Valentino Merlo y el día que lloró bajo la ducha: qué cambió para siempre en su carrera

Soñó con el Movistar Arena, lo llenó y al día siguiente terminó llorando bajo la ducha. Valentino Merlo repasó ese momento y contó qué sueño le queda por cumplir después de ganar el Martín Fierro.

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Valentino Merlo y el día que lloró bajo la ducha: qué cambió para siempre en su carrera
Valentino Merlo y el día que lloró bajo la ducha: qué cambió para siempre en su carrera

Valentino Merlo ya no se pone límites. El artista rosarino, surgido del barrio Saladillo, pasó en muy poco tiempo de soñar con el Movistar Arena a llenarlo, y ahora se prepara para un nuevo desafío en el Hipódromo de Palermo. En la previa de esa presentación, habló con La Capital sobre su recorrido, el trabajo junto a su familia y los sueños que todavía le quedan por cumplir.

Del sueño imposible a los grandes escenarios

En la última charla que tuvo con este medio, Valentino había confesado que su gran anhelo era llegar al Movistar Arena. Después de eso vinieron tres Gran Rex y se convirtió en el artista más joven en presentarse en el estadio porteño.

“Fue una locura. Me pongo a pensar en ese chiquitito que soñaba cosas tan grandes y que, al final, se terminaron dando”, recordó. Para el cantante, todo fue fruto del esfuerzo propio, de su familia y de su equipo: “Es una locura haberlo deseado, trabajarlo y que se dé tan pronto”.

El impacto de esa noche llegó al día siguiente. Merlo contó que se sentó a comer con su hermano y le dijo: “Qué locura que acabamos de vivir. No puede ser”. No podía procesarlo. Y fue en el baño, el lugar donde más se desconecta, donde terminó de caer: “Me puse debajo del agua y no paraba de llorar, porque se me venía la imagen a la cabeza de ese Valentino chiquito, mirando el techo, imaginando esto, soñándolo, trabajándolo, dudando de si en algún momento iba a pasar, y se terminó dando”.

El cruce con Tini y los premios

Después del Movistar, las experiencias inolvidables se encadenaron: los Premios Gardel, el ciclo FA! y una invitación que no esperaba. Tini lo convocó para un show en Uruguay. “Ella es una genia”, resumió. El anuncio llegó de boca de su papá: “No sé si contarte, pero está la posibilidad de cantar con Tini en Uruguay”. La reacción fue inmediata: empezó a saltar sin saber qué hacer.

“Es como un cruce raro. De hecho, se hizo muy viral un video de nosotros cantando con Tini que decía ‘mi sueño con fiebre’ y, literal, fue así”, contó. La cantidad de gente lo desbordó: “No sabía a dónde mirar”.

Hace muy poco llegó otro hito: el Martín Fierro. “Yo no puedo creer nada”, admitió. Venía de estar nominado muchas veces sin ganar, y eso lo llevaba a preguntarse por qué. “Yo soy como un detective, llego a mi casa y me pongo a investigar todo”, describió. Con el tiempo empezó a pensar que era imposible para un artista independiente con un trabajo familiar.

Sin embargo, esa noche todo cambió: “La palabra imposible se me fue de la cabeza, no existe más en mi vida”. Y lo tomó como un mensaje: “Esto es un claro ejemplo para todas las personas que piensan que algo es imposible”. El premio, dice, no lo para de mirar.

Un año intenso, con dudas y un fuego que se apagaba

El salto fue enorme: de estar recién arrancando en el Anfiteatro a vivir todo lo que vino después. A Valentino se le vienen imágenes del nene que soñaba y trabajaba por eso, pero sobre todo del que dudaba. “Como ese momento de sobrepensar, que ojo, que sobrepensar está bueno porque es como recargar fuerzas. Si no, sería todo muy aburrido, estar siempre contento, siempre feliz”, reflexionó.

También hubo momentos malos. Decisiones difíciles, como los tres Gran Rex y un Movistar Arena, que obligaron a poner las cartas sobre la mesa. “Hay que ser inteligente y poner las cartas sobre la mesa, ser real con lo que uno quiere, cómo está trabajando uno, cómo viene su carrera. Ser 100 % sincero con eso y no chamullar nada”, sostuvo.

A principios de este año atravesó un momento complicado: sobrepensaba mucho, trabajaba junto a toda su familia y sentía que la recompensa no llegaba. “Sentía que se estaba apagando el fuego”, confesó. Hasta que dejó de concentrarse en el resultado y dejó todo en manos de Dios. Entonces apareció el Hipódromo de Palermo, una propuesta que estudiaron mucho porque, según él, es una locura.

Cómo se prepara para el Hipódromo

Para encarar un show de esa magnitud, Valentino analiza cómo viene su carrera y cómo responde la gente. Ahí entra el rol de sus papás, que lo frenan: “Bueno, pará, vamos a darle tres días y le contestamos”.

Los ensayos ya comenzaron y el espectáculo tendrá tres momentos de su carrera. El primero, donde todo comenzó. El segundo, lo que le pasó a principios de este año, después de que saliera “Hoy”, una etapa de sobrepensar todo y de entrar en un pozo del que no podía salir. El último es el presente: disfrutar, con la fe y las ganas de cumplir sueños recuperadas, junto a toda su familia.

La familia como sostén

El proyecto es familiar y así lo vive: “Bien, demasiado bien. Yo creo que es un punto a favor porque se disfruta muchísimo más”. Hay libertad para decir lo que quieren y hacia dónde quieren llegar. Su mamá siempre le repite la misma frase: “Vos avisame, nosotros vamos a estar para lo que vos quieras. Nosotros estamos preparados para todo porque vivimos, nacimos y nos criamos rebuscándonosla y estamos preparados para la guerra”. Y agrega: “Es hasta donde vos quieras, hasta donde vos me digas. Si vos me decís ‘es hasta acá’, nosotros vamos y te defendemos y decimos que es hasta acá y punto”.

Para Valentino, hoy existe esa libertad de escuchar el corazón.

La cumbia, Rosario y la versatilidad

Sobre el rumbo de su música, no se encasilla: “Yo voy para todos lados”. Las canciones las escriben con su hermano y no siempre son historias propias. “Pienso mucho en lo que le pasa a la gente hoy en día. Las canciones son más para ellos”, explicó.

El punto medio es la cumbia. “Me encanta bailar y cantar al estilo cumbia porque la cumbia es Rosario, es Santa Fe, es donde yo nací”, afirmó. Ese ritmo lo transporta al río Paraná, al Monumento, a una plaza con una chica pidiéndole que baje. Pero también explora otros géneros: en Junín cantó un tango y tiene una salsa grabada. “Soy muy versátil en eso”, dice.

Rosario ocupa un lugar central. Vuelve seguido y lo recarga. “Amo con mi vida ir a la costanera a ver el río Paraná y pasar por el anfiteatro, por más que sea en auto, girar la cabeza y tener semejante vista al río”, contó. Y tiene un deseo pendiente: volver para dar un show y disfrutar de un público que considera único. “Para mí de los públicos del país se lleva el podio Rosario”, sentenció.

Los sueños que faltan

Lejos de conformarse, Valentino sigue proyectando. “Vamos a soñar, vamos a ir muy arriba y también a pensar en un intermedio”, anticipó. Entre sus metas están un estadio —Vélez o Newell’s en Rosario—, un Metropolitano y un Luna Park en Buenos Aires.

Mientras tanto, hay objetivos que ya se concretan: viajará con la música a Perú, Ecuador, al Lollapalooza de Chile y a Estados Unidos. “Yo creo que estar arriba del escenario es lo más divertido, desbloquear el público, hacerlos disfrutar, hacerlos cantar y bailar”, cerró.

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