Una maestra sola junto a una cruz de palo: 56 años después, mirá lo que se levantó en ese mismo cerro

Una maestra sola sostenía una cruz de palo atada con alambre en lo alto del Calvario. Medio siglo después, en ese mismo cerro, se levantó algo que nadie imaginaba. ¿Quién mantuvo viva esa fe cuando no había Estado ni arquitectos?

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Una maestra sola junto a una cruz de palo: 56 años después, mirá lo que se levantó en ese mismo cerro
Una maestra sola junto a una cruz de palo: 56 años después, mirá lo que se levantó en ese mismo cerro

En 1970, una joven maestra entrerriana posaba junto a una cruz rústica de troncos sin cepillar en el Cerro Calvario de Huinganco. Cincuenta y seis años más tarde, en ese mismo mirador, el Estado inauguró un monumento que cambió para siempre el paisaje del norte neuquino.

La historia no arrancó el 10 de octubre de 2026, cuando el gobernador Rolando Figueroa cortó la cinta del Sagrado Corazón de Jesús. Empezó mucho antes, con una estructura de palo atada con alambre, una base de piedras apiladas a mano y una mujer que se animó a sostenerla sola en lo alto del cerro.

La foto que rescató en sus redes el historiador Isidro Belver, referente del norte neuquino, muestra a Cristina Leiva junto a la primitiva Cruz del Calvario. Recién llegada a la Escuela 76 —conocida históricamente como Escuela Infantil Mixta 76 o "la escuela de Figueroa", por su primer maestro Temístocles Figueroa—, la docente posa con la Cordillera del Viento nevada de fondo y un valle que todavía no tenía los bosques que hoy lo enmarcan.

Esa imagen mínima funciona como el acta fundacional de la fe en ese cerro.

El cerro que siempre fue altar

El Cerrito del Calvario no fue una elección casual. Su vista de 360 grados domina todo el valle de Huinganco, el Cerro San Pedro y la Cordillera del Viento. Se presume que ese mirador natural ya era considerado sagrado por las generaciones anteriores a la llegada de la cruz católica.

Quien consolidó la devoción fue Doña Ramona Sánchez, esposa de Temístocles Figueroa, director de la Escuela 76 y primer maestro nativo neuquino. Ramona impulsó la colocación y el mantenimiento de aquella primera cruz, instaló en su casa y en el pueblo la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y organizaba las peregrinaciones de cada Viernes Santo.

Una segunda fotografía del archivo de Belver, tomada apenas unos años después, muestra el Calvario convertido en punto de encuentro familiar y de oración. Allí aparecen Marta Parra, hija de Óscar Parra y Clotilde Mella; Yolanda Fuentes, la querida "Rosa de Mayo"; la propia Ramona Sánchez; Rogelio Figueroa, intendente histórico de Huinganco entre 1964 y 1987 y creador del Vivero y los Bosques Municipales que hoy rodean el monumento; Pedrito Schatt, hijo de mineros; y las pequeñas Verónica y Violeta Parra.

Ya no se trataba de una cruz solitaria: era un santuario popular.

Del esfuerzo anónimo a la obra del Camino de la Fe

Ese trabajo sostenido por familias como los Parra, Figueroa, Flütsch y Schatt fue el que el gobierno provincial decidió jerarquizar. El 10 de octubre, con la presencia del gobernador Rolando Figueroa, quedó inaugurado el Monumento al Sagrado Corazón de Jesús, obra del arquitecto y escultor Alejandro Santana, autor del Vía Christi y el Cristo Luz de Junín de los Andes.

El resultado reemplazó la cruz de palo por un Cristo caminante de casi 5 metros, tejido en malla metálica, con el corazón rojo sobre el pecho y el cayado de pastor trashumante en la mano. La figura representa la identidad pastoril, minera y forestal de Huinganco. Detrás se alza una Cruz de San Damián de más de 12 metros, revestida en madera de coihue.

Hay un detalle que conecta todo: el piso. Los baldosones de la plataforma reproducen una figura destacada de los petroglifos de Colo Michi Co, el parque arqueológico con más de 600 grabados de 1500 años de antigüedad. El cristianismo se apoya sobre la memoria ancestral pehuenche. Fe, arte y territorio en un mismo punto.

La obra integra ahora a Huinganco al Camino de la Fe, el corredor de turismo religioso de más de 700 kilómetros que unirá Ailinco con Villa La Angostura, a lo largo de 20 pueblos y 20 lagos.

"No se inventó un lugar sagrado, se reconoció uno que siempre existió"

Para Belver, el círculo se cierra con coherencia. "Aquella cruz rústica de 1970 que vemos en la foto de Cristina Leiva era la fe pura del pueblo, sin Estado ni arquitectos. La mantenía gente como Ramona Sánchez. Que hoy, 56 años después, en ese mismo lugar se levante esta obra de Santana jerarquiza de sobremanera al Jardín del Neuquén", afirmó el historiador.

Y agregó: "No se inventó un lugar sagrado, se reconoció uno que siempre existió. El Calvario siempre fue nuestro punto de oración y de observación del valle".

De una maestra sola junto a un palo a una multitud de 300 personas bajo un Cristo de alambre. La misma fe, el mismo cerro, 56 años después.

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