Vendía carbón y se peleaba en los boliches: el santafesino que este sábado se sube a la jaula más importante del mundo

De pibe se agarraba a golpes en la escuela y en los boliches, y su papá le repetía que estaba mal. Hoy vive en Boca Ratón, es papá de Pilar y este sábado se sube a la jaula del UFC Fight Night en Las Vegas. Lo que hizo para llegar hasta ahí, en la nota.

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Vendía carbón y se peleaba en los boliches: el santafesino que este sábado se sube a la jaula más importante del mundo
Vendía carbón y se peleaba en los boliches: el santafesino que este sábado se sube a la jaula más importante del mundo

Francisco Prado tiene 24 años, nació en San Lorenzo, Santa Fe, y este sábado peleará en el UFC Fight Night de Las Vegas. Su historia arrancó muy lejos del octágono: repartía carbón, hacía mudanzas con su papá y se agarraba a golpes en la escuela y en los boliches. Hoy vive en Boca Ratón y se prepara para su sexto combate en la compañía más grande de artes marciales mixtas.

El rival será el brasileño Ismael Bonfim, y la pelea se verá por streaming a través de Paramount+. Prado no esconde las ganas: "Estoy ansioso. Peleé por última vez en abril y de inmediato volví a entrenarme".

Un cambio de rival a último momento

La pelea estaba cerrada contra otro luchador, que se lesionó. Hace unas cinco semanas le avisaron que debía medirse con Bonfim. "Tuve que cambiar mi plan de pelea. Al otro le gustaba más la estrategia, pero a este le gusta más el cruce, entonces es mejor para mí, porque también me gusta. Va a ser entretenida, la pelea de pie, va a ser muy linda", contó.

El santafesino se define como un luchador completo y bien argentino: "Digo eso porque tengo mucho corazón, mucha garra y pasión. Es algo que tenemos al nacer y por criarnos ahí. Llevo todo eso adentro de la jaula y es un plus para mí". Y avisa: "Yo no me voy a rendir nunca, me tienen que dar un tiro en la cabeza para que pare de pelear. Nunca me entrené tanto, me siento muy fuerte, mi condición física está perfecta, sin lesiones y estoy hambriento por la victoria".

Del fútbol a las artes marciales

Prado nació el 16 de junio de 2002. De chico arrancó con el fútbol, el deporte que practicaban sus hermanos y que le gustaba a toda la familia, pero no prosperó: "Me gustaba, pero me di cuenta que no era lo mío".

Entonces aparecieron el karate y el taekwondo, disciplinas que quedaban cerca de su casa. "De más chico fui a karate y a taekwondo porque estaba cerca de mi casa, no porque dije que quería hacer eso", recuerda. A los 14 decidió empezar MMA en un gimnasio del barrio. "Siempre quise aprender más, entonces fui ahí porque era lo más completo", explicó.

Pero antes de encauzar esa energía en un gimnasio, la descargaba donde no debía. "Peleaba en la escuela, en la calle. Hoy es mi trabajo hacerlo, pero cuando iba al boliche o salía a bailar, pelear era algo que me gustaba, no te voy a mentir", admite hoy con una sonrisa. Reconoce que en esas peleas usaba técnicas y sabía que hacía daño. "Estaba mal. Mi papá me habló mucho, me decía que no tenía que hacerlo. Yo le decía que me gustaba, que si me buscaban para pelear yo iba a pelear". Nunca sufrió consecuencias, pero con los años lo mira distinto: "Eso podía haber terminado mal".

Por eso, su mensaje para los más chicos es claro: "Con esto que cuento no quiero aconsejar a los chicos a que tienen que pelear en la calle porque está mal. Si quieren pelear, que vayan a un gimnasio que ahí se van a sacar las ganas".

El sacrificio de la familia y los trabajos para irse

Para llegar a vivir del MMA, Prado tuvo que trabajar. Hizo mudanzas con su papá en un camión, vendió carbón, vendió remeras, laburó en un supermercado y en una videoteca. "Tenía amigos que trabajaban para comprarse un auto, yo lo hacía porque quería irme", cuenta. Su objetivo era juntar plata para instalarse en un gimnasio en el exterior.

También agradece a sus padres, que le dieron el envión: "Son una inspiración para mí, una honra, un ejemplo. Siempre hablo con ellos, les pido muchos consejos y en todo momento están para mí. Mi viejo salía de laburar tarde y me pasaba a buscar por el gimnasio. Mi mamá, que no trabajaba, y mis hermanos, también. Ellos dejaban de lado muchas cosas para que yo pueda ir a entrenar, son esfuerzos que se los debo siempre; sin ellos yo no estaría hoy acá".

Terminada la escuela en San Lorenzo, viajó a Río de Janeiro en plena pandemia. Se fue a vivir a un gimnasio donde dormía con siete compañeros en una habitación. "No entendía nada. Estaba solo, pero lleno de fe por estar ahí. Fue una experiencia que me nutrió muchísimo". Aunque tenía miedos, el balance fue positivo: "Conocí gente muy buena que me ayudó muchísimo, mis compañeros eran buena gente y me hice muy amigo. Todavía tengo relación con ellos".

El llamado que lo cambió todo

De vuelta en Argentina, se entrenó con dos luchadores que hoy también brillan en UFC: Esteban Ribovics, en Córdoba, y Kevin "Chino" Vallejos, en Mar del Plata. Después de consagrarse campeón en el evento sudamericano Samurai Fight House, llegó el llamado que le cambió la vida: "Me llamó UFC directamente para ir a pelear en Australia. Fue con cuatro semanas antes de aviso".

El recuerdo de ese debut todavía lo emociona: "Era algo increíble. Me acuerdo la alegría que tenía... Era inexplicable, porque uno ve todo tan lejano y de repente ya estás ahí. Me dijeron 'dale, vení a pelear', eso fue loquísimo". Y rememora su presentación en el octágono: "Estaba el presentador Bruce Buffer diciendo 'De San Lorenzo, Santa Fe, Argentina...', y eso fue increíble, era soñar despierto. Es loco como uno normaliza todo porque hoy en día no pasa más eso, pero la sensación de esa primera vez no me la olvido más".

Papá y luchador: la rutina en Boca Ratón

Hace poco fue papá de Pilar, y no duda en decir que es lo mejor que le pasó. "Me llena de alegría todos los días, la llevo al gimnasio, vamos con mi mujer, Nicole. Me ve entrenar, me encanta verla y compartir cosas con ella. En un principio fue difícil, pero después me adapté y ahora te digo que es hermoso".

Radicado en Boca Ratón, Estados Unidos, lleva una vida exigente: "De lunes a sábados empiezo muy temprano, me voy al gimnasio, después desayuno y descanso". Después vuelve a entrenar y se acuesta temprano porque sabe que el día siguiente será igual de duro. El domingo es su momento para la familia: "Los domingos es el día que aprovecho para estar mucho más con mi mujer y mi hija".

La velada de Las Vegas, al igual que las otras 12 peleas de la noche, se podrá ver por Paramount+, la empresa que firmó un acuerdo histórico con la UFC por 7.700 millones de dólares y siete años a partir de 2026.

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