Una modificación clave en el Concejo amplía el alcance de un programa urbano: ¿qué sectores se verán beneficiados?
Una decisión del Concejo modifica las reglas para intervenir en espacios públicos degradados. Descubra cómo esta ampliación podría cambiar la cara de rincones olvidados y qué costos se evitan con esta estrategia urbana.
El Concejo municipal aprobó una modificación que amplía significativamente el programa de Plazas de Bolsillo, permitiendo ahora intervenir en sectores públicos de pequeñas dimensiones que antes estaban excluidos. Esta decisión busca transformar espacios degradados en áreas de encuentro comunitario, con un impacto directo en la calidad de vida de los vecinos.
La propuesta, impulsada por la concejala oficialista Carolina Labayrú, fue aprobada en la sesión de este jueves. Hasta el momento, la normativa establecía intervenciones principalmente en terrenos privados, aunque el municipio actuaba de oficio en predios públicos. Con la nueva reglamentación, se podrá trabajar formalmente en espacios públicos sin importar su tamaño.
La modificación extiende la posibilidad de instalar plazas de bolsillo a sectores del dominio público municipal de reducidas dimensiones. Esto incluye ochavas, franjas residuales, retiros urbanos o veredas ensanchadas que, por su estado de degradación, afectan negativamente el entorno urbano inmediato.
¿Cómo funcionará el nuevo registro?
El Departamento Ejecutivo creará un Registro de Predios para Plazas de Bolsillo. En el caso de los baldíos, se consignará información catastral, uso, condiciones y una descripción del contexto urbano donde está emplazado. Los espacios públicos de pequeño tamaño podrán ser incorporados de oficio o a solicitud de los vecinos, identificando así lugares apropiados para estas intervenciones.

¿Qué motivó esta ampliación?
El mes pasado, Labayrú explicó en Radio 2 que durante su gestión al frente de la Secretaría de Control, el intendente Pablo Javkin les pidió analizar lo que ganaba la ciudad revirtiendo los microbasurales. Se calcularon costos y se detectó que limpiar un microbasural por mes cuesta 1.480 millones de pesos, debido a los recursos humanos y logísticos involucrados.
“Hacer una plaza de bolsillo es transformar un espacio degradado en uno limpio, en un lugar de encuentro, y sale hacerla entre 10 y 13 millones de pesos”, observó Labayrú. Esto contrasta con los altos costos de limpieza repetitiva, ya que los basurales crónicos suelen ser reensuciados por los vecinos.
La idea original de transformar estos rincones pestilentes en esquinas ordenadas e higiénicas pertenece al concejal Fabricio Fiatti, quien creó el programa municipal. Según Labayrú, inicialmente se limitaba a terrenos baldíos de privados.

¿Dónde se concentran los microbasurales?
“Desde 2023, en Cercanía detectamos que la mayor parte de los microbasurales estaban ocupados en espacios públicos, esquinas donde no hay frentistas ni cerco”, manifestó Labayrú. Esto llevó a proponer incorporar normativamente los espacios públicos municipales abandonados que funcionan como depósito de residuos, muchos de los cuales ya venían siendo transformados por gestión municipal.
Labayrú señaló que esta problemática es cultural. “Cuando pensamos en cómo erradicar los basurales, comprobamos que cuando nos reunimos y hacemos parte a los vecinos se convierten en guardianes de esos lugares, son quienes lo cuidan junto a nosotros. Se despierta una conciencia colectiva”, resaltó.