Una misionera creó una pulsera que no predice las crisis, pero hace algo que cambia todo de noche

La pulsera no predice las crisis epilépticas, pero hace algo que las familias esperaban desde hace años. Lo que probaron durante tres noches seguidas y el dato que todavía no se animan a confirmar.

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Una misionera creó una pulsera que no predice las crisis, pero hace algo que cambia todo de noche
Una misionera creó una pulsera que no predice las crisis, pero hace algo que cambia todo de noche

Lucía Giuffrida, nacida en Posadas y estudiante de Ingeniería Biomédica en la Universidad Nacional de Córdoba, desarrolló junto a Delfina Cid un wearable que detecta crisis epilépticas nocturnas y avisa a un contacto de emergencia. El dispositivo, llamado SafePulse, ya pasó pruebas con 30 simulaciones de ocho horas y ahora busca inversores para avanzar a la etapa clínica con pacientes.

La idea nació hace unos dos años, cuando Ivana García, directora de la Fundación Espacio Epilepsia, les planteó una situación que se repite en miles de hogares: las crisis epilépticas suelen aparecer durante la noche y las familias viven con el temor de no darse cuenta a tiempo.

“Ella nos presentó un problema, nos decía que las crisis epilépticas se dan mayormente a la noche y que, las familias, sobre todo que tienen hijos chiquitos, les da miedo. Duermen con ellos, siempre inseguros, siempre con miedo a que tengan alguna crisis”, contó Lucía.

Qué hace exactamente la pulsera

SafePulse no anticipa una crisis: la detecta mientras está ocurriendo y lanza una alerta a un cuidador o contacto de emergencia. El sistema está diseñado para crisis tónico-clónicas, que tienen patrones de movimiento característicos.

“La pulsera lo que hace es detectar los movimientos. La crisis tónico-clónica, que es la que trabajamos nosotras, tiene patrones característicos y lo que hace el dispositivo es detectar esas frecuencias”, detalló la estudiante.

El algoritmo no reacciona ante cualquier movimiento. Antes de enviar el aviso, hace una serie de comprobaciones: si se cumple la intensidad, si hay cantidad de movimientos repetitivos y si esos patrones se repiten dos veces. “Hace ese chequeo dos veces y, si cumple con los patrones dos veces, alerta. Pero esto lo hace en segundos, o sea, lo hace muy rápido”, explicó.

El desarrollo combina sensores de movimiento, un microprocesador y una aplicación para celulares disponible por ahora en Android. Las estudiantes diseñaron la placa electrónica, la interfaz y la carcasa, fabricada con impresión 3D.

De un prototipo gigante a una pulsera

El primer prototipo era muy distinto al actual. “El inicio fue muy, muy básico. Tenía un micrófono buzzer que alertaba in situ en el reloj e hicimos todo con un Arduino Uno. Era gigante el prototipo y después empezamos con la tesis a achicarlo y ver otras opciones”, recordó Lucía.

Hoy cuentan con un único prototipo, pero ya realizaron pruebas exigentes: 30 simulaciones de ocho horas durante tres días. También lo probaron en personas sin epilepsia para evaluar comodidad y desempeño. “Lo dejamos al dispositivo en personas sanas, personas que no tienen epilepsia, que lo probaron y nos dieron su feedback. Lo probamos con la doctora también y el dispositivo funciona; no nos dio falsas alarmas”, aseguró.

Durante esas pruebas se registró un falso positivo, pero no ocurrió lo que más preocupa en este tipo de desarrollos: que una crisis simulada pase sin ser alertada. “Hicimos 30 pruebas, ocho horas seguidas, durante tres días, y no nos alertó ni una convulsión que simulamos que no fuera alertada”, subrayó.

El próximo desafío: probarlo con pacientes

El proyecto avanza hacia las pruebas clínicas junto a la doctora Flavia Nieto. Para eso necesitan fabricar más unidades y conseguir inversores. “Estamos buscando inversores porque para probarlo en pacientes necesitamos hacer varios dispositivos. Nos gustaría conseguir inversores para poder hacer esa cantidad y dárselo a la gente, para hacer la etapa clínica con muchos más datos”, explicó Giuffrida.

La idea es que los futuros usuarios también aporten su experiencia. “Queremos tener una buena base de datos de información y también un feedback de ellos: que nos digan qué podemos acomodar, qué podríamos agregarle, qué les gustó y qué no”, señaló.

A largo plazo, además de reducir el tamaño del dispositivo, buscan que la pulsera sea cómoda y amigable para los niños, con diseños personalizables que la hagan menos invasiva para usar durante la noche.

“Queremos devolverles la autonomía a las personas”

Para Lucía, el objetivo de SafePulse trasciende la tecnología: apunta a reducir la incertidumbre de las familias y permitir que las personas con epilepsia tengan una vida más independiente. Mencionó especialmente a los niños cuyos padres temen dejarlos solos de noche.

“Para el futuro esperamos poder ayudar a mucha gente, poder ayudar a esos niños que quieren irse a estudiar a otros lados y los padres están preocupados por dejarlos solos y no tener nada que los avise o los alerte”, sostuvo.

“La incertidumbre y la falta de autonomía es realmente mucha y queremos poder devolverles esa autonomía a las personas y, bueno, la tranquilidad a los padres de que por lo menos están monitorizados por algo”, concluyó.

Fotos: gentileza Lucía Giuffrida.

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