Una pareja pagó millones por su boda soñada y terminó sin fiesta, sin vestido y con una deuda que los persigue
¿Cómo puede una boda soñada terminar en una pesadilla financiera? Una pareja cordobesa confió en una wedding planner y terminó sin fiesta, sin vestido y con una deuda millonaria. Los detalles de la estafa que los dejó al borde de cancelar su casamiento.
Lo que debía ser el día más feliz de sus vidas se transformó en una verdadera pesadilla para Melani Sueldo y Gabriel, una pareja cordobesa que denunció haber sido víctima de una estafa millonaria por parte de una wedding planner venezolana. Después de 16 años de noviazgo y mucho esfuerzo, confiaron la organización de su casamiento a una supuesta profesional, pero terminaron sin fiesta, sin vestido y con una deuda que todavía los persigue.
Melani, agente de policía de 35 años, y Gabriel, docente y maestro mayor de obras, decidieron casarse después de terminar sus estudios. Para que todo saliera perfecto, contrataron a una wedding planner que se promocionaba en redes sociales y que les prometió una fiesta inolvidable para 180 invitados, con salón, catering, fotógrafo, maquillaje, peinado y hasta el vestido de novia, todo por 10 millones de pesos.
La propuesta era tan tentadora que cayeron en la trampa: firmaron un contrato y pagaron $4 millones en efectivo como adelanto. “Ella nos iba consultando cuáles eran nuestras necesidades: las tarjetas, los centros de mesa y el salón”, contó Melani al diario La Voz. Pero después del segundo pago, los $6 millones restantes por transferencia, empezaron los problemas.
¿Cómo se desmoronó la organización?
La organizadora comenzó a poner excusas para avanzar con los preparativos. Cambió el salón alegando problemas edilicios, propuso tarjetas virtuales en vez de impresas y entregó invitaciones con errores groseros. “Varias tenían impreso el mismo nombre del invitado o el nombre era el equivocado. Cuando le reclamé, me respondió que no tenía que ser todo ‘tan milimétrico’ y que entregara igual la tarjeta con otro nombre”, relató Melani, indignada.
El vestido de novia fue otro golpe: “Al entregármelo, era un trapo con alfileres”, recordó. La supuesta wedding planner también incumplió con las pruebas de peinado y maquillaje, y llegó a gritarles y amenazarlos por WhatsApp. “Nos decía que era ‘profeta’ y que Dios le hablaba”, agregó la agente.
¿Qué pasó el día clave?
La situación explotó el 9 de marzo, cuando la organizadora les envió un audio a las 11 de la noche avisando que no iba a realizar la boda porque “no estaba a la altura” y “no quería dañar su marca y prestigio”. Los novios confirmaron que ninguno de los salones estaba reservado y que la mujer debía millones de pesos a los proveedores. El fotógrafo también les avisó que no cubriría la fiesta porque la wedding planner le debía trabajos anteriores.
Desesperados, Melani y Gabriel intentaron recuperar el dinero, pero la organizadora se negó a devolverlo y les ofreció hacer la fiesta en otra fecha, asegurando que “Dios le habló y le dijo que no podía ser el 14 de marzo”.
¿Cómo lograron salvar la boda?
Sin respuestas, la pareja recurrió a Defensa del Consumidor y logró que el organismo enviara una intimación. “No puedo explicar lo que sentimos en ese momento. La desesperación que nos agarró. ¿Cómo le decís a los invitados que no se puede hacer nada?”, expresó Melani.
Finalmente, gracias a la ayuda de un compañero, consiguieron otro salón y organizaron una fiesta de emergencia para 130 invitados el domingo 15, un día después de la ceremonia religiosa. Melani terminó haciendo las tarjetas y una diseñadora adaptó un vestido prestado en tiempo récord. “Tuvimos que pedir prestado dinero a mis familiares para la fiesta y nos salió mucho más del que pagamos originalmente”, contó.
¿Qué acciones legales tomaron?
Con el patrocinio del abogado Carlos Nayi, el matrimonio presentará una denuncia penal contra la wedding planner, que ya habría estafado a otras personas. Según supieron, la mujer también engañó a la madre de una adolescente con la fiesta de 15 y a otras mujeres cuyos vestidos se desarmaron en pleno baile porque estaban pegados y no cosidos.