Una nueva calle en Yerba Buena promete aliviar el tráfico, pero los vecinos temen un efecto contrario
Una nueva calle pretende desahogar el caótico tráfico del oeste tucumano, conectando dos puntos clave. Pero los vecinos se preguntan: ¿esta obra traerá alivio real o solo cambiará de lugar los interminables embotellamientos? Los detalles del proyecto que divide opiniones.
El crecimiento explosivo del oeste tucumano está a punto de sumar una nueva conexión vial en Yerba Buena, una obra que podría cambiar la dinámica del tránsito en una de las zonas más congestionadas. La propuesta de abrir un tramo de 120 metros entre el Camino del Perú y la calle Fanzolato genera expectativas, pero también una pregunta crucial entre los residentes: ¿realmente solucionará el problema o solo lo trasladará a otra esquina?
Cada jornada, la calle Fanzolato se convierte en un cuello de botella para miles de conductores. Esta arteria, que alguna vez fue pensada para un flujo menor, hoy es la vía clave para el ingreso y egreso de Yerba Buena desde barrios como Cebil Redondo, San José, Villa Carmela y Lomas de Tafí.
El resultado es un panorama conocido: embotellamientos extensos, demoras frustrantes y cruces complicados que se repiten puntualmente cada mañana y al caer la tarde. El tráfico se concentra en este sector para dirigirse hacia la avenida Perón y los numerosos colegios, comercios y centros de servicios de la ciudad.
¿En qué consiste el proyecto alternativo?
La alternativa que comienza a tomar forma busca crear una válvula de escape. Se trata de la apertura de una nueva calle que conectaría directamente el Camino del Perú con la Fanzolato. Este corto tramo atravesaría terrenos que hasta el momento tenían un uso predominantemente rural.
La conexión se plantea como un acceso estratégico. En teoría, ofrecería una ruta alternativa para todos aquellos vehículos que hoy deben atravesar uno de los sectores más congestionados del Camino del Perú, otro punto crítico en la red vial del Gran Tucumán.
De materializarse, la obra facilitaría significativamente el ingreso desde los barrios y urbanizaciones ubicadas en la zona de Cebil Redondo y sectores aledaños, prometiendo un recorrido más fluido para muchos vecinos.
La otra cara de la moneda: la preocupación vecinal
Sin embargo, el proyecto no llega sin interrogantes. La principal preocupación que surge entre quienes viven en el área es un posible efecto dominó. La pregunta que ronda es clara: si la calle Fanzolato ya presenta serias complicaciones de tránsito en horarios pico, ¿sumar más vehículos desde una nueva conexión no terminará por colapsarla definitivamente?
El temor es que, sin obras complementarias de infraestructura vial que acompañen esta apertura, el problema simplemente se mude de lugar. Lo que hoy es un embotellamiento en el Camino del Perú podría transformarse mañana en un nuevo punto de congestión sobre la Fanzolato, trasladando la molestia pero sin resolverla de fondo.
Este debate pone nuevamente en evidencia un problema estructural de la región. El fuerte crecimiento de barrios y desarrollos inmobiliarios en el oeste del área metropolitana avanza a un ritmo mucho más veloz que la planificación y ejecución de calles y accesos adecuados.
Por eso, más allá de los 120 metros de nueva calle, la discusión central es si esta obra puede ser una pieza genuina para descomprimir el tránsito en la zona. O si, por el contrario, en ausencia de una planificación vial integral y de mayor alcance, solo terminará siendo un parche que mueve el embudo de un lugar a otro, dejando intacta la raíz del problema que afecta a miles de tucumanos a diario.