Victoria Montenegro pasó por Oberá y habló de un tiempo que la interpela: "La batalla es cultural"
Una de las nietas restituidas por Abuelas de Plaza de Mayo pasó por Oberá y se sentó a charlar con chicos de escuelas primarias. Lo que una nena le dijo al oído la dejó pensando en la semilla que, cree, se planta cada vez que está cerca de ellos.
La nieta restituida por Abuelas de Plaza de Mayo participó del Festival Internacional de Cine Oberá en Cortos, donde compartió una actividad con chicos de escuelas primarias y presentó su libro Hasta ser Victoria. En diálogo con El Territorio, cuestionó el retiro del Estado de las políticas culturales y educativas y advirtió por el avance de los discursos de odio.
Victoria Montenegro tiene una historia que la antecede y que la define. Fue apropiada durante la última dictadura militar y recuperó su identidad gracias a la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo. Este paso por Oberá la encontró en un rol doble: el de militante de derechos humanos y el de narradora de su propia vida.
Una proyección que abrió preguntas
En el Cine Teatro de Oberá, Montenegro compartió una actividad con alumnos de escuelas primarias. Allí se proyectó el cortometraje Así soy yo, producido por el canal Pakapaka, que repasa su historia. Después de la función, los chicos preguntaron. Y las preguntas, cuenta, derivaron en temas que tienen que ver con los afectos, el cuidado y la identidad.
"Lo que surge es la espontaneidad, la frescura", dice Montenegro sobre ese intercambio. Recuerda una escena mínima: después de la charla se sentó entre un grupo de nenas y una de ellas se dio vuelta y le dijo: "Vos me caés bien". Para la militante, eso es lo más genuino. Y la deja pensando en la semilla que, cree, se planta cada vez que está cerca de chicos.
El Estado, la cultura y una batalla que no se detiene
A partir de esa experiencia, Montenegro apuntó contra el retiro del Estado de las políticas culturales y educativas. Destacó la responsabilidad que asumieron señales como Pakapaka y Encuentro en la transmisión de la historia. En su mirada, esos contenidos "ofrecen herramientas didácticas para comprender la importancia de la democracia y respetar a quienes piensan distinto". En contrapartida, sostiene que "los discursos de odio debilitan esos aprendizajes".
"La verdad que el Estado se ha retirado de todo lo que tiene que ver con la cultura, que es fundamental, porque siempre la batalla es cultural", le dijo a El Territorio. Para ella, esa batalla sirve para que no se repitan esas historias, para entender la importancia de la democracia y para aceptar y respetar a quien piensa distinto.
En ese marco, advirtió sobre el rol de las redes, los celulares y los discursos de odio, que —según su lectura— vienen a anular el tiempo de formación y de enseñanza, todo el trabajo que había detrás de Pakapaka y del canal Encuentro.
"Generar comunidad sigue siendo la forma de resistir"
Durante estos días en el Festival apareció con fuerza la palabra "resistencia". Consultado sobre qué significa sostener espacios culturales en este momento, Montenegro habló de "un tiempo de resistencia, mucha crueldad, mucha deshumanización, mucha puesta en valor de esa crueldad".
Fue más allá: "No estamos en un tiempo solo de negacionismo, hay una reivindicación del accionar de la dictadura que, en definitiva, es reivindicar la violencia y la posibilidad de anular a aquel que piensa distinto". Y se preguntó cuántas veces hoy se anula a una persona por ser militante, por formar parte de un sindicato, por pensar distinto, por su sexualidad, por su edad o por una discapacidad.
Frente a ese escenario, la construcción de comunidad ocupa un lugar central. "Hoy realmente el odio ha logrado penetrar, no solo en la Argentina, sino en el mundo, a estos niveles de la sociedad. Y esto de generar comunidad sigue siendo la forma de resistir", afirmó.
El rol de las infancias y la memoria
Montenegro también se detuvo en el papel de los chicos y los jóvenes en la defensa de la memoria. Pensó en las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, "que ya quedan pocas", y en el rol que van a tener las infancias y la juventud en la defensa de una historia que no puede ser olvidada.
"Es una gran responsabilidad sintetizar la historia, traérsela a este tiempo para que ellos la conozcan y no se repita", dijo sobre el trabajo de acercar el pasado a los más chicos con contenidos pensados para sus edades. Y valoró el interés que mostraron: "algo queda en ellos para que este proceso nuestro de memoria les permita ser personas que defiendan los derechos humanos".
Oberá en Cortos, una ciudad que sostiene
Montenegro ya conocía el festival. "Es muy reconocido. Sé del trabajo que han tenido, del que continuamente hacen, y poder estar para mí es muy importante", contó. Y marcó un contraste con la Ciudad de Buenos Aires, donde —dice— "la cultura popular ya casi no existe, porque está siendo perseguida y coartada, siendo una ciudad que tiene muchos recursos y los pone en la represión".
En ese contexto, ver que en Oberá, "seguramente con muchas más dificultades económicas, se sigue defendiendo esto nos da mucha esperanza, muchísima esperanza". Para ella, cada encuentro cultural alimenta y fortalece: "Compartirlo nos parece hermoso y, en todo encuentro cultural, siempre uno se alimenta y sale fortalecido".
Hasta ser Victoria, el libro de una restitución
En su paso por el festival, Montenegro también presentó Hasta ser Victoria, el libro donde relata en primera persona el proceso de restitución de su identidad. "Se llama así porque ahí cuento lo que es el proceso de restitución, las complejidades", explicó.
El objetivo, dice, es que "si alguien tiene dudas sobre su identidad o piensa que no fue tan así la dictadura, pueda ver de qué se trata aquella historia". Y agrega: "cómo, a pesar de tanto dolor, muchas personas decidimos convertir nuestra vida en algo distinto e intentar ayudar a quienes sufren, fortalecer a quienes están siendo víctimas de otras situaciones de dolor y ver cómo entre todos podemos salir adelante".
Quién es Victoria Montenegro
Victoria Montenegro Torres fue una de los 500 bebés que la dictadura hizo desaparecer, la mayor parte de los cuales continúan desaparecidos. Ella, al igual que otros 130 niñas y niños, pudo recuperar su identidad luego de un largo y doloroso proceso.
El 13 de febrero de 1976, un grupo de tareas comandado por el coronel Herman Antonio Tetzlaff irrumpió en su casa, en la localidad de William Morris, provincia de Buenos Aires, y la secuestró con apenas trece días de vida, junto a sus padres Roque Orlando Montenegro e Hilda Ramona Torres. Desde ese momento, los tres pasaron a engrosar la lista de desaparecidos.
Tetzlaff se apropió de esa bebé y la educó según la ideología que sostenía al Terrorismo de Estado como una forma de vida. Así, Victoria pasó a vivir escondida tras la identidad de María Sol, custodiada por el victimario de sus padres. Gracias a la larga lucha de Abuelas de Plaza de Mayo, que comenzó en 1984, logró recuperar su identidad y reencontrarse con su familia en 2001. Desde entonces se convirtió en una militante por los derechos humanos.
