Vendieron el terreno donde iban a construir su casa y 31 años después la joyería sigue en Paraná
Con una deuda considerable y sin saber del rubro, apostaron todo a un local que no existía. Tres décadas después, las cuatro hermanas siguen detrás del mostrador: qué aprendieron en el camino.
La joyería Jade cumplió 31 años en Paraná y su historia arranca con una decisión difícil: Rodolfo Zacarías y su esposa vendieron el terreno donde pensaban levantar su casa para reunir el capital inicial. A eso le sumaron un crédito hipotecario. Así, con una deuda considerable y sin conocimientos técnicos previos, abrieron las puertas del local en 1995.
Rodolfo y su hija Cintia repasaron ese recorrido en el ciclo UNO a UNO y reconstruyeron cómo un matrimonio sin experiencia en el rubro terminó sosteniendo un comercio durante más de tres décadas.
De cero, sin manual de instrucciones
“Nosotros, como casi todo el mundo, arrancamos de cero, sin tener conocimientos técnicos previos”, recordó Rodolfo. En aquel momento creían que vender era simplemente mostrar la mercadería detrás del mostrador. Con el tiempo entendieron que el oficio pedía otra cosa: prepararse antes de recibir al cliente, asesorarlo durante la compra y hacerle un seguimiento después.
Rodolfo describió esos primeros años como una etapa de audacia, en la que se largaron a emprender sin dominar todas las particularidades del negocio. El aprendizaje se volvió una condición para sobrevivir en el mercado.
El respaldo de otros colegas fue clave. Rodolfo destacó especialmente a Eduardo Salerno, por sus conocimientos de relojería, y a otros comerciantes que les abrieron la puerta a proveedores. En un rubro pequeño, esas recomendaciones resultaron fundamentales para acceder a mercadería y armar relaciones comerciales.
La joyería, además, exige una mirada entrenada. No basta con conocer los productos por encima: hay que distinguir materiales, reconocer la calidad de una pieza e identificar sus características. Aunque hoy internet ofrece información y contenidos especializados, Rodolfo sostuvo que la experiencia cotidiana sigue siendo indispensable.
Una empresa que se crió con las cuatro hermanas adentro
Para Cintia, el crecimiento de Jade está entrelazado con la historia de su familia. Son cuatro hermanas y todas participaron del negocio desde jóvenes, en una dinámica donde el trabajo era parte de la vida diaria.
La madre tuvo un rol central en la atención comercial: les enseñó a vender y a moverse del otro lado del mostrador. Rodolfo, en paralelo, profundizó sus conocimientos técnicos y se capacitó en relojería y joyería. Durante años hizo jornadas extensas, incluso de madrugada, para completar encargos y tareas para terceros que ayudaran a sostener la economía familiar.
“Papá trabajaba por lo menos 18 horas por día”, contó Cintia al recordar aquellos tiempos. El esfuerzo no terminaba en el local: las hermanas trabajaban los sábados y buscaban alternativas para cubrir algunos gastos personales. El negocio se convirtió, así, en una escuela de vida, con responsabilidades compartidas y anécdotas que hoy forman parte de la historia familiar.
Rodolfo consideró acertado haber incorporado a sus hijas al trabajo durante la adolescencia. Las cuatro cursaron la escuela secundaria mientras colaboraban en la empresa, una experiencia que, según explicó, les permitió entender el valor del dinero y el esfuerzo necesario para conseguirlo.
Esa forma de educar pasó a la generación siguiente. Cintia contó que, cuando trabajaba en otra actividad, su hija mayor la acompañaba en el cochecito hasta el negocio y creció detrás del mostrador. Para ella, mostrarles a los hijos cómo se trabaja y cómo se atiende a las personas es una manera de transmitir responsabilidad, disciplina y compromiso.
Vender no es solo mostrar un producto
Uno de los puntos que Rodolfo subrayó fue la importancia de entender qué necesita cada cliente. En una joyería, la venta empieza mucho antes de elegir una pieza: hay que preguntar, escuchar y conocer el motivo de la compra.
Un reloj, por ejemplo, puede ser para uso diario o para una ocasión especial. Saber quién lo va a usar, en qué circunstancias y con qué finalidad permite orientar mejor la elección. La tarea del vendedor no es ofrecer el producto más caro, sino encontrar una opción que responda a las necesidades de la persona.
Cintia señaló que uno de los momentos más complejos aparece cuando alguien llega a buscar un regalo sin tener claro qué quiere comprar. En esos casos, vender cualquier artículo puede resultar más sencillo, pero no necesariamente es la mejor decisión para quien confía en el asesoramiento del comercio.
Rodolfo planteó que esa responsabilidad implica, a veces, recomendar una alternativa más económica o advertir que un producto no es adecuado para el destinatario. Mencionó el caso de una abuela que quiere comprar un reloj costoso para un niño de diez años: aunque pueda pagarlo, corresponde explicarle si el objeto es apropiado para la edad y el uso que tendrá.
“Lo más difícil de la venta es aprender a hablar con el cliente, conectarse y ver por qué entró, qué es lo que necesita”, resumió. Para él, la confianza se construye cuando el comerciante prioriza las necesidades del comprador por encima de su interés inmediato.
Esa relación también rinde a largo plazo. Una persona quizás no concrete una compra en su primera visita, pero si recibió una buena orientación, es probable que vuelva cuando necesite otro producto.
El desafío de transmitir el oficio
Formar a nuevos empleados es otro de los retos de la empresa. Rodolfo explicó que aprender las características técnicas de la joyería requiere estudio y práctica, pero también habilidades de comunicación. Saber escuchar, formular preguntas y explicar con claridad son herramientas esenciales para atender al público.
Cintia contó que suelen entregar material con información técnica para que quienes ingresan al negocio estudien y puedan resolver las consultas de los clientes. Sin embargo, reconoció que lograr que los nuevos integrantes incorporen esos conocimientos y los apliquen en la atención diaria puede ser difícil.
Ambos coincidieron en que la experiencia no se adquiere de un día para otro. Se construye observando, preguntando, practicando y aprendiendo de los errores. También destacaron el valor de la lectura y de la formación académica para enriquecer el vocabulario y mejorar la capacidad de comunicarse.
A más de tres décadas, Jade mantiene una historia atravesada por el trabajo compartido y la experiencia acumulada. Para Rodolfo y Cintia, el recorrido de la empresa no se explica solamente por la mercadería que ofrece o por sus sucursales, sino por el aprendizaje cotidiano y los vínculos construidos con quienes se acercan a comprar. Una historia familiar que encontró en la atención personalizada una de las claves para sostenerse en el tiempo.