Vendió el departamento en Caseros y armó su casa en las sierras: adentro, un taller que no esperaba
Un terreno seco, madera de pallets y un taller que terminó siendo su oficio: así armó Tato su casa de 110 m2 en las sierras de San Luis, después de vender el departamento en Caseros.
Tato tenía 55 años, un departamento de 85 metros cuadrados en Caseros y una rutina que lo estaba desgastando. Vendió todo, se fue con Sonia a Villa Larca y hoy vive en una casa de 110 metros cuadrados que levantó, en buena parte, con sus propias manos.
El destino fue una localidad de San Luis sobre la Ruta de los Comechingones. Allí la pareja compró un terreno de más de 1000 metros cuadrados, a un kilómetro y medio del pueblo, que estaba seco y casi sin vegetación. Con el correr de los meses lo convirtieron en un espacio verde con huerta orgánica y árboles.
Cómo se construyó la casa
La vivienda no la hicieron solos de punta a punta. Contrataron personal para la estructura principal y el techo, pero el resto quedó en sus manos: plomería, instalación eléctrica, pintura y revestimientos con placas OSB. Así avanzaron sin depender de un trabajador para cada etapa.
El material estrella fue la madera de pallets. Tato la recupera, la acondiciona y la vuelve a poner en circulación para fabricar barras, estantes flotantes, lámparas rústicas y muebles con los que equipó los ambientes. Con el tiempo se convirtió en carpintero autodidacta y montó un taller equipado dentro de la propiedad.
Un baño con piedra, una oficina con vista y salamandra con horno
La casa se pensó para que comodidad y aprovechamiento de recursos convivan. Tiene un dormitorio principal, el taller y una oficina en el primer piso con vista a las sierras. El baño se destaca por una decoración artesanal con piedra y doble bacha.
Para el frío instalaron una salamandra multifunción con horno integrado. No solo calefacciona: también resuelve parte de las necesidades de la cocina. Cada terminación deja ver el trabajo manual de la pareja durante la obra.
De Caseros a la montaña
Antes de la mudanza, Tato vivía en Caseros, partido de Tres de Febrero. El estrés urbano, la presión económica, el consumismo y la inestabilidad laboral lo empujaron a replantearse todo. A los 55 años tomó la decisión: vender el departamento y partir con Sonia a las sierras puntanas.
No tenía experiencia en la vida rural. Para sostenerse, primero trabajó en una avícola de Papagayos y después sumó oficios: electricista domiciliario, técnico en refrigeración, reparador de consolas y carpintero autodidacta.
El terreno también cambió. Con compost casero, un sistema de riego planificado y forestación, la parcela árida se transformó en una huerta orgánica que da calabazas, tomates, pepinos, melones y sandías. Además plantaron álamos, fresnos y sauces.
La vida en la montaña no es sencilla: exige esfuerzo físico y adaptación. Aun así, Tato asegura que el cambio le bajó el consumo y le devolvió la tranquilidad. Su filosofía cabe en una frase: “Aprendés a vivir con mucho menos”.