Vecinos del Oeste II se organizan: Reclaman el desalojo de una vivienda que, aseguran, es un “punto de venta” que desató el caos
Vecinos del barrio Oeste II en Tucumán iniciaron una movida inédita juntando firmas para expulsar a un inquilino. ¿Qué encontraron en esa casa que los llevó a tomar una medida tan extrema y por qué muchos temen hasta poner su nombre en el papel?
El miedo y la desconfianza se instalaron en una de las manzanas del complejo habitacional más grande de la capital. Un grupo de residentes del barrio Oeste II inició una recolección de firmas para pedir a una inmobiliaria que cancele el contrato de alquiler de un inquilino, a quien señalan como el responsable de transformar una casa en un foco de inseguridad y narcotráfico. La iniciativa surge tras una seguidilla de tiroteos y hechos violentos que, denuncian, tienen en vilo a familias enteras.
El documento que circula de mano en mano detalla un incremento sostenido de delitos desde la llegada de los actuales ocupantes. Los vecinos mencionan reuniones constantes de personas con actitudes sospechosas, presunta venta de drogas, robos y episodios reiterados de violencia con armas de fuego. La situación, advierten, pone en riesgo especialmente a niños y adultos mayores.
Tiroteos que marcan la cotidianiedad
Solo en el transcurso de este mes, aseguran los firmantes, se registraron varios ataques a balazos cerca de la vivienda en cuestión. Un día particularmente crítico fue el jueves, cuando ocurrieron dos tiroteos: uno alrededor de las 16:30 y otro minutos antes de la medianoche, a las 23:55. Estos hechos han erosionado por completo la sensación de seguridad en una manzana que, según relatan, antes era considerada tranquila.
“La situación pone en riesgo a familias, chicos y personas mayores”, se lee en la nota vecinal, que además reclama una intervención urgente de las autoridades para recuperar la paz en el barrio. La cercanía a la Comisaría 12ª no parece ser un factor disuasivo para la violencia que se vive.
El temor frena las firmas, pero no la determinación
Laura —nombre ficticio para proteger su identidad— es una de las impulsoras de la medida. Explicó que, si bien muchos apoyan la iniciativa, el miedo a represalias los frena a la hora de poner su firma. “Muchos no quieren firmar por temor a represalias”, reconoció, aunque remarcó la necesidad de visibilizar un problema que viene deteriorando la convivencia desde hace años.
El barrio Oeste II, construido hace más de cuatro décadas, supo albergar a familias trabajadoras. Hoy, sus calles, marcadas por los colores de San Martín, son escenario de una palpable tensión. Testimonios recogidos en el lugar apuntan a que los enfrentamientos responden a una disputa territorial por el control del narcomenudeo.
Un conflicto arraigado con nombres propios
De acuerdo con los vecinos, la violencia actual es parte de un conflicto entre el clan González y el grupo liderado por Santiago “Cara i’ Gota” Villafañe. Esta puja, con distintas variantes, ya ha dejado al menos cinco muertos y numerosos heridos en los últimos ocho años. Había mostrado una pausa tras la detención de Javier “Chuky” Casanova, procesado por narcotráfico y lavado de activos, pero parece haber recrudecido.
“Somos rehenes de esta situación desde hace mucho tiempo. Los tiroteos son constantes porque se pelean por la venta de droga”, resumió con hartazgo el vecino Julio Saracho. Otros, como Luisa de Corbalán, se muestran escépticos sobre el resultado de las firmas, pero igual apoyan la medida. “Ojalá sirva para que los propietarios actúen”, dijo, recordando que ya hubo casos de usurpaciones con fines similares.
Un llamado a las autoridades
El reclamo no se limita a la inmobiliaria. Los vecinos también exigen una mayor presencia estatal. Silvia Heredia pidió que se intensifiquen los controles policiales y se actúe con la misma firmeza que en operativos anteriores. Fuentes del área de Seguridad confirmaron a este medio que están al tanto de los últimos episodios y que se encuentran en etapa investigativa.
Adelantaron, además, que se reforzarán los operativos en la zona y se implementarán controles sorpresivos como respuesta a la preocupación comunitaria. Mientras se espera por esas acciones, la vida en el barrio Oeste II transcurre entre miradas esquivas y conversaciones en voz baja, con la esperanza puesta en unas firmas que buscan, contra todo pronóstico, recuperar la tranquilidad perdida.