Una perfumería cierra cada 30 días en Argentina: el negocio que se esfuma entre la crisis y el comercio ilegal
Cada mes, una perfumería más cierra sus puertas en Argentina. ¿Qué está pasando realmente en el sector? La crisis económica, un desfasaje brutal de costos y un mercado paralelo de productos que preocupa a las autoridades sanitarias.
El sector de la perfumería y la cosmética atraviesa una crisis profunda que se traduce en un cierre de locales por mes. La combinación de una caída del consumo que se arrastra por más de una década, costos imposibles de sostener y el avance de un mercado paralelo de productos ilegales está diezmando a un rubro que emplea a 60.000 personas en todo el país. Los detalles de un derrumbe silencioso.
Según un relevamiento de la Cámara Argentina de Perfumerías, el deterioro es constante. El sector no logra recuperar el nivel de ventas previo a la pandemia y ahora enfrenta un frente adicional: el crecimiento explosivo del comercio ilegal de cosméticos, principalmente de origen chino, y de perfumes árabes.
El impacto se da en un mercado que, según los empresarios, arrastra una caída sostenida del consumo desde hace más de diez años. La pérdida del poder adquisitivo golpea con fuerza a los productos considerados no esenciales, como perfumes y maquillaje, que registran las mayores retracciones en facturación.
¿Por qué no dan los números?
A ese escenario se suma un desfasaje crítico entre precios y costos. En 2024, mientras la inflación aumentó 117,8%, según el Indec, los precios del rubro perfumería solo subieron un 40%, de acuerdo a los datos de la Cámara. En paralelo, durante 2025 el salario de comercio acumuló un incremento cercano al 70% por paritarias y bonos obligatorios.
Con ventas en baja, alquileres y servicios ajustados por inflación y mayores costos laborales, la rentabilidad se volvió nula para muchos locales. Los comercios con menor capacidad para resistir terminan bajando la persiana definitivamente.
La competencia desleal que está ganando la batalla
“El proceso de cierre comenzó hace 10 años”, explicó Julio Vázquez, presidente de la Cámara Argentina de Perfumerías, en diálogo con TN. Señaló que la competencia directa de mayoristas, supermercados y farmacias fue el primer golpe, al que luego se sumaron la pandemia y la crisis económica.
Según detalló, el segmento más afectado es el de “beauty”, que incluye maquillaje y productos de belleza. “Un producto nacional puede costar $10.000, mientras que uno ilegal se consigue por $3000”, afirmó Vázquez. En un contexto de ingresos deteriorados, el precio se convirtió en el principal factor de decisión de compra.
Las ventas de perfumes importados también retrocedieron con fuerza. El fenómeno de las fragancias árabes, que ganó visibilidad en redes sociales, expuso otra tensión: conviven versiones originales con falsificaciones o productos que no cumplen con las normas. “Nosotros solo comercializamos aquellos que están nacionalizados y en regla”, aclaró el dirigente, pero denunció que no pasa lo mismo por otros canales de venta.
Vázquez insistió en que el problema no es la competencia por precio, sino la informalidad. “No tenemos inconveniente en competir, siempre que las reglas sean iguales y leales”, sostuvo.
El peligro oculto en los productos más baratos
El punto más sensible que denuncia el sector formal es el sanitario. La Cámara advirtió que buena parte de los productos que ingresan de manera irregular no cuentan con aprobación ni controles de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT).
Se trata de artículos que se aplican directamente sobre la piel, como labiales o máscaras de pestañas, y que podrían provocar alergias o reacciones adversas. “Estos productos ilegales falsifican formulaciones, certificados de la ANMAT y establecimientos elaboradores. Es grave porque son productos que se aplican sobre la piel”, alertó Vázquez.
El empresario describió incluso un circuito paralelo con envases originales. “Existe una industria detrás de los frascos vacíos”, afirmó. Según explicó, se detectó la recolección de envases en la vía pública para rellenarlos con líquidos sin calidad ni persistencia y volver a sellarlos como si fueran originales.
Ante ese escenario, algunas perfumerías implementaron descuentos a quienes entregaran el envase vacío para su destrucción, en un intento por combatir esta práctica fraudulenta.
Desde la Cámara reclamaron que se refuercen los controles en Aduana y en los canales de comercialización informal, con el objetivo de proteger la salud pública y preservar la competencia leal. El trasfondo es económico, pero también sanitario: un mercado en retroceso donde la caída del consumo convive con productos más baratos que, según el sector formal, operan por fuera de toda regulación.