Vecinos de Garupá conviven con vertientes en plena calle: ni ambulancias ni colectivos entran al barrio
En Garupá hay un barrio donde el agua brota en plena calle y las ambulancias no llegan hasta las casas. Los vecinos llevan dos años pidiendo lo mínimo, pero hay un detalle del reclamo que explica por qué ya no saben a quién acudir.
En un rincón de Garupá, entre las calles Juan Lavalle y El Tucán, unas 70 familias del barrio Piedras Blancas arrastran un reclamo que ya cumplió dos años sin respuesta: las calles del sector se volvieron intransitables y hasta brotan vertientes que cortan el paso incluso a pie.
Julio Américo Lemes, vecino del lugar, cansado de golpear puertas sin suerte, convocó a este Diario para mostrar cómo es el acceso en un día sin lluvia. Su intención: que quede registro de lo que pasa cuando el cielo descarga con fuerza, como viene ocurriendo en la provincia en las últimas semanas.
El recorrido confirmó el panorama. El agua emerge del suelo en todas las arterias internas y caminar por allí se vuelve una odisea.
Dos años de gestiones sin eco
Lemes contó que probó por distintos canales para pedir mejoras, siempre con el mismo resultado: silencio. "Hace como dos años que estoy residiendo acá en Piedras Blancas y la máquina para arreglar las cunetas no entra; si lo hiciera ya con eso tendríamos una mejora importante, pero directamente nos pasan de largo", denunció.
El reclamo no apunta a la inacción total del municipio, sino a la selectividad. Según el vecino, el mantenimiento llegó a otros puntos de la zona, pero no al interior del barrio. "Para el lado de la ruta 12 arreglaron la calle, en un pequeño acceso de 100 metros, pero en la zona alta del barrio, más cerca de la avenida América, arreglan, pero más adentro del barrio no, son muchas calles somos muchos vecinos y es un gran problema convivir con la constante humedad en las casas y fuera de ellas", describió.
Urgencias que no llegan
La preocupación más seria aparece cuando hay que resolver una emergencia. Los autos de aplicación dejan a los pasajeros a varias cuadras de sus casas, algo que complica a quienes vuelven del centro o necesitan moverse por razones de salud. Los colectivos y las ambulancias, directamente, no se animan a entrar.
Lemes recordó el caso de una adulta mayor enferma que necesitaba atención médica: hubo que insistir una y otra vez para que la ambulancia llegara hasta el lugar por las dificultades de circulación.
El estado del terreno también golpea a los peatones. El vecino mencionó a una mujer que estuvo a punto de lesionarse la columna tras resbalar mientras caminaba por el sector.
"Los días de lluvia como los que estamos teniendo agravan las condiciones de circulación. No hay manera de atravesar los tramos más complicados para realizar nuestras actividades cotidianas. Los chicos que concurren a la escuela tienen las mismas dificultades. No damos más", acotó.
Sin luz y con miedo
A la lista de problemas se suma la falta de alumbrado público, que según el vecino alimenta la sensación de inseguridad. "De día es una odisea andar por las calles del barrio y de noche casi no salimos porque tenemos miedo de los chorros", afirmó.
Las calles rotas también complican el mantenimiento del tendido eléctrico. Cuando hay fallas en los cables o hace falta la intervención del personal de Energía de Misiones (EMSA), el mal estado de los accesos puede demorar el ingreso de los trabajadores.
Lemes reconoció que desconoce cómo se organizaron antes las gestiones barriales y que decidió plantear las necesidades por su cuenta. "Estamos ya cansados de insistir y de pedir, por eso apelamos a los medios, a ustedes, para que las autoridades tomen nota", cerró.