Una marca histórica del calzado femenino se declara insolvente tras acumular cheques rechazados por millones
¿Cómo una marca que llegó a tener más de 25 locales y producción propia terminó con 64 cheques rechazados y sin poder pagar a sus empleados? Los detalles de una estrategia que buscó salvarla pero terminó acelerando su caída.
La empresa dueña de la marca Viamo entró en concurso preventivo de acreedores tras admitir que ya no puede pagar sus deudas, salarios ni compromisos corrientes. La firma, fundada en 1988, acumula 64 cheques rechazados por más de $85 millones y dejó de pagar un crédito de $81,9 millones con el ICBC a fines del año pasado.
El punto de quiebre llegó cuando la compañía declaró la imposibilidad de cumplir con sus obligaciones financieras. En su presentación al concurso, reconoció que el estado de cesación de pagos se volvió irreversible, a pesar de haber intentado sostener la operación mediante refinanciaciones, financiamiento fiscal y postergación de deudas.
¿Cómo llegó una marca emblemática a esta situación?
Viamo, fundada por los hermanos Alfredo, Pablo y Rodolfo Chiodini, llegó a ser una de las marcas más reconocidas de calzado femenino en Argentina. Contaba con una red de más de 25 locales y producción propia, combinando diseño y fabricación local con expansión comercial en distintos puntos del país.
Sin embargo, ese esquema comenzó a resquebrajarse con la caída del consumo y el cambio de las condiciones del mercado. El año pasado, la empresa avanzó con más de 30 despidos en su planta de Capital Federal, redujo drásticamente su personal y cerró varios locales.
Hoy, la estructura es mucho más pequeña: la empresa cuenta con 77 empleados registrados y concentra su operación en su casa matriz, administración y planta industrial ubicadas sobre Avenida Lisandro de la Torre, en la Ciudad de Buenos Aires. Además, mantiene locales propios en Aguirre (CABA), La Plata, Florida Premium Outlet (Munro), Munro Mega Outlet, Plaza Oeste (Castelar) y Unicenter (Martínez), junto con un depósito logístico en Lomas del Mirador.
El giro hacia las importaciones que no funcionó
Uno de los puntos más relevantes del expediente es el cambio de estrategia que intentó la empresa para adaptarse al nuevo escenario. Frente a la pérdida de competitividad de la producción local, comenzó a importar calzado desde China, Brasil y España, con la idea de combinarlo con fabricación propia.
El argumento era claro: un producto importado podía costar entre un 30% y un 40% menos que uno nacional de similares características. Esa diferencia empujó a reemplazar producción local por mercadería del exterior en proporciones crecientes. “El objetivo era realizar un mix que permitiera subvencionar la producción”, explica la empresa.
Pero el plan no funcionó. La caída del consumo terminó anulando cualquier mejora de costos y dejó a la firma con mercadería acumulada, ventas en retroceso y estructura sobredimensionada. “La realidad fue muy diferente a la esperada”, reconoce la compañía en su presentación.
Ventas en caída libre y sobrestock asfixiante
La empresa detalla que el desplome del mercado fue el factor decisivo que la llevó al concurso. Según describe, la caída del consumo “posee un agravamiento intenso y constante durante todo el año 2025” y llegó a niveles de hasta el 50%.
Para sostenerse, la firma recurrió a una batería de medidas: refinanciación de deudas, financiamiento fiscal, despidos y suspensiones, liquidación de stock “a costo” y promociones agresivas para generar liquidez. “Todo ello tendiente a preservar la fuente de trabajo y la continuidad empresaria”, sostiene.
Sin embargo, el resultado fue el contrario. La empresa terminó con un volumen de mercadería sin precedentes. “Nuestros depósitos se encontraron colmados de mercadería que el mercado no logra absorber”, admite, en referencia a un sobrestock que terminó asfixiando su capital de trabajo y acelerando el deterioro financiero.
Una industria en retroceso terminal
El caso de Viamo no es aislado. La propia empresa describe una “crisis terminal” del sector hacia comienzos de 2026, con una caída del consumo cercana al 40%, más de 16.000 empleos perdidos y el cierre de unas 500 fábricas en los últimos meses.
En ese contexto, cada vez más compañías optan por abandonar la producción local y reconvertirse en importadoras. Esta misma semana, la histórica marca John Foos anunció el cierre de su planta en Beccar, en San Isidro, donde aún trabajaban unas 50 personas, y confirmó que pasará a importar zapatillas terminadas desde Asia.
El proceso refleja con claridad la dinámica del sector: John Foos llegó a tener cerca de 400 empleados en 2023, redujo su plantilla de manera progresiva y ahora avanzará con la desvinculación de la mayoría de los trabajadores que quedaban en la fábrica. La producción local será discontinuada por completo y la operación quedará limitada a una estructura administrativa y comercial.
En el caso de Viamo, el objetivo del concurso de acreedores es claro: “preservar la continuidad de la empresa en marcha”, tal como establece la ley. Mientras tanto, la marca que supo tener más de 25 locales y una fuerte presencia en el mercado local enfrenta un momento bisagra. El resultado del proceso concursal definirá si logra reestructurarse o se suma a la lista de empresas que no pudieron sobrevivir a la crisis del calzado en Argentina.