Villa San Martín formó un equipo que ya está entre los cuatro mejores del país
¿Cómo hizo el Minibásquet de Villa San Martín para meter a su equipo U11 entre los cuatro mejores del país? Los entrenadores contaron el método que aplican desde la escuelita y la frase que repiten para que los chicos no se queden pegados al resultado.
El Minibásquet de Villa San Martín vive un 2026 a pura actividad: entrenamientos, encuentros, viajes, campamentos y competencias con cientos de chicos como protagonistas. Detrás de cada partido hay un proyecto que mezcla formación deportiva, educación física, acompañamiento familiar y, sobre todo, la construcción de un fuerte sentido de pertenencia hacia el club.
El staff lo integran el coordinador y profesor histórico César Puljiz junto a Walter Colo Bravo, Nicolás Simón, Juan Chávez y Facundo Kucseva. Cada uno aporta desde su lugar, pero comparten una misma premisa: formar a los chicos de manera integral y que disfruten del deporte.
Un equipo que se metió entre los mejores del país
Uno de los puntos altos de la temporada es el equipo U11, que se ubica entre los cuatro mejores del país. Bravo explicó que se trata de un proceso que arrancó varios años atrás y que fue sumando entrenadores. «Se armó un equipo con chicos que vienen trabajando en el club, que vienen jugando hace mucho tiempo. Es un trabajo a largo plazo que comúnmente suele hacer el club», señaló, y remarcó la continuidad del proceso iniciado por entrenadores que pasaron por la institución.
Para Simón, la planificación es una de las claves. Existe un proyecto anual que se divide en secuencias didácticas adaptadas a cada grupo y a las necesidades de los chicos. «En cada uno en particular se trabaja un contenido diferente, de acuerdo con cada grupo», explicó sobre la organización de las distintas divisiones del Minibásquet.
La familia, una pieza fundamental
El proyecto no se limita a la cancha. La participación de las familias ocupa un lugar central, tanto para acompañar a los chicos como para hacer posibles las actividades del año. «Tenemos una filosofía y un proyecto muy bien estructurado a nivel deportivo, pero no solamente en el básquet o en el Minibásquet se trabaja el deporte, sino que nosotros buscamos la formación integral de nuestros chicos», sostuvo Simón.
Viajes, encuentros, donaciones y celebraciones arman una agenda que exige el acompañamiento permanente de los padres. En ese marco, Facundo Pingüi Kucseva destacó que la relación con las familias se construye desde el respeto y la colaboración.
Primero formar, después competir
En las categorías más pequeñas, el objetivo apunta al desarrollo motor y a las experiencias que los niños atraviesan dentro del club. Juan Juanchi Chávez explicó que, a esas edades, el trabajo se acerca más a la educación física que al rendimiento deportivo. «Buscamos aumentar el desarrollo motor del chico, las capacidades condicionales y coordinativas, la motricidad gruesa, la motricidad fina y el trabajo óculo-manual», detalló.
Para Chávez, limitar el trabajo exclusivamente al básquet reduciría las posibilidades de desarrollo de los niños. Por eso el juego y las experiencias motrices ocupan un lugar fundamental dentro de la metodología.
El U11 y una experiencia para disfrutar
El presente competitivo del U11 es consecuencia del trabajo sostenido durante años. El equipo afronta una instancia decisiva ante rivales como Regatas de Corrientes, Oberá Tenis Club y San Martín de Corrientes. Para los entrenadores, estar entre los mejores del país no cambia la prioridad: que los chicos disfruten.
Kucseva contó que, antes de arrancar la competencia, el cuerpo técnico puso especial énfasis en consolidar el grupo. Un campamento, un fogón y distintas actividades ayudaron a fortalecer los vínculos entre los jugadores. «Hay un sentido de pertenencia entre ellos y un espíritu de equipo que también hace que lleguen hasta donde están», explicó.
También destacó el vínculo cotidiano entre los profesores y los chicos: «Siempre que llegan al club recibimos un abrazo, les decimos qué les pasa, qué sienten, cómo fue en el colegio hoy, y tratamos de entrar en esa para hacerlos sentir bien».
Competir sin perder de vista al niño
El rendimiento del U11 no implica una exigencia de resultados. Al contrario, los entrenadores buscan que los chicos aprendan a convivir con la competencia sin quedar condicionados por ella. «No hay ningún tipo de obligación ante resultados. Desde el primer día les decimos que el resultado no importa, en la cancha, primero de todo, a divertirse y que salgan del partido con una sonrisa», afirmó Kucseva.
En la misma línea, Bravo explicó que el equipo intenta transformar cada partido en una instancia de aprendizaje. «Nosotros, como decimos, es una escuela de básquet. Uno a la escuela va, aprende, se esfuerza, estudia durante un período y después tiene un examen. Nosotros hacemos lo mismo: ponemos el mayor esfuerzo posible en las prácticas y el día del partido es una evaluación», sostuvo.
El entrenador también remarcó la importancia de acompañar a los chicos cuando las cosas no salen como esperan. «¿Cuál es la pelota más importante? La que sigue», es una de las frases que usan para enseñarles a dejar atrás el error y concentrarse en la próxima acción.
La agenda, con viajes y campamento
El calendario del Minibásquet incluye viajes y encuentros durante prácticamente todo el año. Simón contó que la planificación contempla, como mínimo, un viaje mensual. Sáenz Peña, Reconquista y Misiones aparecen dentro de la agenda, mientras que también está previsto un campamento en noviembre.
En una de esas experiencias, el U11 participó de un torneo en Misiones y se quedó con el campeonato. La organización obliga, además, a adaptar permanentemente el trabajo a la disponibilidad de los entrenadores y a las competencias de las distintas categorías. «Tenemos un proyecto donde ya tenemos planificado cómo es la organización de los chicos y los viajes que vamos a hacer a lo largo del año», explicó Chávez.
La escuelita, donde arranca todo
Para Kucseva, el crecimiento del Minibásquet comienza mucho antes de llegar a las categorías competitivas. La escuelita es una pieza fundamental para construir el vínculo inicial entre el niño y el club. El entrenador puso en valor el trabajo de las categorías iniciales y la cantidad de espacios de formación con los que cuenta la institución. «Siempre buscamos el sentido de pertenencia del chico cuando viene al club, hacerlo sentir que está en su casa, abrazarlo, quererlo, entenderlo», resumió.
La idea es que cada niño tenga motivos para volver al club, más allá del resultado de un partido. Medallas, trofeos, pequeños reconocimientos, actividades recreativas y experiencias compartidas forman parte de una estrategia destinada a generar ese primer vínculo.
Un objetivo común: más chicos y más pertenencia
Al pensar en el cierre de 2026, los cuatro entrenadores coincidieron en una misma dirección: quieren ver cada vez más chicos vinculados a Villa San Martín. Kucseva imaginó un cierre de año con una cifra mayor de jugadores y una gran celebración junto a las familias y todo el staff.
Chávez destacó el orgullo que genera ver a los pequeños jugadores acompañando a la Primera División y a las demás categorías: «Nos llena el corazón ver tantos chicos enamorados de Villa». Simón coincidió y puso el acento en la continuidad del vínculo cuando los jugadores dejan una categoría para avanzar a la siguiente. «Nos llena de orgullo y nos llena el corazón ver tantos chicos y que esos chicos quieran ser hinchas de este sentido de pertenencia, algo que más nos llena a nosotros que los resultados», expresó.
Bravo, finalmente, resumió su deseo en mantener unido al grupo: «Para el 30 de diciembre, todavía estemos todos juntos, el equipo y el staff entrenando».
En Villa, el Minibásquet se construye así como mucho más que una etapa previa al básquet competitivo. Es un espacio de aprendizaje, amistad, formación y pertenencia, donde cada entrenamiento busca dejar una enseñanza y cada partido se convierte en una experiencia para crecer.