Viajó a Malvinas 44 años después y llevó una bandera que dio la vuelta al mundo

¿Qué encontró Myriam Gramisci en el Cementerio de Darwin después de 44 años sin respuestas? El viaje que su familia esperó desde 1982 y la bandera que viajó hasta las islas.

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Viajó a Malvinas 44 años después y llevó una bandera que dio la vuelta al mundo
Viajó a Malvinas 44 años después y llevó una bandera que dio la vuelta al mundo

Myriam Gramisci tenía 14 años cuando su hermano Donato partió a la guerra y nunca más lo volvió a ver. Cuatro décadas después, viajó por primera vez a las islas, llegó hasta la tumba en el Cementerio de Darwin y cumplió una promesa que su familia arrastraba desde 1982.

La semana pasada, Myriam integró un grupo de veteranos y familiares de caídos que viajó a Malvinas. No fue sola: llevó una bandera que le entregaron la Agrupación 2 de Abril de Avellaneda y el Museo Municipal Malvinas. Es una réplica de la que la Selección Argentina mostró tras el partido ante Inglaterra en el Mundial 2026, con la frase “Las Malvinas son argentinas”.

En diálogo con LU12 AM680 de Río Gallegos, contó los detalles del viaje y repasó la historia de su hermano, Donato Manuel Gramisci, nacido el 25 de julio de 1962 en Capital Federal, hijo de Leonardo Roque y Rolindes Martins. Soldado conscripto del Regimiento de Infantería Mecanizado 7 de La Plata, murió en el combate de Monte Longdon, en la noche del 11 al 12 de junio de 1982. Sus restos fueron identificados años después y descansan en el Cementerio de Darwin, sector B, fila 5, cruz 6.

“Estaba pendiente desde el día cero, pero es difícil”, resumió Myriam. La bandera que llevó pertenecía a los amigos de su hermano en Avellaneda, que se la confiaron para que la hiciera llegar a las islas.

Los años sin respuestas

La vida de Donato había sido dura desde chico. Dejó la escuela, trabajó desde niño y pasó parte de su infancia y adolescencia viviendo con distintos familiares. Tenía un plan para cuando terminara el servicio militar: trabajar y ayudar a su hermana mayor y a su sobrina. “Siempre dijo que su proyecto era volver, salir del servicio militar, trabajar para comprarle una casa a nuestra hermana mayor que tenía una nena, para ella y para la nena”, recordó Myriam.

Cuando empezó la guerra, la familia no tenía información sobre su destino. Myriam contó que su hermano la pasaba mal en el servicio y que incluso había desertado temporalmente antes de ser encontrado y devuelto al regimiento. “Él era clase ’62, pero la estaba pasando muy mal. Salía poco porque vivía castigado”, dijo.

Tras abandonar el servicio, estuvo escondido un tiempo hasta que lo encontraron y lo llevaron de nuevo al Regimiento 7. Desde ahí partió a Malvinas y llegó a las islas el 14 de abril de 1982. La familia se enteró varias semanas después: “Nos enteramos mucho tiempo después por un amigo de él. Pensábamos que seguía escondido en algún lugar”.

Durante años tampoco supieron cómo había muerto. En 2016 se encontró con Sergio Delgado, compañero de pozo de Donato, que le relató lo ocurrido en el combate. Poco antes de viajar conoció además a Félix Álvarez, otro soldado que aportó detalles de esos últimos momentos.

Según le contaron, Donato murió intentando proteger a Sergio, herido por una granada. “Él prácticamente dio la vida por su amigo Sergio porque los ingleses tiraron una granada que le lastimó la pierna. Sergio lloraba del dolor y mi hermano, para contenerlo, para calmarlo, se subió arriba de él y lo abrazó. En ese momento, llegó un inglés y lo mató con un sable-bayoneta”, contó con la voz quebrada.

Para Myriam, conocer esa historia cambió su manera de mirar la vida y la muerte de su hermano. “No soy una argentina más, soy una argentina que lleva el apellido de un héroe de Malvinas, de alguien que dio la vida por la patria, que dio la vida por un amigo. Imaginate qué persona resultó ser mi hermano”, expresó.

El abrazo pendiente en Darwin

El viaje significó el primer contacto físico con el lugar donde descansan los restos de Donato. “Desde enero de 1982, es la primera vez que yo tengo un contacto con él, con su tumba, lamentablemente. Pero bueno, gracias a Dios lo pude hacer”, señaló.

La emoción arrancó antes de pisar las islas. Desde la ventanilla del avión vio el territorio que durante 44 años marcó la historia de su familia. “Se me caían las lágrimas, pero no quería condicionar a mis compañeros a que se pusieran tristes también. Entonces me puse los lentes de sol y me quedé así apoyadita”, relató.

Había imaginado un gesto para el primer momento en tierra: “Mi idea era bajar del avión y pisar el suelo de Malvinas y agacharme y darle un beso al piso. Pero estábamos tan controlados, había tantos militares por todos lados, todos mirándonos con perros, que me dio miedo”. Decidió guardar ese beso para Monte Longdon o para el cementerio.

El momento más emotivo llegó en el Cementerio de Darwin, frente a la cruz blanca con el nombre de su hermano. Se sentó y dejó salir todo lo que había contenido durante décadas. “Lo primero que hice fue pedirle perdón por no haber ido antes. Le hablé, le dije lo que pude, lloré un montón”.

“Yo en todos estos años no lloré mucho porque tuve que ser la fuerte de la familia”, contó. Frente a la tumba se mezclaron el dolor, la tristeza y el orgullo: “El viento, la nieve, la desolación… se me juntaron muchas cosas. Pero te puedo decir que a pesar de todo lo feo y triste que sentí, me ganó el orgullo”.

La identificación de los restos se produjo recién en 2018. Saber dónde estaba enterrado le permitió cerrar un capítulo, aunque el viaje abrió otra necesidad: “Quiero volver”, afirmó. Y pidió más facilidades para que familiares y veteranos puedan visitar el Cementerio de Darwin: “Tendría que haber menos trabas y tendría que ser más fácil. El gobierno, los municipios, el Estado tendría que estar más presente”.

“Que esto no se pierda”

Para Myriam, la memoria de Malvinas no puede quedar limitada al 2 de abril. Destacó el trabajo de veteranos y familiares en escuelas y espacios comunitarios para transmitir sus experiencias a las nuevas generaciones, y el impacto que tuvo la bandera que llevó la Selección en el Mundial 2026, cuya réplica llegó hasta las islas. Para ella, ese vínculo entre fútbol y memoria devolvió el tema al centro de la conversación pública.

“Nosotros como familiares o los veteranos estamos haciendo lo nuestro. Ahora falta la parte gubernamental”, afirmó. Y dejó un pedido para que la historia de los caídos y los veteranos siga transmitiéndose cuando las actuales generaciones ya no estén: “Los padres ya quedan muy poquitos, los hermanos ya estamos en una edad que también en breve vamos a partir. Quedan nuestros hijos, los hijos de los veteranos. Entonces que esto no se pierda”, concluyó.

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