Violencia en el fútbol infantil: Árbitro agredido anuncia su retiro tras brutal ataque
Un partido infantil terminó con los árbitros golpeados y uno de ellos decidió colgar el silbato para siempre. Lo que comenzó con insultos en la previa escaló a un ataque masivo donde hasta jugadores menores participaron. Enterate por qué nadie salió a separar y la impactante decisión que tomó el juez agredido.
Un partido de divisiones infantiles de la Liga Rosarina terminó en una salvaje golpiza contra los árbitros. Jugadores y padres del Club General Paz de Villa Gobernador Gálvez atacaron a los jueces del encuentro frente a Defensores de Funes, un hecho que llevó a uno de los asistentes a anunciar que abandona la actividad para siempre.
El árbitro asistente Axel Aguirre relató a TN los detalles del violento episodio. “Estoy bien. Me golpearon en toda la cabeza. En las costillas, no sé si patadas o piñas, pero me quedé sin aire”, describió. Aguirre contó que en el momento sintió golpes de todos lados y que la mayoría de los agresores pertenecían al Club General Paz.
¿Cómo se desató el caos?
Aguirre reveló que los incidentes no comenzaron durante el juego, sino mucho antes. Comentó que los hechos de violencia empezaron en la previa del partido, con insultos por parte de integrantes del General Paz. La situación explotó definitivamente a partir de una decisión del árbitro principal, momento en el que él intervino para intentar separar y terminó siendo el blanco de la agresión.
“En el momento sentía golpes de todos lados”, recordó el asistente, marcando el carácter masivo del ataque. Destacó que los únicos que no participaron y, de hecho, lo ayudaron, fueron los integrantes de Defensores de Funes.
Un final anunciado y la soledad del silbato
La consecuencia inmediata de este episodio es la pérdida de un árbitro para el fútbol base. Con contundencia, Axel Aguirre anunció: “Por ahora no salgo más. No puedo seguir así. Ya no voy a dirigir más”.
Pero su testimonio va más allá del hecho puntual y pone el foco en un clima de hostilidad constante. “Algo así no me pasó nunca, pero sí hay insultos de los padres que provocan siempre, que piensan que tienen al mejor jugador adentro y en cada decisión siempre es un problema”, reconoció. Aguirre confesó que había aprendido a hacer “oídos sordos” ante los reclamos permanentes.
Lo más grave, quizás, es la sensación de abandono institucional. El árbitro agredido confirmó que ya realizaron la denuncia correspondiente, pero reveló datos alarmantes: “No hay ningún identificado. Los jugadores eran menores y son los que me pegaron a mí. Tienen 15 o 16 años”.
Además, expresó su desilusión por la falta de contención: “Nadie entró a separar y nadie se solidarizó. No recibimos ni un llamado”. Hasta el momento de su declaración, no había tenido contacto alguno por parte de la Liga Rosarina, entidad organizadora del torneo donde ocurrió el violento episodio.