Una solicitud misteriosa en redes y una pregunta al azar: la aventura que cambió sus vidas para siempre

Se conocieron por un misterioso contacto en redes durante la pandemia. Ella atravesaba un duelo, él le tendió una mano. Una pregunta al azar en un bar de Don Torcuato desencadenó una aventura que los llevó a recorrer países con sus perros. Esta es la historia de un amor que encontró su rumbo sobre la ruta, superando pérdidas y fundiendo motores, para demostrar que nunca es tarde para vivir el sueño.

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Una solicitud misteriosa en redes y una pregunta al azar: la aventura que cambió sus vidas para siempre

Todo comenzó con un misterio digital en plena pandemia. Karina y Eduardo, ambos rondando los cincuenta años, nunca supieron quién agregó a quién en redes sociales. “No sabemos quién le mandó la solicitud a quién”, confiesa Karina. Sin amigos en común, ese contacto fortuito en 2020 fue el primer hilo de una historia que los llevaría a recorrer continentes. Ella atravesaba la angustia de tener a su mamá internada, y sus simples mensajes diarios se convirtieron en un salvavidas emocional.

Eduardo, ya separado, le escribía todos los días para preguntarle cómo estaba ella y cómo seguía su madre. Para Karina, ese apoyo constante fue fundamental, especialmente cuando su mamá falleció en noviembre de ese año. “Él siempre estuvo ahí”, recuerda con agradecimiento. De esos mensajes de aliento empezó a brotar una conexión inesperada.

El encuentro que lo cambió todo

Finalmente, el 25 de febrero se vieron por primera vez en la YPF de la Ruta 202 en Don Torcuato. La charla se extendió por horas entre cafés. “Era como que ya nos conocíamos”, describe Karina. En medio de la conversación, Eduardo lanzó una propuesta que parecía de adolescente: “¡Vámonos de viaje!”. Karina, descolocada, pensó que hablaba de irse del bar. Pero la idea de aventura quedó flotando entre ellos.

La relación avanzó a un ritmo pausado. Tuvieron que pasar seis meses desde ese primer encuentro para que se dieran su primer beso, en agosto. “Ese primer beso fue mágico, como de adolescentes, esos que te hacen cosquillas en la panza”, comparten ambos. Mientras tanto, Karina finalmente concretó su separación en marzo, un paso doloroso pero liberador.

Karina y Eduardo en su viaje por Brasil.
Karina y Eduardo en su viaje por Brasil. (Foto: gentileza Karina y Eduardo)

Una condición innegociable y un nuevo integrante

Cuando el sueño del viaje tomó forma, Karina puso una condición inquebrantable: su perra Mona, de 16 años, debía acompañarlos. “Si Mona no viaja, yo no voy”, sentenció. Eduardo aceptó sin dudar y, cuando conoció a la anciana perrita, también se enamoró de ella. El clan casi se amplía en diciembre de 2021, cuando Eduardo presentó a un cachorro llamado Pancho. La regla fue clara: si Mona no lo aceptaba, el perrito volvería. Afortunadamente, se llevaron bien desde el 30 de diciembre y Pancho se sumó a la tripulación.

Con un equipo de cuatro, prepararon su vehículo. Adquirieron una Traffic modelo 87 y la camperizaron ellos mismos, de manera artesanal y sin lujos. El 12 de abril de 2022 partieron desde Olivos. Antes de irse, Karina pasó por la casa donde estaban las cenizas de sus padres, en un gesto simbólico para llevarlos en el viaje.

Aprendiendo macramé para financiar el viaje.
Aprendiendo macramé para financiar el viaje. (Foto: gentileza Karina y Eduardo)

La vida en la ruta: aventuras y pruebas

El viaje no estuvo exento de percances cómicos y difíciles. En su primera parada en Zárate, perdieron la billetera de Eduardo con todos los documentos, para descubrirla, finalmente, apoyada en el espejo exterior de la camioneta. Para financiar la travesía, aprendieron a hacer artesanías y ofrecían tatuajes temporales. Recorrieron el norte argentino –Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero–, luego Corrientes, Misiones, y cruzaron a Uruguay y Paraguay.

La vida nómade puso a prueba su relación. La camioneta se rompió en múltiples ocasiones, incluso fundieron el motor. “Ahí se ve si la pareja realmente funciona”, afirman. A pesar de los desafíos, encontraron una profunda conexión con la gente que conocían en cada plaza o parador, donde Karina, counselor de profesión, muchas veces terminaba teniendo charlas terapéuticas improvisadas.

Compartiendo mates e historias en el camino.
Compartiendo mates e historias en el camino. (Foto: gentileza Karina y Eduardo)

Hacia Brasil y un doloroso adiós

El 25 de noviembre cruzaron a Brasil prácticamente sin dinero. Sobreviven improvisando, parando en estaciones de servicio para conseguir agua, y canjeando artesanías por comida. Recientemente, en Alter do Chão (estado de Pará), presenciaron el imponente fenómeno natural de la unión de los ríos Tapajós y Amazonas, cuyas aguas no se mezclan.

El viaje, sin embargo, tuvo un alto costo emocional. El 5 de febrero, Mona, la perra que fue la condición inicial para la aventura, murió a los 16 años. “Se nos partió el corazón en mil pedazos”, expresa Karina, quien junto a Eduardo están atravesando juntos ese duelo.

Antes de esta vida nómade, Eduardo trabajaba en un frigorífico y Karina en consultoría psicológica. “Nunca imaginaron que sus vidas terminarían así: viajando sin fecha de regreso”, señala la crónica. Hoy, desde el norte de Brasil, con Pancho como compañero, venden artesanías con un destino incierto pero con una certeza absoluta. “Descubrimos el amor puro, genuino, en la adultez”, concluye Karina. Eduardo lo resume así: “Agradezco a la vida por haberse cruzado Kary en mi vida, con ella al lado nada es imposible”.

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