Viaja desde Buenos Aires para traer a su papá, pero lo que hace en Salta nadie lo esperaba
Lo que empezó como un viaje para acompañar a su papá terminó convirtiéndose en una tarea que la lleva directo a la rotonda de acceso a Salta. Cada año, esta mujer maneja más de 1.500 kilómetros y se suma a un operativo con 28 voluntarios. Lo que descubrió al ver llegar a los peregrinos la cambió para siempre.
Una mujer recorre cada año los más de 1.500 kilómetros que separan Buenos Aires de Salta para cumplir una promesa familiar: traer a su padre a la fiesta del Milagro. Lo que comenzó como una tradición heredada de su madre y su abuela se transformó en una misión solidaria que la lleva directo a la rotonda de acceso a la ciudad, donde ayuda a los peregrinos que llegan agotados.
"Antes venía con mi mamá, pero ella falleció y entonces agarré y dije 'lo voy a empezar a llevar yo', por lo que todos los años vengo, lo traigo y de paso voy a colaborar", contó a Radio LUP Salta. La mujer mantiene así una costumbre que en su familia se remonta a varias generaciones.
Una herencia que se sostiene en el tiempo
El arraigo de la festividad en su historia familiar es profundo. "Mi abuela tenía 91 años y hasta los 85 venía a la procesión, mientras que mi mamá vino por última vez a los 83, así que ahora nos toca a los seis hijos traer a mi papá", detalló. La continuidad generacional convirtió a esta familia en un eslabón más de la cadena de devotos que año tras año se suman a la celebración.
Pero su participación no termina en el viaje. La familia se traslada hasta la zona de acceso a la ciudad para brindar contención física y sanitaria a las delegaciones que completan su travesía por las rutas salteñas. "Nos vamos donde están esperando a los peregrinos, ahí a la rotonda, donde la hija de ella participa en una fundación con 28 voluntarios para lavar los pies y ayudar, es algo hermoso", expresaron.
El impacto de ver llegar a los caminantes
La llegada masiva de los contingentes a la Catedral Basílica marcó un antes y un después en su vivencia personal de la fe. "Yo realmente no era tan devota, pero al ver la cantidad de gente que viene en los colectivos no lo podía creer, me emociona mucho la verdad", concluyó la feligresa.
Su testimonio se suma a los que, en las vísperas de la fiesta central del Milagro, reflejan cómo la devoción por el patrono salteño moviliza a familias enteras desde distintos puntos del país.