Viajó a Asunción con su nieto en brazos para alentar a dos apellidos que son historia del hockey
Hay familias que no eligen el hockey: lo heredan. Ana Laura viajó a Asunción con su nieto de un año en brazos para alentar a su hijo y a su sobrino en el Mundial. Lo que encontró en la tribuna la dejó sin palabras.
En el COP Arena de Asunción, mientras la Selección Argentina Senior masculina hacía su debut mundialista frente a Francia, Ana Laura Velázquez encontró en la tribuna la forma de resumir una vida entera dedicada al hockey sobre patines: alentar a su hijo Danilo Rampulla, acompañar a su sobrino Juan Cruz “Cacu” Velázquez y sostener en brazos a su nieto Bernardo, de apenas un año y un mes.
La enviada especial de Canal 13 San Juan, Sol Manzano, dialogó con ella durante el entretiempo de ese primer partido, cuando los franceses ganaban transitoriamente por 2 a 1. Ana Laura no escondía los nervios, aunque confiaba en la capacidad del equipo para revertir el marcador.
“Ahora, muy nerviosa. Vamos un gol abajo, pero es el primer partido. Juegan un montón de factores en contra, pero tienen un equipo como para poder remontar cualquier cosa”, expresó, con la ilusión intacta de ver a la Albiceleste pelear por la Copa.
Pero detrás de la preocupación por el resultado había una historia mucho más grande. Ana Laura pertenece a una familia que hizo del hockey una parte fundamental de su identidad. Es hermana de Panchito Velázquez, hija del recordado “Mono” Velázquez, madre de Danilo Rampulla Velázquez y tía de Juan Cruz “Cacu” Velázquez. Ella misma también jugó al hockey sobre patines.
Y el Mundial le regaló una postal especial: Bernardo, su nieto, descansaba en sus brazos mientras su papá, Danilo Rampulla, defendía los colores argentinos en la pista.
Un nieto en brazos y dos camisetas en la familia
Bernardo es hijo de Danilo Rampulla, uno de los históricos integrantes de la Selección Argentina Senior masculina. Para Ana Laura, compartir el Mundial con el pequeño tiene un significado especial, porque durante las vacaciones pudieron pasar más tiempo juntos.
“Este es mi nieto, Bernardo, tiene un año y un mes. Hemos tenido la satisfacción de poder compartir más tiempo con él, porque ha estado en las vacaciones”, contó durante la entrevista.
La familia también disfrutó de la compañía de la pareja de Danilo, de nacionalidad portuguesa, quien viajó a Paraguay dos semanas antes del comienzo del Mundial para compartir unos días con ellos.
La escena tenía algo de esas pequeñas grandes cosas que deja el deporte: mientras Argentina buscaba afirmarse en la competencia internacional, una abuela sostenía a su nieto y acompañaba desde afuera a quienes forman parte de su historia.
El orgullo de verlos juntos
La emoción de Ana Laura no se explica solamente por Danilo. Del otro lado de la familia también está el arquero “Cacu” Velázquez, su sobrino, hijo del “Mono”, que comparte plantel con Rampulla en la Selección Argentina.
“Pensaba en mi papá, que no está, pero que nos acompaña. La verdad que es hermoso verlo al Cacu, verlo con Danilo. Están en la misma habitación desde el día uno que Cacu se sumó a la Selección. Me emociona muchísimo”, confesó.
En esas palabras apareció el recuerdo de quienes abrieron el camino y el orgullo de ver cómo la pasión continúa en las nuevas generaciones. Para ella, observar a los dos juntos en una concentración mundialista representa mucho más que una coincidencia: es la continuidad de una historia que comenzó mucho antes de Asunción.
La familia emprendió el viaje el sábado 10 de octubre. Desde San Juan volaron a Buenos Aires y luego continuaron rumbo a Paraguay. Ana Laura llegó acompañada por su pareja, su hijo menor, Bautista, su nuera y el pequeño Bernardo. También se sumó su madre, que hacía tiempo no viajaba y que tiene a sus dos nietos como ahijados.
Una pasión que no conoce generaciones
El apellido Velázquez tiene un peso propio en la historia del hockey sanjuanino y argentino. Panchito, el Mono y ahora Cacu forman parte de un recorrido familiar que también se enlaza con los Rampulla a través de Danilo.
Para Ana Laura, seguir acompañando ese camino es una alegría que compensa los viajes, los nervios y la distancia. “Es maravilloso poder seguir acá”, resumió, al recordar el esfuerzo que implica sostener una pasión durante tantos años.
En Asunción, el Mundial se juega por medallas, resultados y sueños deportivos. Pero en las tribunas también se escriben otras historias: las de quienes viajaron miles de kilómetros para alentar a los suyos, las de los abuelos que transmiten recuerdos y las de los chicos que crecen viendo a sus familias vivir el deporte.
Con Bernardo en brazos y dos integrantes de su familia sobre la pista, Ana Laura Velázquez encontró en el Mundial una imagen que vale mucho más que un resultado. Porque para los Velázquez y los Rampulla, el hockey no es solamente un deporte: es una herencia que pasa de generación en generación y una pasión que los sigue manteniendo unidos.