. “Me sentía bien entre comillas, porque las quimios habían hecho efecto, pero me faltaba el trasplante”, explica. Sin embargo, la enfermedad volvió con fuerza. “La recaída fue fuerte. No podía caminar, había bajado mucho de peso, tenía ganglios por todo el cuerpo. Pensé que podía ser otra cosa, pero era lo mismo”, relata.

El difícil camino en el sistema público

Sin cobertura médica y sin posibilidad de sostener un trabajo formal, Erika comenzó a buscar atención en hospitales públicos. El camino no fue sencillo. “En algunos lugares me querían hacer todo de nuevo desde cero, biopsias y estudios que yo ya tenía”, cuenta.

Finalmente, logró ingresar al Hospital María Curie, donde llegó por guardia en un estado delicado. “No podía caminar, estaba muy débil. Me internaron directamente y me tuvieron que transfundir”, recuerda. Allí le realizaron estudios, confirmaron el diagnóstico y volvió a iniciar el tratamiento.

Erika

Durante varios meses recibió quimioterapia y una medicación específica utilizada en tratamientos oncológicos. Tras ese proceso, logró una remisión completa. Pero los médicos fueron claros: el tratamiento no termina ahí. “La quimio va de la mano del trasplante. No se puede obviar. Si no lo hago, en unos meses puede volver y ya no es lo mismo”, explica.

La espera del trasplante y un nuevo desafío

Ahora, Erika espera la fecha para el autotrasplante de médula ósea, que se realizará en el Hospital San Martín de La Plata. “Me dijeron que puede ser esta semana o la que viene. Estoy esperando el llamado”, cuenta. El procedimiento implica una internación prolongada, de más de un mes, con aislamiento durante los primeros días.

Pero además del desafío médico, aparece el económico. Erika y su familia viven en Glew, a unas dos horas de La Plata, lo que hace inviable viajar todos los días. “No se puede ir y volver. Mi mamá y mi pareja me van a acompañar, pero eso implica que dejen de trabajar”, señala. Su madre es empleada doméstica y su pareja realiza trabajos informales. “Es lo que usamos para vivir el día a día. Si dejan de trabajar, nos quedamos sin nada”, resume.

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Por eso, decidió hacer público su caso y pedir ayuda para poder afrontar los gastos de traslado, estadía y alimentación durante el proceso. “Me manejo con publicaciones en redes para poder juntar algo. Todo suma”, dice. Quienes quieran colaborar pueden hacerlo a través del alias Erikaferreyra0411, a nombre de Erika Carolina Ferreyra.

La enfermedad también impactó en su vida cotidiana. Tuvo que dejar el colegio cuando estaba en el último año. “Dejé todo. Venía con síntomas y después con el diagnóstico ya no pude seguir”, cuenta. Hoy, mientras espera el trasplante, convive con una mezcla de sensaciones. “Es una mezcla de todo: miedo, nervios, pero también ganas”, expresa. Y deja una frase que resume su presente: “Hay que aprovechar ahora, es ahora o nunca”.

Érika

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