Una pared separaba su infierno de su nueva vida: la cruzada que salvó a Pelusa en Tolhuin
¿Qué pasó en Tolhuin para que un vecino pasara de vivir entre basura a tener un hogar soñado? La historia de Pelusa y la cruzada solidaria que lo cambió todo.
Pelusa vivió durante años a pocos centímetros de un basural, pero esa realidad quedó atrás gracias a una movida solidaria que conmueve a Tierra del Fuego. Vecinos de Tolhuin transformaron su casa en un hogar digno y le devolvieron la esperanza.
La historia salió a la luz cuando Emilio Sáez, referente social de la zona, fue alertado por un vecino sobre la situación extrema que atravesaba Pelusa. Al llegar, se encontró con una escena desoladora: una vivienda invadida por la basura acumulada y una cocina en estado de abandono que generaba preocupación.
“Hay una pared divisoria en el medio de la casa. De un lado ves prácticamente un basural a cielo abierto y, pasás esos centímetros, y del otro lado ves cómo quedó todo. Es impresionante el contraste”, relató Sáez en diálogo con Tiempo Fueguino.
La transformación que comenzó con un mensaje de WhatsApp
Lo que parecía imposible se volvió realidad cuando un grupo de vecinos se organizó a través de un chat de WhatsApp. Unas 15 personas se sumaron activamente, aportando dinero, materiales, muebles y su propio tiempo para limpiar y acondicionar el lugar.
La casa, ubicada en el mismo terreno donde Pelusa siempre vivió, fue renovada por completo. Hoy cuenta con una cama con sábanas y acolchado, un mueble de cocina, una mesa con sillas para compartir, una pava eléctrica, alimentos y todos los elementos básicos para la vida cotidiana.
Además, se reunió una suma de dinero que fue entregada a Pelusa para sus necesidades personales, junto con caramelos y pequeños gustos elegidos especialmente para él.
El gesto que emocionó a todos
Uno de los momentos más conmovedores ocurrió cuando dos trabajadoras y vecinas de Tolhuin ayudaron a Pelusa a darse un baño, algo que no hacía desde hacía años. Un acto de cuidado y respeto que marcó un antes y un después en su vida.
Las mujeres tuvieron un rol protagónico en esta cruzada. Sandra, dueña de una carpintería, donó una cama, una mesa y un mueble de cocina. Sil aportó una manta para el invierno. También colaboraron Angel, Liliana y Alicia, entre muchos otros que pusieron tiempo, trabajo y materiales.
Para Sáez, el verdadero aprendizaje es que “con muy poca plata le podemos cambiar la vida a una persona”. Y agregó: “Cuando era joven creía que podía cambiar el mundo. Después me di cuenta, ya de viejo, de que el que tengo que cambiar soy yo, no el mundo. Si cada uno hiciera lo mismo, el mundo cambiaría”.
La solidaridad no termina acá. El grupo continuará acompañando a Pelusa en esta nueva etapa, porque el objetivo no era solo mejorar una vivienda, sino devolverle la dignidad y demostrar que una comunidad unida puede transformar realidades.