Violencia escolar en San Juan: la estrategia que proponen los expertos y que va más allá del castigo
¿Sabías que detrás de la violencia escolar hay historias que muchos ignoran? Una psicóloga revela por qué el castigo no alcanza y cuál es la verdadera solución que propone para las aulas sanjuaninas.
La violencia en las aulas se ha convertido en un dolor de cabeza constante para la comunidad educativa de San Juan. Lejos de resolverse con una simple amonestación, los especialistas advierten que se necesita un abordaje profundo y humano. La psicóloga Mariela Serra, en diálogo con el programa "Compacto 13", encendió las alarmas: los chicos no nacen violentos, sino que replican lo que viven fuera de la escuela.
Según Serra, muchos alumnos llegan al aula siendo víctimas de violencia en sus hogares u otros entornos, y terminan transfiriendo esos conflictos a sus compañeros y docentes. "Los chicos suelen ser víctimas en otros espacios de violencia y lo transfieren a la escuela", explicó la profesional. Si la respuesta institucional se limita al castigo, se corre el riesgo de revictimizar al estudiante. Por eso, el desafío es detectar a tiempo el origen de esas conductas y activar intervenciones interdisciplinarias que involucren, sobre todo, a la familia.
El rol de la escuela: más que enseñar
Hoy, las escuelas sanjuaninas no solo cumplen una función pedagógica. Se han transformado en centros de contención emocional para alumnos y familias, una carga que muchas veces desborda a docentes y directivos. En este contexto, el Ministerio de Educación implementa protocolos de prevención y capacitación para los equipos de orientación. Sin embargo, cuando las situaciones son graves, la escuela sola no puede. Se necesita un trabajo en red con otros ministerios y organismos del Estado para activar herramientas específicas en casos de abuso o agresiones físicas graves, garantizando la integridad y los derechos de los menores.
¿Por qué los chicos no pueden controlar sus impulsos?
Uno de los puntos más reveladores de la entrevista fue la explicación sobre la madurez emocional de los niños y adolescentes. Por una cuestión biológica, sus funciones ejecutivas aún no están completamente desarrolladas para gestionar emociones o frenar impulsos. "Necesitan un adulto que sea el que pueda mediar", señaló Serra.
En este camino, el trabajo con los padres es vital, aunque complejo. Muchas familias arrastran historias de crianza difíciles o viven situaciones de violencia intrafamiliar. La escuela y los gabinetes técnicos deben acompañar y ofrecer herramientas de escucha y límites, sin juzgar. Cuando el problema supera lo escolar, es momento de derivar a otros departamentos. "Hay familias que necesitan que estos equipos interdisciplinarios hagan una derivación a salud, a niñez o al área que corresponda", concluyó Serra, apostando a que todos los adultos se involucren para proteger a los más jóvenes.