Una paciente necesitaba sangre para operarse, pero su religión se lo impedía: lo que hicieron en un hospital de Río Negro

¿Qué se le ocurrió al ginecólogo cuando su paciente se negó a recibir sangre de otra persona? La solución que terminó en un hito para la Argentina.

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Una paciente necesitaba sangre para operarse, pero su religión se lo impedía: lo que hicieron en un hospital de Río Negro
Una paciente necesitaba sangre para operarse, pero su religión se lo impedía: lo que hicieron en un hospital de Río Negro

El Hospital de Cinco Saltos logró algo que nunca antes había ocurrido en la Argentina: una transfusión autóloga, es decir con la propia sangre de la paciente, a una testigo de Jehová. La mujer, de 45 años y vecina de la localidad, necesitaba una unidad de sangre disponible para una histerectomía programada, una cirugía en la que suele haber pérdidas.

«Obviamente al ser testigo de Jehová no lo tiene permitido», explicó Zaira Hernández, técnica en hemoterapia a cargo del procedimiento, en diálogo con Río Negro. La transfusión se realizó en abril, pero recién ahora salió a la luz: la paciente se cruzó con su ginecólogo en un pasillo del hospital y él le comentó que había sido la primera de este tipo en un testigo de Jehová. «Yo digo, ¿cómo no nos dijeron que esto es re importante?», recordó Hernández.

Cómo surgió la alternativa de la autodonación

La idea apareció en el consultorio. El ginecólogo le habló de la donación autóloga, que consiste en que la propia paciente done su sangre con anticipación para que quede reservada hasta el día de la operación. «Ella empezó a investigar, a preguntar, a buscar información, y le dijeron que no hay nada que objete utilizar su propia sangre», relató la técnica.

La paciente consultó al Comité de Enlace con los Hospitales de los testigos de Jehová, recibió el visto bueno y fue por sus propios medios al servicio a explicar su situación. Desde el hospital aclararon que de la gestión con la institución religiosa se ocupó ella y que no tienen mayores detalles del trámite. «Sé que se estuvo moviendo bastante, consultando», señaló Hernández.

Hasta ese momento, el servicio nunca había trabajado con un testigo de Jehová para realizar una transfusión. «No nos había pasado antes», afirmó.

El procedimiento, paso a paso

La paciente donó el 30 de marzo, casi un mes antes de la cirugía, que se realizó el 27 de abril. El proceso fue el mismo que se aplica a cualquier donante: entrevista previa, determinación del grupo sanguíneo, estudios inmunohematológicos y serología, y firma de un consentimiento para recibir su propia sangre. Una vez procesada, la unidad se rotuló con su nombre y quedó apartada.

«Es toda una donación como para cualquier otra persona, pero es para ella misma», resumió Hernández. No se necesitó equipamiento especial: lo único que cambia es que la unidad queda reservada para esa paciente. La bolsa colectora contiene anticoagulante para 42 días, por lo que la sangre estaba en condiciones de ser transfundida cuando llegó el momento de la operación. La mujer la requirió y se la transfundieron. «Lo mejor es que no la requiera, pero ella sí la requirió, así que la usamos», dijo.

Hoy la paciente se encuentra recuperada. «Me comentaba el ginecólogo que está de 10», contó Hernández, que remarcó que la mujer evolucionó muy bien.

El cambio de postura de los testigos de Jehová

El caso se conoce en un momento particular para los testigos de Jehová. El Cuerpo Gobernante, máximo órgano de dirección de la religión con sede en Estados Unidos, flexibilizó recientemente una postura que mantenía desde 1945, basada en una interpretación de un pasaje bíblico de los Hechos de los Apóstoles que llama a abstenerse de la sangre por considerarla sagrada.

Según esa información, ahora los fieles pueden donar y recibir, por decisión individual, glóbulos rojos, glóbulos blancos, plasma y plaquetas. La prohibición de donar o recibir sangre completa se mantiene. El Cuerpo Gobernante sostuvo que los avances de la medicina moderna hicieron surgir interrogantes sobre cómo aplicar los principios bíblicos y que, como la Biblia no menciona de manera concreta los productos derivados de la sangre, no se considera autorizado a ir más allá de lo escrito. Aun así, pidió a los fieles que lo piensen con detenimiento y aclaró que la congregación no debe intervenir en la decisión de cada persona.

Además, en marzo de este año la cúpula ya había habilitado las autotransfusiones previas a cirugías o intervenciones, bajo el mismo criterio de decisión individual. Ese mes, justamente, fue el de la donación de la paciente de Cinco Saltos.

Consultada sobre si los cambios dentro de la religión tuvieron que ver con el caso, Hernández solo se refirió a lo que le contó la paciente: que había consultado, investigado y recibido el aval del comité para usar su propia sangre.

Qué hubiera pasado sin esa sangre

La especialista fue clara respecto del riesgo. Si la paciente hubiera necesitado sangre y no hubiera tenido su unidad, «no tenemos manera de reponerlo», explicó. En esos casos se consulta a la familia si está de acuerdo en transfundir sangre de otra persona, y si la rechazan, el servicio respeta las creencias y la decisión del paciente. «No podemos hacer mucho», señaló.

La autodonación permitió sostener la voluntad de la paciente y, a la vez, garantizar su atención. Hernández aclaró que su aplicación depende de la situación y del estado clínico de cada persona. Si hay una hemorragia abundante y la hemoglobina no lo permite, la autodonación no es recomendable. En este caso, la paciente estaba apta para donar.

De cara al futuro, el servicio quiere repetir la experiencia. «Si se da el caso clínico, obviamente que lo vamos a aceptar y lo vamos a volver a repetir con mucho gusto», aseguró.

Orgullo y trabajo en equipo en el Hospital de Cinco Saltos

Zaira Hernández tiene 28 años, nació y creció en Cinco Saltos, comenzó a estudiar en 2021 en el Instituto de Cipolletti y trabaja en el hospital desde que se recibió. El servicio está a cargo de la jefa Sandra Guardia y lo integran dos profesionales. Su compañera, Rocío Tenconi, tomó la muestra el día de la donación, y ella estuvo a cargo de la transfusión. «Trabajar en equipo siempre es mejor», sostuvo.

Sobre lo que significó la experiencia, dijo que es «un orgullo» y un paso para brindar «una mejor calidad de atención, más allá de su religión», con las mismas posibilidades que el resto de los pacientes. «También estamos creciendo nosotras como servicio, y no solo crecemos como servicio, sino también como profesionales», añadió.

«La sangre no se fabrica»: el llamado a donar

Hernández advirtió que la donación autóloga no reemplaza al donante voluntario. «Esta noticia es hermosa, pero también se necesita mucha sangre», subrayó, y insistió en que «la sangre no se fabrica, así que siempre vamos a necesitar del otro».

Detalló también los requisitos para donar: gozar de buen estado de salud, pesar más de 50 kilos, haber desayunado sin lácteos ni grasas y no haberse hecho tatuajes ni cirugías en los últimos 12 meses, una medida preventiva porque no se puede saber si el material utilizado fue esterilizado. Quienes tuvieron hepatitis pueden donar si fue antes de los 12 años, y las personas con diabetes pueden hacerlo siempre que no sean insulinodependientes y estén en tratamiento. «No hay muchas excusas para no donar», concluyó.

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